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¿Dónde hallamos esperanza?, por la Lic. Liliana D. González

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La vida puede ser dolorosa. No debemos asombrarnos ni caer en el desánimo cuando experimentemos sufrimiento. Por lo general, lo primero que pensamos cuando nos sorprenden los problemas es ¿por qué me ha sobrevenido este mal?, ¿qué he hecho para merecerlo? Pero no debemos olvidar las palabras de Jesucristo: «Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he venido al mundo» (Juan 16:33 NTV).

Jesús sufrió dolor físico y emocional con sus ojos llenos de esperanza. Necesitamos esperanza para aguantar ciclos de quimioterapia, citas en la máquina de diálisis, padecimientos degenerativos, accidentes cardiovasculares, paros cardiacos y un sinnúmero de dolencias que abaten el cuerpo y el espíritu.

Creo que si intercambiáramos nuestros problemas con los de otras personas, notaríamos que ellas sufren más que nosotros; nos sentiríamos avergonzados por quejarnos y autocompadecernos, dejaríamos de compararnos con los demás, miraríamos menos hacia dentro y más hacia fuera. Esa es la razón por la que Dios permite el sufrimiento, porque nos transforma el corazón, nos hace más sensible al dolor ajeno y nos mueve a solidarizarnos con aquellos que necesitan ayuda. Un gran ejemplo son las personas que después de sobrevivir a una grave enfermedad se vuelven activistas a favor de la investigación y prevención de dicho padecimiento. 

La buena salud, la prosperidad, la vida sin problemas no nos cambia  el corazón. Empero, ¿cómo nos mantenemos de pie en el sufrimiento? ¿Cómo procesamos el hecho de que no parece haber una salida a nuestra situación? ¿Dónde hallamos esperanza?

La buena noticia es que nuestros dolores son temporales. No durarán para siempre. Y que Dios nos trata con gracia y misericordia. «Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve. Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo» (1 Pedro 1:6-7 NTV).

Dios es la fuente de la esperanza. Él es el gran Yo Soy. En hebreo significa «Yo soy Dios que siempre está allí». Dios está en nuestro pasado, en nuestro presente y en nuestro futuro. Él está con nosotros siempre. Jamás estamos solos. ¡Donde está Dios hay esperanza!

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