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No aportilles tu vallado, por Lic. Liliana D. González

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«El que hiciere hoyo caerá en él; y al que aportillare vallado, le morderá la serpiente» (Eclesiastés 10:8). La Biblia dice que tenemos un enemigo (Satanás) y aunque no lo podemos ver, sabemos que es real porque deja testimonios de su existencia diariamente; basta con abrir el periódico en las páginas de sucesos para estremecernos con los asesinatos de la noche anterior. Sus huellas quedan impresas en la violencia doméstica, en los divorcios, suicidios, homosexualidad, pornografía infantil, embarazos precoces, brujería, idolatría… Con sus artimañas, controla las mentes desprovistas de defensa. Por esta razón, debemos hacerle frente a nuestro adversario invisible con armas que no pertenecen a este mundo. Si levantamos una gran muralla (la Palabra de Dios) en nuestra mente, con muros fuertes (pensamientos de Cristo), derribaremos los argumentos del diablo y los malos deseos de nuestro corazón.

¿Por qué la mente debe ser amurallada? Porque nuestras conductas son producto de nuestros pensamientos y, en muchos casos, son fruto de los dardos u ofrecimientos del maligno. Si aprendemos a identificarlos nos protegeremos de las artimañas del diablo. Esa serpiente continúa engañando al mundo como lo hizo con Eva en el huerto del Edén, su meta es cegar los ojos de nuestro entendimiento para evitar que nos ilumine la luz del evangelio.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, aportillar significa romper una muralla o pared. «El que cree estar firme, tenga cuidado de no caer» (1 Corintios 10:12). Siempre vamos a ser tentados. El distraído, el que vive sin oración, es el más vulnerable a abrirle brechas a su mente. No basta con asistir los domingos a la iglesia o ser un seguidor de Jesús, aquel que no medita en la Palabra de Dios ni la ejercitas en su vida diaria, es un oidor olvidadizo y de seguro lo morderá la serpiente. Todo pensamiento pásalo por el filtro del Señor, llévalo cautivo a sus pies, si no está de acuerdo con su voluntad mándalo a la basura, no lo recicles, porque una vez que le des entrada habrás abierto un hoyo en tu mente y caerás atrapado por la ponzoña del diablo, cuyo veneno irremediablemente entrará a tu vida y a la de los tuyos.

Recuerda que no estás solo. Todo lo que haces afecta a las personas que más quieres. Si cometes adulterio, mientes, robas, riñes, te embriagas y sigues los malos deseos de tu corazón (Gálatas 5:19), estás aportillando tu vallado. Las brechas abiertas les dan entrada a escorpiones, culebras, ratas, arañas, alacranes y cualquier clase de víbora inmunda entrará a tu hogar enfermándolos a todos. Después no valdrá llanto ni remordimientos, pues el mal es como un tumor maligno que crece escondido y cuando le es imposible mantenerse oculto ha hecho metástasis.

Por lo tanto, hermanos míos, «no imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2 NTV).

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