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De la suerte y de la muerte no hay quien escape, por Waldemar Gracia

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La vida está llena de sorpresas. Uno no sabe lo que le separa el mañana. A veces hacemos planes y tomamos decisiones sin saber el que será. Esta historia tiene una moraleja, por que después de todo uno nunca sabe quién se irá primero.

A todos nos conmueven las historias de amor. Historias felices, historias tristes, historias trágicas, en fin historias de todo tipo. Pero lo que le pasó a Rosita, es algo que va más allá de toda comprensión y comparación.

Rosita es una joven de 24 años, muy atractiva y de mucha energía. Una tarde, mientras caminaba por el cementerio se detuvo a contemplar una tumba y comenzó a meditar sobre lo que había sido su vida. Hace dos años los médicos no aseguraban su vida. Rosita fue diagnosticada con cáncer unos meses antes de su tan anticipada boda con Manuel. Ambos se conocieron en la Universidad y eran estudiantes brillantes. Habían decidido casarse al momento de terminar sus estudios.

Al enterase de su diagnóstico, Rosita comenzó a deteriorarse muy rápidamente tanto física como emocionalmente. Debido a su deterioro progresivo su medico decidió hospitalizarla por un tiempo mientras era sometida a quimioterapia. Rosita tuvo que abandonar la escuela al igual que muchas de sus aspiraciones.

Manuel sufría de igual manera, pero al irse deteriorando su amada prometida, él comenzó a desanimarse y pensó en abandonarla. Los informes del médico eran desalentadores. Todos los especialistas concluían que a Rosita solo le quedaban tan solo unos pocos días de vida.

El profesorado de la Universidad a la asistía recomendó que se le otorgara el grado académico y se le graduara, pues ella se lo merecía por ser tan buen estudiante. Así que pocos días después le hicieron una pequeña pero muy emotiva ceremonia en el hospital y le otorgaron su diploma.

Pero a Rosita le faltaba ver cumplido uno de sus sueños mas deseados. Rosita quería casarse con Manuel antes de morir. El padre de Rosita quiso hablar con Manuel. Hacia mas de una semana que Manuel no se aparecía por el hospital. Su excusa era que sufría mucho al ver a Rosita en esa condición pero en realidad, ya el no la encontraba tan atractiva, pues había perdido todo su pelo y físicamente ya se le veían los huesos.

Manuel accedió a complacer a Rosita, pues de todos modos la pobre se iba a morir en unos días y el no quería quedarse con ese cargo de conciencia. Esa noche Manuel se debatía y se contradecía en sus análisis. “Yo quería a Rosita,… Rosita la que conocí cuando estaba sana…ahora parece…¡Oh, Dios mió en que cosa rara se ha convertido!” Manuel encontraba repugnante el olor que ella despedía y la apariencia que había desarrollado a causa de su enfermedad.

Manuel fue a visitarla, pero ella apenas pudo hablar con él. Los muchos medicamentos la tenían totalmente aturdida y desorientada. “Hay que apurarse pronto…la boda tiene que ser mañana…mi hija se me muere” dijo el padre de ella. De inmediato se hicieron los arreglos pertinentes para celebrar la boda en aquel cuarto de hospital. Los médicos cancelaron los medicamentos para que Rosita pudiera estar conciente durante la corta ceremonia.

“Darle un poco de felicidad a mi hija antes de morir es el mejor regalo tanto para ella como para nosotros”…decía la madre de ella. Rosita había pedido ser enterrada en su traje de novia, ella sabía que le quedaban muy pocos minutos de vida. Rosita estaba resignada y se sentía preparada para encontrarse con su Dios sin coraje y sin resentimientos.

Solo los padres de Rosita y la madre de Manuel se encontraban juntos al ministro esperando que éste llegara. La boda estaba pactada para las 9:00 a.m. Eran las 10:30 a.m. y Manuel no llegaba. Cuando de momento llegaron dos policías hasta el cuarto donde todos esperaban. Preguntaron por los familiares de Manuel Rivera. Su madre algo sorprendida pensaba que se trataba de alguna sorpresa ya que Manuel era algo bromista a veces.

“Señora”…dijo el policía en un tono tenebroso, “hubo un terrible accidente a una cuadra de aquí del hospital…quisiéramos que nos acompaña a ver si usted puede reconocer a una de las victimas fatales de este accidente.” La madre de Manuel acompaño a los policías junto a un médico forense y cuando levantaron la sabana la señora cayó de un desmayo. Ahí estaba el cuerpo sin vida de su hijo Manuel, vestido con el tuxido de boda, pero su cuerpo y rostro todo ensangrentado.

De inmediato los padres de Rosita llegaron al lugar y lloraron junto a la madre de Manuel por tan terrible tragedia para ellos. No quisieron decir nada a Rosita. Dos días después enterraron a Manuel vestido con su tuxido en una ceremonia muy emotiva y desgarradora. Solo faltaba la muerte de Rosita, a quien le habían hecho arreglos para enterrarla en pocos días junto al sepulcro de Manuel en el cementerio municipal.

Pero los días pasaban y Rosita no moría. Para sorpresa de los médicos su cáncer comenzó un inexplicado proceso de remisión. Alegría lleno el corazón de sus padres y hasta la madre de Manuel vino a regocijarse con la familia.

Tres meses después, Rosita se había recuperado casi completamente. Ella nunca supo de las claudicaciones de Manuel. Sólo recordaba aquel hombre a quien ella amaba y que estuvo dispuesto a casarse con ella aún en su lecho de muerte por amor y no por compasión.

Por eso es importante amar con una entrega total. Mañana no sabemos y mucho menos quien se irá primero. 

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