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¿Estamos en vísperas de la segunda gran reforma de la Iglesia Católica Apostólica y Romana?

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Por Guillermo Martínez Villafane

Provengo de una familia católica de Puerto Rico, fui bautizado, hice la primera comunión, fui confirmado y recibí el tradicional golpecito en la mejilla por parte de un Obispo, tuve un director espiritual, en algún momento pensé ser sacerdote, pero en la década de los años sesenta circulaban en el mundo brisas de renovación y la iglesia católica no era una excepción. 

Muchos seminarios latinoamericanos se vaciaron y cientos de nosotros trasladamos nuestros intereses vocacionales de la filosofía y la teología hacia la sociología, la política y las ciencias sociales.  La iglesia católica sobrevivió a esta crisis y lleva a cabo reformas en el rito, dogma y se orientó también hacia la situación que vivía la compleja sociedad latinoamericana clasista, racista y autocrática, abogando en algunos casos por los más pobres de la ciudad y del campo.

Sigo siendo católico, participo en las misas y rituales, donamos dinero para causas solidarias que apoya generosamente la iglesia, pero hay cosas que me están perturbando, aunque sigue en pie mi fe en Cristo.

En ese periodo de los años 50 y 60, el tema del abuso sexual de niños y jóvenes de parte de sacerdotes era un tópico intocable a nivel de un tabú insoslayable aunque se veía la posibilidad de transformaciones de una estructura de veinte siglos.

El Concilio Ecuménico Vaticano Segundo fue anunciado el 25 de enero de 1959 por el Papa Juan XXIII y la primera sesión la preside el mismo Papa en el otoño de 1962.  El anuncio de este magno evento sorprendió a cardenales y obispos que quizás no esperaban un encuentro de esta magnitud que reunió a dos mil padres conciliares.

Algunos temas para la discusión era una búsqueda de soluciones a la presión que recibía la iglesia a comienzos de la época de los 60 donde las feligresías de todo el mundo pedían reformas y una de las más simples, era reemplazar el latín, la lengua oficial del Vaticano en los rituales y misas; por el lenguaje de las regiones geográficas del mundo. 

Sin embargo había también temas teológicos y de dogma que requerían de una resolución después de un lapso de casi 90 años que habían pasado desde el Concilio Vaticano Primero que se inició el 8 de diciembre de 1869 y había finalizado el dos de octubre de 1870.

En este contexto de cambios de la década de los 60, los sacerdotes comienzan a despojarse de las arcaicas sotanas que era el ropaje que utilizaban los estudiantes universitarios en la Edad Media, las misas comenzaron a llevarse a cabo en el idioma de la región, se autorizó el uso de instrumentos típicos de los países para animar los rituales, el sacerdote deja de darle la espalda al pueblo en las misas y en general hubo atisbos de democratización de una iglesia que hasta la década de los años 50 era profundamente y por definición autócrata y monárquica.

Sin embargo el tema de relaciones sexuales prohibidas a los sacerdotes obligados por los votos de castidad, y obediencia no se exponían ni tampoco representaban una preocupación ética ni moral ya que situaciones como estas, la homosexualidad y casos de pedofilia eran secretos y tabúes.

  Del 26 de agosto al 8 de septiembre de 1968 se lleva a cabo en Medellin, Colombia la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que entre otros temas tales como el de la promoción del hombre y de los pueblos hacia los valores de justicia, paz y educación familiar; la tarea de evangelizar, catequizar y asuntos relacionados con la liturgia; y la necesaria consideración de problemas que giraban en torno a las comunidades religiosas con un acento en la Doctrina Social de la Iglesia, fueron su enfoque primordial.

Nuevamente los temas tabúes no tuvieron lugar en estas discusiones que si destacaron el papel de la Iglesia en cuanto a buscar una salida a los problemas sociales y políticos de las anquilosadas estructuras económicas y políticas de Latinoamérica, pero no aun a los problemas de abuso sexual de niños o jóvenes por parte de miembros del clero.

No será hasta el siglo XXI específicamente en el 2002 cuando se comienzan a conocer el caso de la diócesis de Boston cuando la iglesia Católica Romana debió gastar $10 millones de dólares en acuerdos legales para compensar a víctimas de abuso y pedofilia. 

Las investigaciones llevaron a revisar denuncias de casos acaecidos en la década de los sesenta y setenta.  Hasta ese momento primaba en el seno de una institución intrínsecamente autocrática la práctica de “acallar” las voces de denuncias y solamente se conocían a través de rumores; juicios secretos en el Vaticano acerca de crasos casos de pedofilia y abusos sexuales.

Los principios de “guardar el secreto” para la “auto preservación” de la institución religiosa que hasta el año 2012 y a nivel mundial reportaba una cantidad de 414,313 sacerdotes; intentaban como había sucedido por siglos, evitar a goda costa el surgimiento de la verdad, pero en un siglo donde las mujeres están más conscientes de sus derechos y ha aumentado una conciencia de la protección de la infancia y la juventud en los Estados Unidos, no se podía tapar el cielo con la mano.

Este escabroso tema de crasa pedofilia donde se calcula que un 4% de los sacerdotes católicos romanos de JUSA han estado involucrado en actos de lesión a la moral y pusieron en peligro a niños y niñas inocentes; ya no puede permanecer en secreto.  Sin embargo lo que más ha impactado a la opinión pública al menos de los Estados Unidos es como obispos, arzobispos, vicarios y monseñores eran parte de la red de secretismo que trasladaba a los curas pedófilos a otras diócesis donde estos continuaban abusando.

Este es un crimen deleznable.

Por esto hay ahora una crisis de transparencia y confianza en la que los feligreses espantados por lo que está sucediendo se están preguntando si sus limosnas y dadivas van destinadas a causas nobles o a pagar los millonarios acuerdos legales que protegen a los curas pedófilos a los que protegidos no alcanza aun la ley civil que en situaciones externas a la iglesia; castigan a los autores de estos crímenes con años de cárcel.   

Las autoridades eclesiásticas han optado por intentos de “curación y tratamiento” de aquellos que han cometido pedofilia, enviándolos nuevamente a diócesis donde estos sujetos continúan engañando al pueblo y cometiendo sus crímenes sexuales.

Pero esto no sucede solamente en los Estados Unidos ya que en Australia se informó que entre los años 1950 y el 2009 un 7% de los curas católicos romanos habían estado involucrados en actos de pedofilia. 

Hay clamores que exigen castigo, separación de los pedófilos de la iglesia, prevención, transparencia y justicia.

Hasta ahora el Papa Francisco ha estado enfrentando la crisis aceptando los hechos e incluso pidiéndole las renuncias a obispos o arzobispos que han callado los escándalos.

Creo que se está haciendo necesaria una nueva reforma de la iglesia que se inició, pero no concluye en 1517 cuando Martin Lutero clava en la puerta de un templo sus noventa y cinco afirmaciones o tesis en la que llamaba a una reforma eclesiástica que terminara con la venta de indulgencias que aseguraban a quien las adquiriese la vida eterna y el cielo, denunciando además los lucros y excesos del Vaticano.

Con el paso de los siglos ya no son necesarios los afiches de Lutero con sus tesis que fueron reproducidas por miles a través de las primitivas imprentas.  Los medios de comunicación, un sistema legal abierto, y las redes sociales se están encargando de ilustrar y dar a conocer las denuncias. 

Me atrevo a compartir estas ideas porque un 40% de los católicos viven en Latinoamérica y merecemos más respeto.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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