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EL ESPEJO, por la Lic. Liliana D. González

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La Biblia está llena de historias inconclusas que nos obligan a hacernos muchas interrogantes: ¿Barrabás continuó delinquiendo después de que Jesús tomó su lugar en la cruz? ¿La mujer adúltera reincidió en su pecado? Si el día de la crucifixión se hallaban los cinco mil hombres que Jesús alimentó con cinco panes y dos peces, ¿por qué ninguno levantó su voz para salvarlo? ¿O fueron ellos los que gritaron «¡crucifíquenlo!» frente a Poncio Pilatos? Aunque los evangelios registran solo parte de estos hechos, podemos especular sobre sus desenlaces, es más, los relataríamos hasta el final porque somos sus protagonistas. Esas son nuestras historias, especialmente nuestras faltas, rebeliones y pecados. Leer la Biblia es como mirarnos al espejo, el reflejo es tu cara, la mía, la de él.

Te invito a mirarte en el espejo, ¿te ves?, seguro que sí, sabes que mereces el castigo, estás condenado a muerte junto con otros dos malhechores. En una oscura y sucia mazmorra tiemblas, te lamentas, los soldados vienen por ti; serás azotado, crucificado como un maldito. La turba enardecida grita tu nombre, ha llegado la hora, vas como carnero al matadero, y de pronto ¡ocurre un milagro!, nunca imaginaste que algo así sucedería, escuchas la voz del gobernador: «¡suelten a Barrabás!» No puede ser, ¡¡¡eres libre!!! Otro tomó tu lugar, le dicen el Mesías, lo apodan el rey de los judíos, es un carpintero de Nazaret, un tal Jesús. No hay delito alguno en Él, es condenado por la envidia de algunos religiosos resentidos, mas no se defiende, parece tener paz al tomar tu cruz, quiere saldar tus cuentas con la justicia, lo clavan en un madero junto a tu acta de decretos: todas tus maldades, odios, traiciones, desenfrenos carnales, vanidad, soberbia, orgullo, mentira, envidia, egoísmo, avaricia. Él anuló el acta de los decretos que había en tu contra, que te era contraria, la quitó de en medio y la clavó en la cruz (Col 2:14).

Gracias a Él tienes una segunda oportunidad, te ofrece la opción de cambiar tu estilo de vida, de enmendar tus faltas para evitarte el sufrimiento de padecer el calvario por tus pecados. ¿Podrás borrar de tu mente a ése que se sacrificó por ti? Permíteme decirte que cada vez que reincides en tus pecados, lo olvidas, desprecias su holocausto y su regalo de salvación.

Mírate en el espejo una vez más, tú eres la mujer sorprendida en adulterio. Somos adúlteros espirituales cuando nos rendimos a la lujuria, la idolatría, la brujería, cuando mentimos y manipulamos. Jesús te perdonó, ninguno lanzó piedra alguna contra ti porque reconocieron no estar limpios de faltas, pero dadas las mismas circunstancias, ¿lo harías de nuevo?, ¿volverías a cometer adulterio? Seguramente esto te roba la paz. En lugar de recordar tu pasado, piensa lo que Cristo hizo por ti. Jesús dijo: «Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego» (Mt 18:9). Decide de una vez y para siempre sacar de tu vida a las personas y las cosas que son piedra de tropiezo en tu crecimiento cristiano.

El espejo nos confronta con nuestras maldades. Tú y yo formamos parte de los cinco mil hombres alimentados por el Mesías con cinco panes y dos pescados, y también fuimos los que gritamos: ¡suelten a Barrabás!, ¡crucifiquen a Jesús! Siempre que desobedeces los mandamientos de Dios, crucificas a Jesús; cuando tus miedos vencen la fe, liberas a Barrabás; cuando no controlas tu lengua, ni tus actos, cuando no perdonas a los que te ofenden, estás en la multitud; te niegas a la verdad, das voces: ¡crucifíquenlo!, ¡crucifíquenlo!

Ahora, observa por última vez el espejo; el reflejo somos tú y yo. Éramos culpables, pecadores, enemigos de Dios. Y por nosotros, Jesús murió (Ro 5:8). Eso no tiene otro nombre, se llama amor. Dios nos ama con superlativa pasión. Razón por la cual nuestras debilidades no deben alejarnos del Señor, al contrario, confesemos nuestros pecados y arrepentidos busquemos su perdón, porque cuando somos incapaces de salvarnos, Cristo viene oportunamente a dar su vida por cada uno de nosotros.    ___________________________

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