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No digas sí cuando quieres decir no, por la Lic. Liliana D. González

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¿Has contado las veces que dices sí, cuando quieres decir no? Mientras la mente, el corazón y todo tu ser gritan desesperadamente ¡no!, tú dices sí, para después hundirte en el conflicto por estar obligado a pagar las consecuencias de esa vacilación.

Ese no que se te atora en la garganta produce insomnio, apnea, asma, estrés, autorreproche, queja, enojo y mal humor. Está demostrado psicológicamente que cuando dices sí queriendo decir no, confrontas una lucha interna porque niegas quién eres, y en lo que crees.

Pero ¿por qué es tan difícil decir no? Puede ser porque en nuestra “domesticación” hemos aceptado que al decir no recibiremos rechazo, nos tildarán de egoístas y corremos el riesgo de perder el cariño y/o la aprobación de los otros. En cambio, el sí nos abre puertas, sonrisas y la estima de los demás. Por esa razón, preferimos en muchísimas ocasiones responder afirmativamente, aunque esto implique sabotearnos la paz interior y pisotear nuestras convicciones.

Aquí no me estoy refiriendo a negarnos a cooperar o ayudar a los demás, hablo de decir no para marcar límites a personas o situaciones que nos inducen a pecar. Quienes lo declaran sin titubeos, son seres asertivos, con una autoestima saludable, firmes en sus principios cristianos que demuestran respeto por sí mismos y lo exigen a los otros.

Jesús nos instruyó al respecto: «Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa demás, proviene del maligno» (Mateo 5:37 NVI). Debemos evitar la vaguedad al hablar, Cristo nos insta a decir sí a lo bueno y no a lo malo, a lo que no nos conviene y que va en contra de sus ordenanzas. Todo lo demás, las mentiras, los juramentos, las excusas son artimañas diabólicas de las que se valen algunas personas para sacudirse algún compromiso, “justificarse” o “quedar bien” con los demás, pero mal con Dios. Recordemos que Satanás es el padre de la mentira, cuando no somos capaces de negarnos a hacer lo que está en contra de la voluntad de Dios, literalmente nos estamos postramos ante el maligno.

Cuando debas decir no, hazlo y punto. No des explicaciones justificadoras, no dejes zanjas abiertas que causen confusión o esperanzas de que cambiarás de opinión. Di no de frente sin titubear. Defiende tus convicciones y tus legítimos derechos sin miedo al rechazo. Hazlo con valor y firmeza, de una manera justa y respetuosa. Seguramente perderás a algunos “amigos”, pero alcanzarás la satisfacción de serle fiel a Dios.

Comienza hoy diciéndole no al miedo que te impide alcanzar los sueños que Dios sembró en tu corazón, a una vida sin propósito, a esa tentación que parece irresistible, a las relaciones enfermizas, a los pensamientos que te roban la paz, a las personas tóxicas y, especialmente, di no a todo lo que se interponga entre tú y el Señor. Porque Jesús dijo: «Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?» (Lucas 9:24-25).

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