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Luke Bronin ha hecho su trabajo con un sentido práctico y realista que a muchos no agrada

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Por Javier Rivas-Ortiz

Con atención he leído las críticas que medios de prensa en español e inglés han hecho con respecto a la labor como alcalde del abogado Luke Bronin, llegando a la conclusión de que su labor ha sido difícil porque sus soluciones o intentos de resolver problemas que se han arrastrado por décadas no son materia que se arregle de un día a otro.

Nuestra comunidad ha estado acostumbrada a lo que yo denomino “el síndrome de las tarjetas de crédito,” es decir “pan hoy y hambre mañana,” o también el arte de pedir fiado.

Por otra parte, el derroche, la corrupción y las malas inversiones han creado por décadas un sistema de soluciones a corto plazo que han evitado mirar el cuadro global de una ciudad con problemas.

No había existido en Hartford un sistema de control de los gastos ni una buena fiscalización administrativa.

Buscando un avance y progreso se han llevado a cabo iniciativas positivas en el sentido de mejorar el centro de la ciudad para atraer más inversiones, empleos y atractivos para que una nueva generación se mude a la capital del estado, pero no contamos con suficiente manufactura y creación de negocios.

Recién salidos de la pesadilla política del gobierno de Eddie Pérez donde al igual que en Bridgeport el soborno y a veces la extorsión quisieron imponerse como acciones aceptables aunque son signos de inmoralidad y haciendo un poco de historia; asumió después de la debacle, el gobierno el alcalde Pedro Segarra quien concentró su labor en un programa de hermoseamiento del centro de Hartford derrumbando para comenzar, edificios insalubres y condenados a la demolición desde hacía años.

Esta fue una feliz iniciativa, aunque el gran problema fue el secretismo con el que se trajo a la ciudad la idea de un estadio de béisbol fuertemente impulsada por la familia Solomon.  La idea no era mala, ¿pero era necesario llevar a cabo conversaciones secretas que después de la experiencia con Pérez habían creado una actitud de sospecha ante lo que se decidía entre gallos y medianoche despertando una justa desconfianza?

Colocando esta idea como un modelo para analizar lo que sucedió, recordemos que se contrató a dos compañías de construcción de cuyo nombre no vale la pena recordar que no respetaron los plazos de construcción y comenzaron a elevar los gastos.

Es bueno recordar la arrogancia de los arquitectos e ingenieros de DoNo Hartford y Central Plan que a poco de comenzar la construcción y para abaratar los costos, eliminaron el proyectado techo del estadio.  Después vendrían otros gastos que no se habían presupuestado poniendo a la ciudad en la perspectiva de usar dinero de los que pagamos impuestos para remendar los errores reales o inventados de los contratistas.

Paralelamente en este plan de aventuras de renovación, dos delincuentes con historial de malversaciones y mentiras, involucran a la ciudad de Hartford en un plan de remodelación del estadio de soccer situado en el parque Colt.  Sin que primara un sentido de control y fiscalización, los malhechores que ya están en la cárcel, convencieron a autoridades del municipio expertas en programas de desarrollo; a que se le pagaran anticipadamente cientos de miles de dólares que ya nunca más aparecerán.

Tampoco es fácil olvidar el mal uso de vehículos municipales utilizados por oficiales de la ciudad para asistir a eventos privados, ni banquetes exóticos pagados con tarjetas de crédito de la ciudad.

Ahora bien. ¿Por qué los concejales de una ciudad como Hartford tienen que contar con “asistentes.”? ¿Qué se ha hecho para disminuir la burocracia de la Junta de educación?  Estos son lujos que no corresponden a una ciudad “pobre” que cada año vive la pesadilla de déficits presupuestarios, reducción de maestros en el sistema escolar público, y la pérdida de solvencia moral y financiera de nuestra ciudad que ya se conoce a nivel nacional.

Luke Bronin con valentía ha hecho que los habitantes de la capital del estado reflexionen y ASUMAN finalmente que no somos una ciudad como Stamford o Greenwich. Este esfuerzo ha sido apreciado por algunos, pero no por otros que desean continuar viviendo la ilusión de una capital donde los fondos municipales sobran y se pueden gastar de un modo irresponsable.

Luke Bronin ha sido capaz de dar a conocer nuestros problemas exigiendo concesiones salariales necesarias para mantener nuestros servicios básicos en pie.  No ha sido tarea fácil.  Cuando en Hartford se habla de realidades, la gente se disgusta porque no desea escuchar malas noticias.

Pocos han apreciado los esfuerzos de Luke Bronin de su campaña para implorar más comprensión de parte de los suburbios blancos que no simpatizan con Hartford ya sea por desconocimiento de hechos tales como solamente un 50% de la propiedad de la ciudad paga impuestos, o la afluencia de recién llegados que buscan en Hartford una oportunidad de cumplir el sueño americano.

Es verdad que la tarea del alcalde de visitar pueblos aledaños no ha dado los resultados esperados, pero esperemos que algunos legisladores de Connecticut hayan entendido el llamado de compresión y ayuda que no ha hecho un latino o afroamericano, sino que una persona que les ha mostrado el cuadro general, y la relación que existe entre la capital y pueblos vecinos.

En definitiva, lo que Luke Bronin, heredó fue una ciudad en estado de crisis donde la ciudadanía había perdido la confianza en sus representantes y las soluciones no serán fáciles ni a corto plazo.

Bronin es un jurista experto en la investigación de cuestiones financieras federales, y solucionó las marañas y trucos de los estadios, y de un modo realista ha impuesto un sentido conservador en los gastos. El trato con el Estado de Connecticut de proveer ayuda no ha sido del agrado de quienes reciben la ayuda ni de quienes la otorgan.  Los republicanos so simpatizan con nuestra ciudad a la que ven como mal administrada y sin solvencia financiera.

Luke ha sido capaz de ponerle los cascabeles al gato y de un modo sincero y franco decirnos la verdad en nuestra cara.      

Por otro lado, su posición de hacer de Hartford una ciudad Santuario que proteja a los jóvenes de DACA y a las familias inmigrantes de la persecución policial anheladas por Trump y su gobierno racista, son importantes de reconocer.

Abramos los ojos y vigilemos los candidatos propuestos por el Partido Demócrata del que no se conoce un plan ni soluciones.


Nota del editor

Rivas-Ortiz es un experto en desarrollo urbano y sociólogo

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