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La sinergia, por la Lic. Liliana D. González

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En la Biblia, desde el Génesis al Apocalipsis, reconocemos a Dios como un ser conciliador, propiciador de la unión, la armonía y la sinergia entre los seres humanos (el todo es mayor que la suma de sus partes). Él nos exhorta a trabajar en equipo, a caminar juntos sumando voluntades hacia un propósito común en beneficio de todos. Antes de iniciar su ministerio, Jesús seleccionó a doce hombres con cualidades distintas, temperamentos desiguales, con dones y talentos diferentes y al unirlos bajo los mismos principios consolidó un cimiento firme, sólido, inmutable, orientado a un mismo fin: llevar las buenas nuevas del reino.

El profeta Amós 3:3 dijo: «¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?». Toda relación, sea de la naturaleza que sea, debe tener como premisa el acuerdo. Recuerdo que, en nuestra época de noviazgo, mi esposo y yo debimos asumir juntos muchas decisiones, algunas simples como el color de las cortinas de nuestro nuevo hogar, y otras trascendentales como el número de hijos que deseábamos tener. Llevamos veintidós años de unión matrimonial y nuestro fundamento sigue siendo el mismo: los acuerdos. Mientras tengamos una misma visión, un mismo deseo, uniremos fuerzas, talentos y trabajo para consolidar los sueños. La clave es la planificación y la organización conjunta; la familia, la iglesia y cualquier sociedad precisa que sus miembros funcionen bajo el poder del acuerdo como los órganos de un mismo cuerpo.

La Biblia dice que «el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos (…). Mas Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso (…). Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros» (1 Corintios 12:14-21). Consecuentemente, dentro de un grupo familiar o sociedad una sola persona no puede ocuparse de cumplir con todas las tareas y responsabilidades, cada individuo tiene un rol a desempeñar y, aunque parezca insignificante, es imprescindible para el funcionamiento de todo el grupo. En el futbol, por ejemplo, hay dos equipos de once atletas y un árbitro que se encarga de hacer cumplir las normas. El juego consiste en desplazar la pelota por el campo con el fin de marcar goles al conjunto contrario, cada jugador tiene una función distinta y fundamental. Este deporte nos muestra que el trabajo en equipo, la unión y el sinergismo son el motor para alcanzar las metas.

Deja de quejarte porque no protagonizas, porque tu rol es inferior a otro o peor aún, no menosprecies ni subestimes tu labor. En 1 de Corintios 12:22, el apóstol Pablo dice: «Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles son los más necesarios…». Valórate y acéptate, aprecia el lugar que Dios te ha dado dentro del cuerpo, llámese familia, corporación, iglesia, comunidad. El taxista, el cocinero, la ama de casa, los obreros, son parte de la columna vertebral de la sociedad al igual que los jueces, gobernantes, sacerdotes y médicos. Deja de desear ser ojo, cuando eres oreja; no codicies el don de los demás, esfuérzate cada día por conocer, aprender y desarrollar los dones que Dios depositó en ti. Y recuerda que esa capacidad especial has recibido no es para beneficio propio, sino para soportar los unos las cargas de los otros, y cumplir así la ley de Cristo (Gálatas 6:2).

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