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Alcoholismo y drogadicción ¿Vicio o enfermedad?, Por Waldemar Gracia

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El alcoholismo y la droga-adicción son una enfermedad incurable y no un vicio. Cualquiera que sufra de ellas no puede volver a usarlos socialmente. La enfermedad estará presente por toda la vida, pero con una seria determinación de Recuperación no hay nada que temer. Uno no tiene que esconderse del alcohol o evitar a los bebedores normales. Sólo se necesita estar alerta ante la primera cerveza — siempre, por toda la vida. Los que están en RECUPERACIÓN dicen con toda certeza: “No te tomes el primer trago y nunca volverás a tomar otro”. Es posible hacer esto un día a la vez. Los que viven en RECUPERACIÓN están íntimamente conscientes de la presencia de Dios y mediante esta intimidad consciente, la multitud de problemas que una vez destrozaron cada fase de sus vidas son resueltos finalmente, y la reconstrucción progresa casi sin esfuerzo.

Pero ¿cuál es nuestro problema? ¿Cuál es el problema en nuestra sociedad y/o cultura? Como por regla general nuestra cultura dice que el hombre es de la calle, el hombre desde temprana edad recibe “luz verde” para establecer su círculo de amistades y allegados fuera del hogar. Los mismos que seguramente le acompañarán en la escuela y en la Universidad, si es que llega a ella. Tendrá a su alrededor los mismos compañeros que le acompañarán a todas las actividades en que participe, los mismos que irán con él a las cantinas y a las bebelatas, y los mismos que siempre le recordarán que sólo los hombres de verdad, los que no se dejan dominar de sus mujeres, son los que saben vivir y disfrutar bien la vida. Desafortunadamente, estos mismos amigos no estarán presentes cuando él más los necesite, no estarán con él en los momentos de enfermedad. Pero si él se recupera y queda bien, ellos volverán. Y estos mismos amigos serán los que en su último día cargarán su féretro hasta el cementerio.

Tal vez usted piense que exageramos un poco, pero los que han vivido con un alcohólico en la familia, con toda seguridad saben de qué estamos hablando. Para el hombre de “la calle” la familia no puede ser una prioridad, pues desde temprana edad aprendió que él pertenece a los de afuera y no a los de adentro. Si desde la niñez encontró dificultad en bregar y ajustarse a la familia, ¿cómo esperaremos a que ahora, que le toca ser esposo y padre lo pueda hacer? Si nunca supo y/o si nunca aprendió lo que es dar y recibir cariño, ¿cómo esperar que de la noche a la mañana sea un esposo y padre lleno de amor y cariño para con los suyos?            

Lo que usted no aprende desde pequeño, muy difícilmente lo aprenderá para ponerlo en práctica al momento de ser adulto. Nuestra cultura se encarga de que nosotros definamos nuestros roles, a veces enfermizos e irracionales desde la niñez. Esta función la hace la cultura a través de nuestros padres, abuelos, tíos, y la demás familia cercana a nosotros.

La mujer, no se queda atrás. A ella desde edad temprana le ponen una “luz roja” con respecto a la calle, pero a cambio se le “recompensa” con tener cogido “el sartén por el mango” en lo que al hogar se refiere. No solo se le instruye con respecto a la crianza, sino que se le adiestra a como ser madre y padre a la misma vez, a como “soportar y sufrir” con un esposo sinvergüenza y mujeriego que la abuse física y/o mentalmente. Se le adiestra en la manipulación, en cómo mantener contento a su marido, y obtener de él lo que quiera, haciéndole creer que él está en control de todo lo que pasa en la casa. Pero la realidad es que en la casa sólo pasa lo que ella quiere que pase. La mujer desarrolla la habilidad de asumir todas las responsabilidades internas y externas relativas al hogar, especialmente aquellas que el marido no asume por estar siempre “afuera”. Por eso no es de extrañar que en nuestras comunidades latinas haya tantos hogares que se levantaron y se siguen levantando por madres solteras, las que después de tanto maltrato y tantos malos ratos descubrieron que a fin de cuentas no necesitaban a un hombre para nada.                             

El hombre que es incapaz de vivir una vida íntima con su mujer, prefiere la relación pasajera y sin “compromisos” de una querida. Después de todo un “macho de verdad” debe tener siempre más de una hembra. Una que le dé hijos, y otra que le dé “placer”. Mientras que él se entretiene de esta manera, ella, su esposa, la hembra que es para darle hijos, se ocupa de ejercer su autoridad y dominio en el hogar. En educar y en criar a sus hijos en la misma manera en que ella fue criada y educada. Sus niños varones aprenderán que la calle es para ellos y sus niñas aprenderán el oficio de ser mujer, tal y como ella lo aprendió. Sus hijos varones serán enseñados a no mostrar sus sentimientos, serán enseñados a reprimir sus emociones y a racionalizarlo todo. A ser superficiales en el trato con su familia y sobre todo a negar la realidad de los problemas y conflictos que rodearon su infancia y adolescencia.

En cambio, las hembras aprenderán a ser dramáticas o histéricas con respecto a sus sentimientos, sintiéndose muchas veces como un ser inferior. Ambivalentes en cuanto a la toma de decisiones, inseguras de sí mismas, en fin, serán como su madre casi en todas las cosas. Y así se repite la misma historia una y otra vez, de generación en generación. Es un círculo vicioso que muchas ocasiones es visto como parte de nuestra realidad como pueblo, de nuestra realidad como latinos y que tal vez nunca se pueda cambiar. Pero sí se puede cambiar, lo que pasa es que para muchos el cambio no es conveniente.

Machismo y el alcoholismo son tendencias y estilos de vivir que han sido aceptadas por nuestra cultura y sociedad. Aparecen reflejados en el arte, la pintura, en nuestra literatura, pero de manera más marcada en nuestra música, particularmente la “romántica”. Hay gente que ven al Machismo y el alcoholismo como la fórmula “bíblica” para vivir en comunidad. Tal vez por eso muchas mujeres que son abusadas por sus maridos o por sus hijos, continúan viviendo así por que “esta es la cruz que el Señor me dio”.

Lo peor en muchos casos es que, aunque se sabe que hay un problema, se sabe dónde buscar ayuda, y se sabe cuales son los derechos de las personas que son abusadas, éstas no hacen nada al respecto. Haciendo obvio el hecho de que no sólo el abusador está enfermo, sino que también el que es abusado se enferma, haciéndose adicto a su situación. La cual muchas veces sirve para reforzar o confirmar sus ideas erróneas sobre sí mismo y sus complejos.

Si necesitas ayuda en tu relación sentimental, o si conoces a alguien que está sufriendo a causa de la misma, busca ayuda. ¡Vale la pena hacer un esfuerzo y darte una oportunidad de sentirte mucho mejor!

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LA CARICATURA DE REINALDO

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