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Familias tóxicas, un mal social, por la Lic. Liliana D. González

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“Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no se mantendrá en pie» (Mateo: 12:25 NVI).

Hay hogares que parecen un campo de batalla, hijos contra padres, padres contra hijos, esposos contra esposas y viceversa. Cada uno, desde su trinchera, intenta defenderse de los ataques del otro lanzándose ofensas y agresiones como si de bombas incendiarias se tratara. En una casa así no hay paz, allí habita Satanás, quien desde el principio ha sido un homicida (Juan 8:44).

Ninguna familia bajo estas condiciones podrá sostenerse. Sus miembros están destinados a la separación y a los males que genera la disfuncionalidad familiar. La gente tóxica proviene de familias donde no hay tolerancia ni demostración de afecto entre sus miembros, al contrario, los pleitos, las faltas de respeto, la hostilidad, las quejas y las agresiones físicas y verbales son los comportamientos habituales de estos núcleos familiares. Suele suceder que el padre o la madre hace alianza con uno o con todos sus hijos para que le apoyen o se opongan a un miembro de la familia (hermanos, abuelos, tíos, primos…) generando odio, resentimiento y falta de perdón entre parientes. Lo que puede desencadenar a mediano o largo plazo en estrés y depresión de los miembros involucrados.

Un estudio sociológico identificó en grupos de trabajo donde todo marchaba bien a estos individuos que envenenan las relaciones humanas. Llegan con ínfulas de grandeza, tienen una inmensa sed de protagonismo, al principio son simpáticos, agradecidos, inteligentes, con carisma de líder. Luego se tornan agresivos, rígidos en sus opiniones, con excesivo criticismo hacia todo, no reconocen sus propios errores, generalmente la culpa siempre es del otro. Al poco tiempo, el equipo de trabajo se divide, toma posiciones de enfrentamiento de unos contra otros, y la productividad mengua en eficiencia y eficacia.

Algunos personajes tóxicos se ubicaban en posiciones de liderazgo y desde allí destruyen la estima de quienes, hasta ese momento, eran constructivos para el grupo. Los podemos identificar en las escuelas a partir de la primaria, en la preparatoria, en la universidad, en la iglesia; ejercen distintos oficios en el plano laboral e inclusive pueden llegar a dirigir una nación.

Como es bien sabido, la familia es la base de la sociedad y perecerá mientras no exista el amor, la tolerancia y el respeto entre sus miembros. Este problema repercute hacia otros ambientes como el Estado. Nada queda exento de los males que arrastra la toxicidad de las familias. La soberbia y el egoísmo son los ídolos que controlan el corazón de estos personajes que llegan incluso a cohesionar el espíritu y la unidad de un país causando divisiones y contiendas.

La Máxima Rabínica establece: «El que practica la oración dentro de su casa la rodea de un muro protector más fuerte que el hierro». Retoma el altar familiar para restablecer el gobierno de Dios en tu hogar. Solo Cristo lleva reconciliación donde hay pleitos, amor donde hay odio, perdón donde hay condenación, libertad donde hay esclavitud.

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