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Yo soy tu Dios, por Waldemar Gracia

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“Ay, Dios mío, si a nosotros los pobres nos caen todas las cosas malas de una vez”. Con mucha angustia y desesperación Juanita se lamentaba. No solo había perdido su trabajo, sino que su automóvil se descompuso. A su hijo lo expulsaron de la escuela, y a su esposo lo acusaron de “robar” en su trabajo. Juanita había perdido a su mama hacia dos meses y su papá está muy enfermo debido a su tratamiento de diálisis.

¿Qué más le falta a Juanita? Seguramente ni usted ni nadie quiere estar en sus “zapatos”. Pero según me contó Juanita, ella es una mujer fuerte y de una fe inquebrantable. Debido a sus múltiples responsabilidades en su familia no puede asistir a la iglesia de su preferencia como ella quisiera. Entonces le pregunté: ¿Eres una mujer de oración? Me dijo que no. ¿Lees mucho la Biblia? No mucho, contestó un poco triste pues esperaba que yo la criticara por eso.Le comenté que mi interés era saber cómo ella podía fortalecer su fe sin ir mucho a la iglesia de su preferencia, sin orar ni leer la Biblia.

Poco después durante la conversación, Juanita decidió revelar su secreto. Saco de su cartera una foto, no cualquier foto, sino la foto conocida como la del “Cristo Sufriente”. Me quedé un poco pensativo, y luego de un rato le pregunté como la imagen del “Cristo Sufriente” podía alimentar su fe. “Muy sencillo”, me dijo, “porque este es el Dios de los pobres”.

Juanita procedió a contarme y me explicó que mientras muchos adoran y buscan a un Dios alegre, ella prefiere al “Cristo Sufriente”. Porque la imagen del “Cristo Sufriente” le permite apreciar el sufrimiento de Cristo. Ella contaba que en sus noches de angustia y desvelo esa imagen le permitía recordar la noche que pasó Jesús en el Getsemaní. La sangre que se observa en la foto que baja de la frente de Jesús le hacía sentirse identificada con su dolor y su sufrimiento. “Y eso me da fuerzas para seguir mi lucha”. La soledad del “Cristo Sufriente”, le hace reflexionar en que ella sola, contando solamente con la ayuda de Dios, tendrá que hacerle frente a la vida. Es que solamente los que sufrimos, y vivimos en pobreza de espíritu podemos apreciar y valorar lo que Cristo sufrió. Los que no sufren y padecen necesidad les gusta el Cristo alegre, y no se pueden beneficiar de la bendición que hay en compartir los sufrimientos del “Cristo Sufriente”.

Y así siguió Juanita, haciendo comparaciones y aplicaciones entre la semblanza del “Cristo Sufriente” y su experiencia personal. Como para ponerle broche de oro, Juanita me lee un poema, el cual a modo de oración recita con mucha inspiración. Le pregunté si ella misma lo había escrito, me dijo que no, que este poema lo había sacado de una revista muy antigua. Juanita acepto regalarme el poema para poderlo publicar. El poema dice así:

“YO SOY TU DIOS y estoy cerca de ti: ¿no te basta?  Por tanto, no desees sino aquello que llena mi corazón.

YO SOY TU DIOS y te soy fiel aun cuando te envío alguna cruz, y por más que pese demasiado, recuerda siempre que a tu lado estoy, ¿qué deseas más?    

YO SOY TU DIOS y pienso en ti, y esto desde la eternidad. Tu nombre está escrito profundamente en mi corazón, de tal modo que jamás podré olvidarme de ti.

YO SOY TU DIOS y dirijo todas las cosas únicamente para tu bien; si ahora no lo comprendes, un día lo podrás ver claramente.    

YO SOY TU DIOS y fielmente te amo; conozco perfectamente todo lo que aflige tu corazón, veo con toda claridad todo lo que te contraría. Acepta todo ello con tranquilidad y paz, porque Yo soy el que lo ha dispuesto así; tú persevera, permanéceme fiel a fin de que mi Corazón te recompense.
    YO SOY TU DIOS ¿Estás sola, alma mía? Yo te haré compañía. ¿Nadie tiene una buena palabra para decírtela? Ven a Mí que siempre seré tu consuelo y te compensaré todo lo que en la tierra te he negado.

YO SOY TU DIOS ¿Qué más deseas? ¡Animo! ¡Coraje!  Nada te debe desanimar, porque quien posee mi Corazón, tiene todo lo que puede desear.

Si estás triste, corre a refugiarte en Mí. Si sientes alegría del triunfo ven a regocijarte conmigo. Si experimentas cansancio, échate en mis brazos. Y verás como las sombras se disipan, como las luces crecen, y como las fuerzas se centuplican. El mundo pasa, el tiempo huye, los hombres desaparecen, la muerte te roba todo. Una sola cosa te quedará siempre: TU DIOS.”

Al finalizar, Juanita estaba hecha un mar de llanto, pero me aseguró que luego de nuestra conversación se sentía “lista y preparada” para seguir enfrentando sus problemas, pues el Dios de los pobres, el “Cristo Sufriente”, era su Dios.

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