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La vida del inmigrante Nelson Pinos, cambió desde su ingresó a una iglesia santuario

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El inmigrante ecuatoriano Nelson Pinos, completó más de 325 días de haber hallado santuario en el interior de la iglesia “First & Summerfield United Methodist Church”, del 425 Church Street, de New Haven, Connecticut, donde buscó refugio a finales del año pasado esperanzado en evitar una deportación.


Han pasado ya casi 11 meses y desde su llegada a la iglesia -ocurrida el 30 de noviembre del 2017-, y la vida de Pinos le ha cambiado totalmente, tanto en su movilidad cotidiana como también en su modo de pensar. Claro, desde esos precisos momentos en que se acogió al amparo de la iglesia, dejó de ser aquel padre de familia ejemplarizante que solía levantarse sagradamente a las 5:30 a.m. para salir con destino a la factoría donde trabajaba en busca del sustento para los suyos. En esos instantes, lo dejó todo a la mano de Dios, esperando que en algún momento las autoridades de Inmigración se apiadaran de él dándole otra oportunidad, lo que aun no ha sucedido.

Nelson Pinos vive refugiado en la iglesia “First & Summerfield United Methodist Church” que le sirve de santuario para tratar de evitar su deportación. Y a pesar de que allí pueden visitarlo sus vástagos en cualquier día y en cualquier momento, el extraña las caminatas y las vacaciones que se daban juntos como una familia normal. “Me imagino, que si yo lo siento, mis hijos mucho más todavía….”, señalaba a “La Voz Hispana de Connecticut”.

Kelly Pinos, en el centro, con su familia en New Haven, en la iglesia santuario donde se hospeda su padre, Nelson. Lleva un monitor ICE en el tobillo. /CréditCréditMonica Jorge para The New York Times

 “Los primeros días fueron brutales ya que estaba acostumbrado a tener un trabajo y vivía de manera normal, a pesar de que uno como inmigrante siempre anda con el miedo de lo que pueda pasar. Sin embargo, siempre trataba de no aparentar temor para no crear zozobra en el hogar. Mi ilusión era el de  llevar una vida tranquila, sacando a pasear a mis hijos normalmente, visitando tiendas, y moviéndonos como una familia regular”, explicaba el inmigrante ecuatoriano.

Desde ese momento hasta la fecha de hoy, bien pudiéramos decir que Pinos tuvo que empezar a re-estructurar su vida y la de sus seres queridos. Hasta las comidas y el horario de irse a la cama variaron considerablemente. Y otra cosa: Ya empezaba a depender de los demás. 

“Todo cambio. Es que de la noche a la mañana –y a partir de ese momento-, debía permanecer en un lugar donde tendría que vivir las 24 horas al día, y en donde lo único que uno puede hacer es mirar por la puerta o salir afuera detrás de las rejas de la edificación, a recoger un poquito de aire. Eso lo pone a pensar a uno,” nos decía. “Además, después de tantos años de valerme por sí mismo, por estas mismas circunstancias, tuve que aceptar que estaría dependiendo de los demás. Es que ahora estoy supeditado a lo que otras personas me proveen, y eso me hace sentir muy incómodo.”

Y eso no es todo, ya que a partir de esa fecha,  sus seres queridos empezaron a verse privados de verlo deambular alrededor del nido hogareño, algo que sembró de tristeza y desconsuelo en la familia. Estaban desorientados, pues ya no lo podrían ver partir muy temprano en la mañana, ni menos verlo llegar, como los tenía acostumbrados. Ahora tendrían que acudir a otro lugar para poder estrecharlo entre sus brazos y en una nueva morada, a la cual ellos no estaban acostumbrados, pero a la que le agradecen eternamente.

“Mi familia también ha sido afectada tremendamente. Mi esposa y mis tres hijos, a pesar del problema siguen viviendo en el mismo lugar, gracias a la ayuda de las iglesias y de la comunidad. A veces ellos hacen una recaudación de fondos por medio de la internet, y cosas así,” nos contaba Nelson. “Yo también hago lo mío,  ya que desde que comencé a crear a mi familia y a tener más conciencia sobre nuestra economía, siempre trate de no vivir cheque a cheque y pensando en el mañana. Eso es algo que nos ha ayudado a sostenernos mucho también.”

Y no es que solamente el inmigrante ecuatoriano haya perdido la visión cotidiana de su hogar, y la salida a las tiendas o paseos con sus hijos. En su lucha por evitar su deportación inevitablemente perdería su trabajo también. Y en medio de ese amargo divagar, ni siquiera sus ex – empleadores se le han acercado para saber qué necesita o cómo se encuentra. Esas son las lecciones que nos da la vida, cuando caemos en desgracia.

“Mis antiguos patronos en la factoría donde trabajaba no se meten con esto ya que es una compañía que hace muchos trabajos para el gobierno. Ellos no quieren saber nada de mí. Con decirle que dos semanas después que deje de ir a trabajar los llame a pedirles información de algo, y la respuesta de ellos fue contundente: No sabemos que tienes, pero nosotros no te podemos ayudar”

Nelson Pinos nos cuenta que él primeramente llegó a los Estados Unidos en 1992, en busca de una vida mejor. Tiempo después fue detenido por las autoridades de Inmigración, y por esa razón –a través de los anos- se tuvo que estar reportando con ellos, algo que realizo con suma puntualidad y verdadera aptitud. Desafortunadamente, en octubre del 2017, le avisaron que tenía que salir del país voluntariamente antes del 30 de noviembre de ese mismo año. Él, para evitar su deportación, buscó santuario en el lugar donde actualmente se encuentra ahora, “First and Summerfield United Methodist Church”.

El inmigrante ecuatoriano, oriundo de la provincia de Azuay, agradece mucho la ayuda que le ha prestado la iglesia, las agencias comunitarias como Unidad Latina en Acción y otras más, lo mismo que la gente en general. Esto le ha permitido permanecer cerca a sus hijos, a quienes adora y extraña. Y eso vale mucho para él.

“De esa manera yo puedo ver y hablar con mis niñas Kelly, de 16 años, y Arily, de 13, casi todos los días, pero a mi hijo –el más chiquito-, prácticamente todos los siete días de la semana”, nos contaba con entusiasmo, Nelson, quien también destacó las visitas de su pequeño perro de raza jitzu, a quien también extraña de veras. “Cuando viene aquí se pone bien contento. Es decir, los dos nos ponemos bien contentos.

En el amplio salón central del sótano de la iglesia “First & Summerfield Church” pasa la vida Nelson desde las horas del amanecer hasta el anochecer. Su vida allí es simple. A pesar de sus límites, se ha tenido que acomodar a las circunstancias que rodean su situación. “Este encierro me ha cambiado como ya se lo dije. Al principio yo estaba acostumbrado a levantarme en la casa a las 5:00 a.m., para correr hacia el trabajo y me acostaba a las 8:00 o 9:00 p.m. Luego de mi arribo aquí, poquito a poquito me fue cambiando el horario. Ahora me acuesto a las doce de la noche o una de la madrugada, y me despierto a eso de ocho y media, nueve o nueve y media de la mañana”, nos decía.

Una de las cosas que más le duele a Nelson, en medio de su situación, es la falta de apoyo de sus compatriotas, quienes no se sienten para nada. Lo mismo opina de los que actualmente rigen los destinos del Consulado Ecuatoriano.

“Lastimosamente pudiera decir que muy poco. La mayoría de mis compatriotas no se les ve por ningún lado. Ellos seguramente piensan: ‘como yo no estoy pasando por esas circunstancias, a mi no me interesa lo que les pasa a los demás….’. Y así se quedan sin tomar acción alguna”.

“Con relación a la actual representación del Consulado General del Ecuador en New Haven, le puedo decir que tampoco han hecho mucho por la situación en que me encuentro. Sí mandaron a alguien para ver si era posible realizar un evento en busca de comida, pero de trabajar directamente en mi caso, NO! ESA ES LA TRISTE REALIDAD!”

Por estos días Nelson Pinos pasa su vida haciendo tareas de limpieza en el lugar que le sirve de santuario, lo que combina con la lectura de la Biblia, la presencia de su familia, y  las visitas y el apoyo que le brindan las personas que lo siguen respaldando en su lucha por lograr que las autoridades de Inmigración le concedan una nueva oportunidad para que su caso sea pueda ser revisado. Precisamente, este miércoles pasado, 24 de octubre/2018, muchas de esas personas, agencias, líderes políticos y activistas comunitarios realizaron un rally afuera de las oficinas de Inmigración en Hartford, tratando de buscar una salida temporera a la situación en que se encuentra este humilde y comprometido padre de familia, quien desde hace ya casi 10 meses espera con ansiedad un alivio para su situación. Ojalá que se le den sus sueños y anhelos, para que así la tranquilidad y la alegría retornen al seno de su humilde hogar. ¡YA ES HORA!

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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