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Defienden a Centro Comunitario para inmigrante “B1C” y piden que investiguen maltratos a jornaleros

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STAMFORD. Pasado el mediodía del domingo una veintena de simpatizantes de Building One Community (Edificando una Comunidad B1C) se reunieron para testificar la labor profesional y positiva de la organización que esta última semana ha sido afectada por un linchamiento mediático de la prensa anglosajona acusada de maltrato a los jornaleros (clientes) del Centro; paralelamente a la reunión, afuera, en cambio, se realizaba un plantón silencioso con otro grupo de ciudadanos que con pancartas en mano pedían que se abra una investigación intensiva alrededor de una conducta agresiva en contra de los jornaleros por parte de la Sra. Guadalupe “Lupita” Figueroa.

A la reunión, Catalina Horak, Directora Ejecutiva del Centro, habló sobre el relato escrito por Erin Kayata y publicado por el diario The Stamford Advocate replicado en su cadena de medios el día 15 de agosto bajo el título: Stamford man accuses immigration center of mistreating day laborers (Hombre de Stamford acusa a Centro de inmigración de maltratar a los jornaleros) y su sorpresa de que la nota no haya sido balanceada desde los dos puntos de vista (B1C) y tan solo haya prevalecido el testimonio del Sr. Carlos Amaya, un ex trabajador temporal del Centro, quien asegura ser testigo del maltrato a los jornaleros.

Por más de una hora clientes, amigos, miembros de la Junta del Centro Comunitario B1C, se pronunciaron en apoyo a esta entidad y a una de sus trabajadoras; mientras afuera montaron un piquete varios miembros de la comunidad pidiendo abrir una investigación exhaustiva del comportamiento de sus empleados.

 “Tenemos gente que trabaja en los programas educativos, tenemos clientes de El Palomar, muchos miembros de la comunidad, miembro de nuestra Junta directiva, personas que están trabajando actualmente y ex trabajadores. ¡Estamos aquí!  ¡Y a ellos!: la prensa no les ha preguntado nada”, dijo Catalina Horak, para presentar el conversatorio que duró más de una hora y media.

Martha Guadalupe “Lupita” Figueroa Flores, gerente de oficina, acusada presuntamente por maltrato de algunos jornaleros que acudían al Centro buscando ayuda, estuvo presente en la reunión dominical, escuchó las palabras de aliento de sus compañeros y de sus clientes; aunque no vio ni leyó los carteles que portaban en su contra un grupo de ciudadanos hispanos que pedían una investigación exhaustiva sobre la conducta y el trato de los empleados del B1C que terminó con la entrega de una carta firmada por los manifestantes.

En el plantón silencioso, los manifestantes no solo hablaron con La Voz Hispana de CT de la supuesta conducta inapropiada de “Lupita” sino de la abogada Adriana Podesta, quien antes de ofrecer el servicio de consejería para la hija de Luz Elena Rodríguez, nativa de Colombia, que es “Soñadora” (Dreamer) le preguntó por varias ocasiones si ya pagó los cuarenta dólares que costaba la asesoría legal y nunca llegó a dársela y ni siquiera le devolvió la llamada telefónica.

Ya adentro, Eva Padilla, líder comunitaria, habló sobre la presencia del grupo hispano que estuvo acampando afuera con letreros en mano y cuestionó su presencia: ¿si en realidad les preocupara el Centro y su futuro estuvieran sentados como todos nosotros escuchando lo que decimos? ¿Vinieran donde Catalina a hablar al respecto? ¿Por qué estar con pancartas afuera desacreditando el lugar?, un lugar que ha costado tanto levantarlo. ¿No somos perfectos seguramente tenemos problemas, pero no me voy afuera a resolverlos? ¡Ellos están despertando el hormiguero!

Al respecto de esta reflexión Carlos Mavila, uno de los manifestantes, respondió que la intención del grupo si fue entrar al conversatorio, pero cuando la gente que ingresaba al lugar, entre ellos, algunas lideresas comunitarias, los veían con desprecio como si estuvieran cometiendo un crimen decidieron quedarse afuera.

“Nos tomaron fotos, se aseguraron de chequearnos quienes éramos. Catalina Horak salió dos veces a vernos, se acercó al grupo exclusivamente para decirle a la periodista Godoy que estaba entrevistándonos que ingrese porque el público la estaba esperando. Pero jamás, dijo: ¡vengan!, ¡entren!, ¡son bienvenidos!”. Aunque Mavila ingresó y entregó al final del conversatorio a la presidenta de la Junta Directiva del B1C una carta firmada por algunos miembros de la comunidad en donde piden que se abra una investigación sobre los presuntos casos de maltrato a los jornaleros.

Ya adentro, el primero en hablar fue Fernando Castillo, un hombre panameño que narró sobre los beneficios que en forma personal ha recibido del B1C y su testimonio de cómo sus empleados tratan con respeto y cariño a sus clientes. “Yo hice aquí cursos gratuitos de inglés, para manipular alimentos y los de OSHA, también sé que hay cursos a bajo costo que en ninguna parte lo encuentra a ese precio. He venido aquí para profesionalizarse y el Sr. Francisco (empleado) me trata con mucho cariño”, dijo.

Anita Gallegos, una maestra bilingüe y facilitadora del programa de liderazgo PEP, expresó con tristeza de lo que está pasando con el B1C y dijo que era una pena que entre latinos en vez de ayudarse se lastimen entre sí perjudicando a los inmigrantes en forma directa. “Vine hace 25 años con mi hija pequeña y me hubiera gustado que hubiera existido este Centro para que me apoyen. Con esto, ahora, vamos hacer más discriminados y nos van a seguir llamando ilegales y nos van a seguir maltratando”, dijo.

 Michael Nunziante, un joven caucásico, nacido en Stamford, quien se involucró en el B1C por el impacto que le produjo la diversidad de sus compañeros cuando estudiaba en Stamford High apoya al Centro porque a más de gustarle su relación con inmigrantes de todas partes cree que es una responsabilidad social apoyar a los residentes de su ciudad. “He trabajado como voluntario por cuatro años consecutivos en el área de comunicaciones, con donantes, con los servicios legales y en mi experiencia siempre me han hecho sentir como parte de esta familia. Me dio pena leer lo que publicó el Advocate porque aquí he aprendido otras perspectivas del mundo”, repuso.

En medio de las opiniones de los simpatizantes del B1C, la periodista preguntó a Horak porqué contestó a la prensa anglosajona sobre las presuntas acusaciones de maltrato por parte de la Sra. Lupita a los jornaleros cuando no tenía en sus manos el documento legal enviado desde el Departamento de Derechos Humanos y Laboral del Estado; a esto respondió que recibió un correo electrónico de la periodista de AP (Prensa Asociada) y consideró que debía contestar. “No somos perfectos no estoy diciendo que no hayamos cometido errores, pero no estamos encubriendo maltratos ni tampoco estamos en contra de los muchachos”, dijo.

René Martínez, un trabajador de la construcción y voluntario del Centro, agradeció al B1C y volvió afirmar que ha estado desde su fundación por lo que dio fe de todo el buen servicio y trabajo profesional que ofrecen. Agradeció a Lupita que siempre le ha brindado comida caliente y le ha tratado con respeto. 

Myriam Martínez, que no era cliente del B1C, sino que recibió sus beneficios y la defensa legal por una orden de deportación que pesaba sobre sus hombros y que fue de interés de la prensa anglosajona e hispana local, agradeció a Catalina el apoyo moral y el trabajo profesional y eficaz que evitó su deportación. “Cuando ingreso aquí todos tienen una sonrisa. Me llevan a Hartford para presentarme en Inmigración cada dos semanas y mis niñas y yo estamos recibiendo terapia sicológica aquí. ¡Dios nos puso a Catalina en este terrible momento!, dijo. Rafael Benavides, esposo de Myriam, corroboró sus palabras e indicó que si no hubiera sido por el apoyo oportuno del B1C quizás ella no estuviera contando en ese momento su testimonio.

María Sandoval, presidenta del Grupo guatemalteco Quetzal, aseveró que todos estos ataques suscitados en contra de Lupita realmente se convierten en agresiones directos al Centro y provoca la división de la comunidad latina. “Estoy aquí apoyando al Centro y el trabajo de Lupita”, indicó, en tanto que los manifestantes de afuera contaron que la única líder que se acercó a ellos a saludarles fue ella porque pudo distinguir que no se trata de su amistad sino de un problema coyuntural.

Fernando Castellanos, nativo de Colombia, que vive 20 años en el país y trabaja en el escritorio de la recepción del B1C, rechazó las acusaciones vertidas de Carlos Amaya, ex trabajador del Centro quien hizo público los presuntos abusos a los jornaleros. “Él (Carlos) está destruyendo el Centro, lo está dañando. Me parece que los trabajadores y los voluntarios exageran en los cuidados y atenciones a los clientes”, repuso.

Manuel Contreras, de Honduras, sobre en Stamford, señaló que conoció a Catalina Horak en la escuela North East en el 2010 y siempre le pareció una señora agradable; llegó al Centro en noviembre del 2015 a raíz que tuvo un momento de su vida personal y laboral muy difícil y aquí lo levantaron de las cenizas. “Es lamentable que como hispanos nos lastimemos”, dijo. 

Wendy Cárdenas, una joven beneficiaria de DACA y ex empleada del B1C agradeció a esta entidad por todo el trabajo que realizan y corroboró que muchas ayudas no se hacen públicas lo que demuestra la calidad humana de los trabajadores, contó que su mejor amiga necesitaba un trasplante de corazón y que Horak luchó para que, a pesar de que ella era indocumentada, pudiera tener un seguro de salud gratuito y sea atendida en el hospital dignamente.

Leonel Restrepo, uno de los coordinadores del Centro, testificó que empezó estudiando inglés en este lugar y que su trabajo lo pone en directa relación con los jornaleros. “Están tan integrados que son parte de mi familia, parte de nuestras comidas, de nuestras charlas. Aquí hay armonía y no he visto ninguna contrariedad.

Artemio González, un ex desamparado que vivió en las calles por varios años, nativo de Guatemala, llamó al B1C como una “sociedad” y desde la sabiduría popular arraigada en su ser, puso el punto preciso a la conversación cuando a manera de reflexión señaló que cuando alguien necesita el apoyo y favorecerse de algo debe abrir la mente y el corazón para poder entender que hay que vivir con disciplina, que hay que organizarse, que hay que seguir reglas para poder encontrar el límite y el respeto mutuo. “Yo estuve en albergue (shelter) ahí tiraba y escondía las botellitas por donde quiera. Era un “chalamilero” (deschavetado, desorganizado) y aquí en el B1C aprendí que hay que seguir reglas y la importancia que produce aprender sobre respeto y organización. En ti está si aprendes y si te dejas o no ayudar”, indicó.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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