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El costo de seguir a Jesús, por la Lic. Liliana D. González

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«Cierto día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a dos hermanos —a Simón, también llamado Pedro, y a Andrés— que echaban la red al agua, porque vivían de la pesca. Jesús los llamó: “Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!”. Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante por la orilla, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, sentados en una barca junto a su padre, Zebedeo, reparando las redes. También los llamó para que lo siguieran. Ellos, dejando atrás la barca y a su padre, lo siguieron de inmediato» (Mateo 4:18-22 NTV)

Cuando los primeros discípulos siguieron a Jesús, no consideraron el costo de su decisión. En un principio, los cautivó la autoridad con la que Él les enseñaba y sus poderes milagrosos. Con el transcurrir del tiempo, descubrieron el elevado costo de seguir fielmente al Mesías.

Jesús siempre habló con franqueza, jamás engañó ni manipuló a nadie para que le siguiera. «Llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Marcos 8:34). Esto significa que cada persona que quiera seguir a Jesús deberá estar dispuesta a “morir a sí misma” con el fin de ser transformada a la imagen de Cristo y cumplir así la voluntad de Dios.

Hoy día, los teleevangelistas y/o predicadores de la prosperidad atraen a las multitudes diciéndoles que Jesús los hará ricos, saludables y prósperos. La verdad es que Jesucristo nunca prometió tal cosa. Al contrario, en Mateo 19:21 le dijo a un hombre rico que si deseaba ser perfecto vendiera sus posesiones, entregara el dinero a los pobres y luego le siguiera. En tres ocasiones distintas, el apóstol Pablo le rogó al Señor que le sanara de un aguijón en su carne y Él le respondió: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad» (2 Corintios 12). En Mateo 16:33 Jesús les dijo a sus discípulos: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he venido al mundo».

Como puedes notar, Jesús no bajo del cielo para cumplir nuestros deseos más anhelados. Él es el Hijo de Dios que murió en la cruz para perdonar los pecados de la humanidad y reconciliar al mundo con Dios. Cuando alguien toma la decisión de seguirlo, debe estar dispuesto a dejar atrás su vieja manera de ser y de pensar, posesiones, ambiciones personales, placeres, familia; debe arrepentirse de todos sus pecados y obedecerle fielmente. El discipulado es el proceso de ser transformado a la imagen de Cristo e implica renuncia, entrega y sacrificio. «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de [Jesús], éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?» (Lucas 9:24-25).

Si te estás preguntando, ¿vale la pena ser cristiano? La absoluta verdad del evangelio es que el costo es muy alto, pero la recompensa es incalculable: vida eterna y abundante que viene como resultado de seguir fielmente a Cristo.

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Lic. Liliana Daymar González

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