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María tiene un plan, por Jorge L. Limeres Gregory

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Puerto Rico está pasando por uno de los peores momentos de su historia. El camino al que nos hemos estado enfrentando es uno de retos constantes. El huracán María solamente agravó nuestra crisis, pero no es la causa primaria de esta. Los huracanes han existido por siglos y nuestro archipiélago, situado en el trópico, está expuesto a eventos meteorológicos de esa naturaleza con más frecuencia que otras regiones del mundo. Puerto Rico sobrevivirá, no hay duda que tomará tiempo, lágrimas y sudor lograrlo.

“No es en la resignación en la que nos afirmamos sino en la rebeldía frente a las injusticias”
Paulo Freire

Pero María es mucho más que esto.

Dice la leyenda que los dioses de la mitología taína cansados y hastiados del abuso constante de invasores a su adorada tierra se sentaron un día en la cima del alto y sagrado Yunque y por mucho tiempo meditaron, examinaron y analizaron las posibles alternativas para revertir los daños causados por los indeseados usurpadores de la antigua nación antillana. El plan inicial era devolver las islas a su estado original aceptando que no podían intervenir directamente con los mortales que ahora habitaban el archipiélago antillano. Dicen que Atabey (creador de los cielos) presentó la idea ante el consejo de deidades, para que fuera Huracán (de fiera naturaleza) y Bagua (deidad de los mares) que tomaran cartas en el asunto. Pero las deidades antillanas no eran injustas ni violentas, decidiendo finalmente apoderar a los mares y los vientos para darle un escarmiento a los que sin compasión alguna ultrajaban a los descendientes de los habitantes originarios. Los dioses antillanos nunca estimaron la magnitud del daño que iban a causar las fuerzas del viento y del agua porque ciertamente no conocían el deterioro de nuestro medio ambiente, ni de las vías públicas, ni de los sistemas de energía eléctrica y comunicaciones, ni de nuestras playas, ni de todo lo existente que estaba en las manos de la mediocridad y la incompetencia gubernamental.

El invasor en su desenfrenada y desmedida ambición de multiplicar su riqueza había destruido bosques, envenenado cuerpos de agua, contaminado el aire, dándose a la poco noble tarea de destruir nuestro hábitat. Los corruptos y necios no se detienen ante el inminente peligro que acecha la destrucción de la humanidad. 

Pero los dioses antillanos sí estaban conscientes de “esos otros” efectos extraordinarios, apenas visibles, que ese fenómeno natural llamado María le iba a legar a nuestra nación.

Para los que ahora habitan el archipiélago antillano fue fácil inicialmente culpar a los vientos y al agua, eventos naturales que por siglos nos han afectado y que cada día son más comunes y predecibles. Pero para los puertorriqueños, a medida que pasaban los días comenzaron un lento proceso de introspección reconociendo las graves condiciones en que se encontraban. Comprendieron que había que asumir la responsabilidad de prepararse mejor, de prever para así evitar lamentos mayores. Percibieron la podredumbre moral que los rodeaba y lo denigrante que era mendigarle al   arrogante y racista colono que nos encadena.

Geomorfólogos y expertos en el tema climático han evidenciado en sus investigaciones que el manejo del medio ambiente por parte de los gobiernos del mundo ha sido negligente y en muchos casos hasta criminal. Estudios científicos evidencian que el factor humano es el principal responsable de estas catástrofes.

El huracán María, quizás producto de mi imaginación, visualizó los celos de Atabey (dios de los cielos) para con su terruño amado, creando a María para que expusiera al desnudo al Puerto Rico en que vivimos y pudiéramos cobrar conciencia. Para que levantáramos las rodillas y sacudirnos del yugo que nos inmoviliza.

Escuché a muchas personas después del huracán, que reconociendo que Puerto Rico ya no iba a ser igual. Puerto Rico dejó de ser el mismo muchas décadas atrás.

Los macharranes, los políticos, los corruptos se multiplicaron prostituyéndose por lucrativas ganancias aun cuando significara el exterminio de nuestra nación. Se vendieron sueños y se explotaron estos para beneficio de un grupo de privilegiados. Se engañó al pueblo con proyectos fraudulentos, incrementándose las deudas, anteponiendo la seguridad y bienestar del país. Hoy estamos en quiebra económica, moral, social y educativa.

Nuestra infraestructura en delicada crisis antes del huracán hoy está hecha añicos. La madre naturaleza se les adelantó a los buitres de Wall Street. Estos últimos siempre al acecho (como aves de rapiña) para terminar de ejecutar a nuestra nación, en contubernio con los embaucadores y gobernantes de turno, máximos defensores de un vergonzoso servilismo.

La debacle que vivimos, fue creada y es responsabilidad de hombres corruptos que actuaron criminalmente en contra de lo puertorriqueño, de ese pueblo humilde que sigue pagando los desmadres de los que siguen viviendo de la explotación isleña.

El problema en Puerto Rico sigue siendo uno político. Si queremos cambios reales tenemos que pensar diferente, no como sugieren las mismas sanguijuelas que han asfixiado a nuestro pueblo por siglos, sino cambios que sean sostenibles por nuestro propio sudor, nuestras propias manos, nuestra propia creatividad.

María en toda su contundencia ha comenzado a desenmascarar las mentiras de políticos corruptos, de esos obscuros personajes dedicados al robo y estafa de nuestro patrimonio. Maria ha puesto al descubierto el rol de extranjeros que vienen y van a nuestro terruño para llenar sus sucios bolsillos.

María con toda su intención le ha puesto el trasero al descubierto a las deudas odiosas, a las juntas dictatoriales, a los falsos educadores, a los traidores locales, a los planes explotadores, en fin, a todas y cada una de las diversas formas de robo.

Sin prejuicios y sin miedos.  

Esa inutilizable condición colonial que nos confunde, tenemos que superarla.

103.5 FM - La Voz Radio

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