En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

A veces, solo hay una oportunidad, por la Lic. Liliana D. González

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Vamos a recordar las veces en que nos hemos sentido motivados desde lo más profundo de nuestro ser a realizar una buena obra y, por una u otra razón, no hacemos nada. Es más, huimos en dirección contraria a ese llamado que agita nuestro corazón. Podemos dar mil excusas. Tal vez la idea voló por nuestra mente de forma tan veloz que no nos dio tiempo de depurarla, o quizás alguien nos interrumpió en ese momento y se nos olvidó. Lo cierto es que a veces tenemos la oportunidad de hacer lo que el Espíritu Santo nos está moviendo a hacer, y si no obedecemos ese impulso de inmediato, después podría ser demasiado tarde.

Hace poco fui a mi casa en Caracas, al lugar donde nací y crecí. Todo parecía estar igual a como lo dejé hace diecisiete años, al menos eso pensé yo. Una tarde mientras bajaba del auto se me acercó un hombre que se veía abatido, me saludó afectuosamente y sonrió; noté que era un viejo amigo, mi compañero de escuela, “el niño”; así lo apodamos por cariño y así siempre lo llamé.

Me contó que tenía cáncer y que desde hacía dos años luchaba contra la enfermedad. La quimioterapia semanal que recibía acabó con su dentadura, con su cabello y su piel. Parecía un anciano. En ese momento me sentí movida a hablarle de Jesús y a enseñarle la oración de fe; esa corta pero poderosa declaración con la cual aceptamos a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas; si se hace con sincero arrepentimiento, Dios nos abre las puertas del cielo. ¿¡Puedes creer que no lo hice!? Sostenía varías bolsas entre las manos y andaba apurada, deseaba llegar a casa para soltar los paquetes, así que lo único que alcancé a decirle fue que se mantuviera firme en la fe y me despedí.

A los pocos días de ese encuentro me enteré de que mi amigo había muerto. Mi corazón lo lloró desconsoladamente, porque entendí que no fue casualidad que nos encontráramos. Dios preparó ese acercamiento para que yo le anunciara la salvación de su alma. Vivimos tan apurados o enfocados en nosotros mismos que no percibimos esas valiosísimas ocasiones para servirle de manera oportuna al Señor.

Te cuento esta experiencia para que no pierdas la ocasión de anunciar la salvación. Dios mostró su amor para con la humanidad, en que mientras estábamos en la más densa oscuridad, cometiendo toda clase de pecados, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). Él no esperó a que reformáramos nuestras conductas para ir a la cruz, no esperó a que nos transformáramos en santos o a que le amáramos. Él nos amó primero (1 Juan 4:19). Con cada gota de su sangre, Jesucristo selló su amor incondicional y eterno.

Es un deber cristiano anunciar las buenas nuevas de salvación a las almas perdidas en todos los rincones de la tierra como confirmación de que la segunda venida del Señor está cerca.

_______

Copyright 2017. Si quieres leer más artículos como este sígueme en mis redes sociales:

Instagram: @lili15daymar

Facebook: Reflexiones Cristianas Vive la Palabra

Twitter: @lili15daymar

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

Siguenos

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top