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La voluntad de Dios vs. tu voluntad, por la Lic. Liliana D. González

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El físico Albert Einstein declaró: «Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad».

La voluntad es un don de Dios. Él nos dio libre albedrío para tomar nuestras propias decisiones. Nunca ha sido su intención obligarnos a aceptarlo y seguirlo; al contrario, su plan siempre ha sido que el ser humano le ame y le obedezca libremente.

Esto ha sido así desde el principio. Dios creo a Adán y a Eva para que fueran sus amigos. Los puso a vivir en el huerto del Edén y les proveyó todo lo que necesitaban. Ellos eran muy felices, no tenían problemas y no conocían el sufrimiento ni la muerte hasta que decidieron rebelarse contra Dios para seguir su propio camino. Como resultado, Dios los expulsó del Edén y la amistad que tenían con Él se quebrantó. Desde ese día caminaron apartados de la gloria de Dios.

El libre albedrío es, pues, un arma de doble filo, si no aprendemos a tomar sabias decisiones enfrentaremos severas consecuencias, siendo la peor de todas, la muerte eterna.

Permíteme contarte una experiencia personal para ilustrar lo que trato de expresar. Tenía seis meses de embarazo cuando mi esposo y yo le pedimos al médico que después del nacimiento de nuestra segunda hija cortara mis trompas de Falopio (intervención de cirugía para cerrar de forma definitiva e irreversible los conductos que conectan los ovarios con el útero). Jamás nos pasó por la mente la idea de consultar a Dios, para nosotros era una decisión lógica debido a los serios problemas de salud que presenté en mis dos embarazos. A pesar de que la niña nació prematura el médico no objetó la decisión y cercenó mis trompas de Falopio.

Las consecuencias fueron nefastas. Murió la niña y quedé imposibilitada para concebir de modo natural. ¿Era esa la voluntad de Dios para nosotros? No. Dentro de sus planes no estaba contemplado el sufrimiento que padecimos por nuestra mala decisión. Cuando nos alejamos del Señor también lo hacemos de sus propósitos. «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jer 29:11).

La voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Ro 12:2). Sin embargo, la mayoría de las veces elegimos desobedecer a Dios, ya sea por desconocimiento o porque pensamos que nos va a ir mejor si hacemos lo que queremos. «Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas; hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros» (Is 53:6 NTV).

La obediencia es el termómetro con el que Dios mide nuestro amor por Él. «Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos» (Jn 14:15 NVI). Obediencia no es sinónimo de esclavitud, es amor a un Dios fiel y verdadero que nos amó primero.

Dios no manda las desgracias ni es el culpable de nuestro sufrimiento, la mayoría de los problemas que afrontamos son el resultado de nuestras malas decisiones. Proverbios 19:3 dice: «La gente arruina su vida por su propia necedad, y después se enoja con el Señor».

No tomes decisiones importantes sin consultar a Dios. Permite que la paz que viene de Cristo dirija tu mente rechazando o aprobando lo que te dispones a hacer. El conocimiento de la Palabra de Dios ofrece sabiduría para tomar decisiones correctas. En muchas ocasiones, el Espíritu Santo nos avisa a través de presentimientos o corazonadas cuando estamos a punto de tomar decisiones equivocadas. Presta atención al susurro apacible del Señor para que siempre hagas su voluntad y te vaya bien en todo.

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