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Un ángel del Señor

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Cuando nuestra hija tenía cuatro años fue remitida de emergencia a terapia intensiva debido a una crisis asmática. A mi esposo y a mí nos invadió el pánico y sin querer le transferimos ese temor a nuestra pequeña. Durante los siete días que estuvo hospitalizada las horas se hicieron densas e infinitas. Su llanto traspasaba la puerta giratoria y no podíamos entrar a consolarla. Suplicábamos a los médicos que nos dejaran pasar, pero era inútil. Hasta que una noble enfermera durante las noches, mientras todo estaba quieto, le permitía el acceso a mi esposo a hurtadillas. Sin que nadie notara su presencia él se deslizaba hasta la cama de nuestra hija, le agarraba su pequeña manito y en susurros le decía: «¡soy tu papi, todo está bien!». Al sentirlo, su miedo se desvanecía instantáneamente; entonces ella cerraba sus ojitos, mientras él vigilaba su sueño.

Eso hace Dios con nosotros. «No se dormirá el que te guarda» (Salmos 121:3). Él ha dicho: «No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa» (Isaías 41:10-13 NTV). Aunque nos sorprendan los problemas sabemos que Dios siempre está al control de todas las cosas, nuestra confianza en Él nos garantiza que todo saldrá bien.

En esta historia resalta una heroína: la enfermera. Su compasión hacia el dolor ajeno no la hizo ganarse un trofeo mundano y temporal, pero sí acumuló para ella tesoros en el cielo. Con su buena acción mitigó nuestra angustia haciéndola más llevadera.

Los corazones bondadosos son anónimos y desinteresados, son ángeles del ejército de Jesucristo siempre prestos a servir al necesitado. A ellos no los mueve el oro ni la plata, las recompensas, ni los aplausos. Los mueve la compasión y el amor hacia el prójimo. Cristo vino a este mundo a enseñarnos lecciones de amor. A mostrarnos que dando es como se recibe y amando es como alcanzamos la vida eterna.

¿Te gustaría alistarte al ejército de Jesucristo? ¿Quieres llevar luz y esperanza en las situaciones más lúgubres?

Si tu respuesta es afirmativa tienes un bondadoso corazón, requisito número uno para ser un ángel del Señor. Dondequiera que te encuentres, sea cual sea tu oficio o profesión, aunque estés desempleado y con gran necesidad, te aseguro que siempre habrá alguien cerca de ti a quien puedas ayudar. Si no lo has notado es porque tu “egocentrismo” te nubla la visión espiritual. Cuando nos concentramos únicamente en nosotros mismos es como si usáramos unos anteojos sucios que nos impiden ver las penas ajenas. Limpia tus lentes espirituales para que puedas percibir el grito de auxilio de aquellos a quienes puedes favorecer.

Adquiere el compromiso de trabajar para el reino de Dios. Concédele esperanza al angustiado, dale de beber al sediento, provéele alimento al hambriento, atiende a tu prójimo; esa es la cruz que Dios te ofrece llevar. Cuando te responsabilizas por las cargas celestiales las tuyas comienzan a desaparecer.

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