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El policía de la semana: Policía no dispara a hombre desarmado

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Por Paul Bass

El hombre huyo, a través del tráfico, de la policía hacia la orilla del puente. Estaba fuera de control. Se volteó, sacó de su cintura un objeto negro, apuntó directamente a uno de los agentes.

“Dispárenme!, gritó, ¡dispárenme!

Todo eso pasó en segundos, y ahora, el agente Matt Stevens tenia que tomar una decisión, potencialmente fatal, ¿debía disparar?

En sus siete años en la Policía, nuca había disparado a nadie. Ahora no tenia tiempo para reflexionar. Tenia que guiarse por su instinto. Y su entrenamiento.

De haber disparado, se habría considerado que Stevens ejerció fuerza justificada, dijo su superior, el teniente David Zannelli, administrador del distrito de Fair Haven. A Stevens no le habría pasado nada.

Pero Stevens no apretó el gatillo, terminó magullado e inhabilitado por dos semanas. Pero él, y los dos policías que estaban con él ese día, Zannelli y la agente Jocelyn Lavandier, terminaron por salvar y no ponerle fin a la vida del perturbado hombre de 37 años.

Todo comenzó un lunes de febrero, cuando Lavandier terminaba su turno, de 7 de la mañana a tres de la tarde.

Persecución fracasada

A ella le llamó la atención un hombre estacionado en Eastern, en un Honda plateado. Ella pasó por allí varias veces y cada vez, él se cubría la cabeza con un suéter. Ella decidió pues, detenerse y salir a conversar con el hombre. En ese momento, el hombre se metió en el carro y cuando ella se acercó, despegó a toda velocidad.

Lavandier regresó a su carro y le siguió. Cerca de una milla más lejos, ella cesó de perseguirle, debido a las directivas del departamento, de evitar ese tipo de persecución.

Entretanto, ella comunicó el número de placa del carro mediante el radio de su caro policiaco. Otro agente policial, Francisco Ortiz Jr., escucho el informe y llamó a Lavandier, a quien comunicó el teléfono de la propietaria del vehículo.

Lavandier llamó a la mujer, quien le dijo que su marido manejaba el carro y agrego que él era esquizofrénico paranoide y, además, era maniaco depresivo. Lavandier dio la información por radio.

Corriendo en medio del tráfico

Zannelli estaba a varias cuadras del puente cuando escuchó el informe. Corrió hacía allá, al igual que Matt Stevens. Zanelli llegó primero. Vio al hombre de pie frente a la parte sur del puente. Se detuvo y salió del carro.

¿Cómo está?, le preguntó Zanelli.

¿Por qué me molesta?, respondió el hombre, bajo un estado de agitación.

“Oímos sobre un robo en la carretera. Creo que eran unos chicos en bicicleta, ¿usted no vio nada?, improvisó Zanelli.

El recurso dio inicialmente resultado. El hombre comenzó a calmarse.

Pero entonces llegó Stevens y el hombre se dio cuenta que el asunto era con él y comenzó de nuevo, a alterarse.

Rápidamente salió a correr en medio del tráfico, con Stevens y Zanelli detrás de él.

Suicidarse enfrentando a la policía

Stevens estaba ya bastante cerca del hombre cuando este se detuvo y comenzó a tratar de sacar algo de la cintura.

Stevens le gritó; ¡no lo haga!, ¡no lo haga!, ¡no lo haga!

El hombre no hizo caso y de la cintura sacó un objeto rectangular, de color negro y levantó el brazo.

Por su parte, Stevens sacó su arma.

Fue entonces cuando, tal como relata Zanelli, el hombre le gritó a Stevens que le disparara, un intento de lo que se conoce como “suicidarse enfrentando a la policía”. El hombre apuntó a Stevens con el objeto negro, pero Stevens no quería disparar, aunque tampoco quería que le dispararan.

En el momento en que tenía que decidir si disparaba, Stevens miró atentamente el objeto con el que le apuntaba el hombre y se dio cuenta que era un teléfono celular.

Stevens enfundó su arma y sacó su Taser. Mientras, Zanelli, quien no sabía si el hombre tenía un arma, corría hacia la escena. Pero lo que Zanelli pensaba es que, si el hombre corría en el puente, es porque pensaba saltar, no utilizar un arma.

Ambos agarraron al hombre y comenzaron a luchar con él, quien se defendía con energía.

Lavendier, por su parte, al tiempo que hablaba por teléfono con la esposa del hombre y transmitía la información que recibía a través de la radio de la policía, llegó al lugar de los hechos.

Al llegar, observó la lucha entre los dos policías y el hombre. También, vio parte del cuerpo del hombre. Sacó su Taser y lo apuntó hacia el hombre y disparó.

El hombre gritó, ¡eso duele!

Ella le dijo que pusiera sus manos en la espalda. El hombre siguió luchando. Ella le disparó de nuevo con el Taser.

Eso dio resultado. El hombre cesó de luchar y Stevens lo esposó.

¡Lo siento, lo siento!, dijo repetidamente el hombre a los policías.

Tan de repente como había comenzado, terminó un episodio que pudo haber sido trágico.

Durante las próximas horas, Stevens revivió la escena, una y otra vez, paso a paso. Pero estaba agradecido de que no tuvo que disparar.

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