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LA MILLA DE ORO: Despierta Borinqueño que han dado la señal

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En un sector de la capital de Puerto Rico conocida como Hato Rey hay un área conocida como la Milla de Oro. Es en esa área donde supuestamente se concentra el poder financiero de la isla caribeña. Es también en esa donde en los últimos dos años terminan las demostraciones del pueblo trabajador puertorriqueño conmemorando el Primero de Mayo o Día Internacional de los Trabajadores del Mundo. Hay que establecer que el único sitio donde no se celebra este día es en los EUA.

“Marcharon temprano en la mañana desde Río Piedras hacia Hato Rey. Los había de toda la isla, pudientes y pobres, blancos, negros y trigueños, muchos de ellos aún adolescentes y de veintitantos años. Traían en sus mochilas algo de beber y de comer. Dominaban con pensamientos de victoria los temores que producía el enfrentamiento inminente en Hato Rey, con un adversario poderoso y bien armado. El combate sería decisivo, más aún de los que mucho imaginaban. De ese día dependía la ruta que tomaría el país por las próximas décadas y más allá. Habían decidido estar ahí esa mañana y luchar contra un invasor por su patria aún naciente. Ya no había vuelta atrás.” Este evento que describe Juan Giusti Cordero en la revista 80 Grados se llevó a cabo el 30 de abril del 1797.

Ya han pasado 221 años desde que milicianos puertorriqueños se enfrentaron y resistieron las fuerzas invasoras inglesas. Es en ese preciso momento histórico que muchos historiadores reconocen el nacimiento de la personalidad nacional puertorriqueña.

Es precisamente durante esta lucha cuando se unió el pueblo, constituyéndose y actuando como una nación solidaria para combatir al invasor. Y es en ese mismo lugar 221 años después cuando miles de puertorriqueños, rechazan otra vez la invasión estadounidense en todas sus manifestaciones, más burda y represiva que nunca. En el presente los puertorriqueños somos gobernados por una Junta Dictatorial impuesta por el gobierno de los Estados Unidos de América que nos somete a sus exigencias y caprichos.

¡Despierta de ese sueño… que es hora de luchar¡

El primero de mayo de 2018, día de los Trabajadores del Mundo, ocho grupos de miles de personas marcharon: unos hacia al Capitolio y otros hacia la Milla de Oro. Todos boricuas de pura cepa. Todos alegres caminaron al ritmo de los panderos acompañantes.

¡De rodillas: ninguno!

Su presencia era obvia. Eran miles con sus planchados uniformes, esgrimiendo macanas, otros con armas, todos con máscaras para protegerse de gases y cascos que le protegían la cabeza y los ojos. Tenían protectores de codos y piernas; chalecos anti balas, armas y escudos. Todos en formación, como si fueran a ser atacados por hordas salvajes. Volaban en helicópteros o corrían en motoras. Se podían ver franco tiradores en los techos de edificios. Los pavos reales de la policía colonial acechaban en silencio, esperando acorralar a los manifestantes para dar su zarpazo.

A un grupo que se dirigió a la Milla de Oro le cerraron el paso las “fuerzas de la ley y el orden”. Los policías nunca cedieron al derecho que tienen los manifestantes de caminar libremente por la calle. Los violadores fueron los propios policías que se suponía que respetaran la ley. Es cierto que habían encapuchados entre los protestantes, no hay duda que se dijeron frases provocadoras y que lanzaron piedras, botellas de plástico y canicas. Los policías sin embargo ripostaron con gases lacrimógenos y balas de goma.

Entre esos cientos de personas que estaban localizados al frente de las unidades blindadas de la policía había entre otros: niños, ancianos, reporteras, camarógrafos, vendedores ambulantes y posiblemente provocadores del mismo gobierno. Un oficial al frente de las fuerzas especializadas se comprometió ante los líderes de los manifestantes y ante las cámaras de televisión de cederles el paso si dejaban de tirar piedras. Desde ese momento no cayó una piedra más. La policía de Puerto Rico faltó al compromiso provocando la confrontación. Todo el mundo lo vio y lo escuchó.

Ante un pueblo decente y disciplinado, provocados por los esbirros que les responden a los intereses extranjeros, nuestros manifestantes puertorriqueños demostraron su paciencia ante los atropellos sufridos el primero de mayo del 2018. Los judas de nuestra nación no desperdiciaron el momento. Hay que felicitar la prensa radial y televisiva pues cubrieron los hechos en vivo en forma responsable, vertical y valiente. Luego de pasados esos incidentes otros analistas que no habían estado presente le mintieron descaradamente al país tergiversando los hechos. Vergüenza a los que no tienen valor moral para defender la verdad respondiendo con las acostumbradas falsedades y cobardía típicas de los que perdieron la vergüenza.

Las instituciones que nos gobiernan, el sistema de justicia que supuestamente vela por los derechos del pueblo no son exactamente ejemplos que dignifiquen ni que gocen de alguna credibilidad. Este pasado primero de mayo, día de esa masiva demostración en todo Puerto Rico, fue un logro extraordinario donde se demostró una vez más que una buena parte de los puertorriqueños están conscientes de los peligros que amenazan nuestra propia existencia. La nación puertorriqueña necesita líderes confiables que demuestren valentía y sacrificio ante el asalto al que estamos sometidos. Necesitamos que esos nuevos líderes se quiten las capuchas y eliminen la asqueante demagogia a la que nos tienen acostumbrados, no con alardes de guapetón de barrio ni con retórica que confunde a nuestro pueblo. Los puertorriqueños que dijeron presente en esta gran demostración no serán intimidados por nadie y exigen justicia.

Los traidores de la nación no tienen cabida entre gente decente. Solamente los que se lanzan a defender a su pueblo se les puede llamar héroes.

103.5 FM - La Voz Radio

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