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Una lata de Coca-Cola ayuda a resolver un crimen cometido hace casi 30 años

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Después de casi tres décadas sin saber quién podía haber acabado con la vida de una joven norteamericana, la inestimable ayuda de una mujer logró echar luz gracias a un refresco

POR RUBÉN RODRÍGUEZ

Era un frío 24 de noviembre de 1989. Mandy Stavik, una joven de 18 años, acababa de regresar a su casa, en Acme (Washington, EEUU), para disfrutar del Día de Acción de Gracias con su famila. Poco antes de comer, sobre las 14:30, decidió salir a dar un paseo con su perro, Kyra. Escasos minutos después, el can regresaba solo a su casa, haciendo saltar todas las alarmas: horas más tarde, la policía encontraba a la joven estudiante muerta flotando en un río cercano.

El cuerpo de Stavik apareció desnudo, a cinco kilómetros de casa de sus padres. Los forenses llegaron a la conclusión de que un golpe en la parte posterior de la cabeza la hizo caer inconsciente en las aguas del río Nokksack, por lo que pudo morir ahogada. En la autopsia, las autoridades descubrieron restos de semen: era el momento de tratar de encontrar al asesino que había matado a una joven que tenía toda la vida por delante.

Tras realizar una lista preliminar de sospechosos, la policía fue poco a poco descartando a todos los posibles asesinos de la joven. Más de 7.000 pruebas fueron puestas sobre la mesa, donde, por unos motivos u otros, ninguna llevaba a buen puerto. Poco a poco, se fueron ampliando los círculos de investigación, hasta que la policía creyó haber dado con un hilo del que tirar: un hombre que frecuentaba lugares comunes con la víctima.

Se trataba de Timothy Bass. No solo vivía cerca de la casa de Stavik, sino que se había convertido en un asistente habitual a los partidos de baloncesto del equipo en el que jugaba la joven y su casa se encontraba en la ruta en la que desapareció la chica. En un primer momento, las autoridades le pidieron someterse a una prueba de ADN voluntaria, para cotejarlo con los restos de semen y así poder descartarle. Sin embargo, se negó a llevarla a cabo.

Desde entonces, estuvo en el foco de la autoridades, aunque no pudieron resolver el caso hasta tres décadas después. Contactaron en varias ocasiones con Franz Bakery Outlet, la tienda en la que él trabajaba, pero no consiguieron nada: no tenían pruebas suficientes para pedir una orden judicial y, sin ese documento, sus jefes se negaban a darles ningún tipo de información. Hasta que, en una de esas llamadas, consiguieron contactar con la persona que les daría la clave.

Otra empleada, cuyo nombre no ha sido revelado, dio a la policía la pista fundamental. A sabiendas de que, a veces, Bass comía en el trabajo, empezó a prestar atención para ver si cometía algún descuido, y este llegó el 10 de agosto de 2017. Dicha trabajadora acudió a la papelera en la que el hombre había tirado los restos de comida, de donde recogió una Coca-Cola de la que había bebido directamente de la lata. Esa prueba fue definitiva para las autoridades.

Una prueba que pudo frenar el juicio
Tras analizar su ADN, no había dudas: los restos de saliva de la lata y de semen encontrados en la joven tenían una coincidencia perfecta, por lo que se trataba del asesino o, al menos, de uno de los implicados en el caso. Casi 30 años habían necesitado las autoridades para conseguir la prueba definitiva que vinculara a este hombre con la víctima: el 12 de diciembre de 2017, Bass era detenido acusado de asesinato en primer grado.

Sin embargo, la defensa de Bass iba a alegar que la obtención de la prueba no debía tener validez: “Creo que es bastante obvio que han utilizado a un intermediario para recopilar pruebas contra mi cliente en un área donde anteriormente se les prohibía obtenerla, lo que viola un interés fundamental en la privacidad”, aseguró al ‘Bellingham Herald’. “Fue una trampa ilegal”, afirmó, por lo que presentó un recurso para evitar que Bass pudiera ser juzgado.

El pasado mes de agosto, un juez no aceptó el recurso, al entender que la prueba era admisible al tratarse de una idea que se le ocurrió a la empleada sin ser conminada a ello por las autoridades. La defensa de Bass volvió a apelar, y no ha sido hasta esta semana que se ha vuelto a denegar el recurso, por lo que Bass será juzgado, previsiblemente, en abril de 2019. Así es como una lata de Coca-Cola ayudó a resolver un crimen silenciado durante 30 años. ElConfidencial.com

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

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