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Sigue lucha contra abusadores sexuales, pero cae ley que prohibiría el infanticidio

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STAMFORD. Acorde con la Diócesis de Bridgeport a inicios de semana el Senado no promovió la Ley de Protección a Sobrevivientes del Aborto de Born-Alive: legislación que prohíbe el infanticidio al garantizar que un niño nacido vivo después de un aborto reciba el mismo grado de atención para preservar su vida y salud que se le brindaría a cualquier otro niño nacido vivo a la misma edad gestacional; mientras el Papa Francisco le dice al mundo que hay cero tolerancia para los sacerdotes pedófilos, pero además que hay muchos sacerdotes buenos.

El arzobispo Joseph F. Naumann, presidente de la Comisión de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), emitió la siguiente declaración en respuesta: “No debería haber un proyecto de ley más fácil de aprobar por el Senado que uno que deja en claro que matar a los recién nacidos es incorrecto y no debe ser tolerado”.

Que incluso un senador, y mucho menos 44 senadores votaron en contra de la Ley de protección de sobrevivientes del aborto nacidos vivos, es una injusticia que debería horrorizar e irritar al pueblo estadounidense y comprometernos a tomar medidas políticas decisivas.

Un voto en contra de este proyecto de ley es un voto para extender la licencia de Roe v. Wade para matar a niños por nacer para matar a bebés recién nacidos. El pueblo, la gran mayoría de los cuales apoya este proyecto de ley, debe exigir justicia para los niños inocentes”, dijo.

En tanto, ha concluido, en Roma, el encuentro de los obispos presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, convocados por el Papa Francisco para enfrentar la lucha contra el abuso de menores por parte de miembros de la Iglesia.

El Senado rechazó una moción para adelantar el proyecto de ley en una votación de 53 a 44 con 3 sin votar. En el Senado, se necesitan 60 votos para superar a un filibuster y aprobar un proyecto de ley; mientras en Roma se habla de cero tolerancia a los abusadores sexuales de niños.

No faltan voces que digan que todo sigue igual, que son puras palabras y promesas. Siguen desconfiando, porque muchos han sufrido en carne propia no haber sido escuchados a tiempo y sostienen que sus victimarios no han sido castigados como merecen. Es explicable su postura. De todo aprendemos, para no seguir cometiendo errores del pasado. Sin embargo, no se puede decir que todo quede en palabras. Se ha avanzado mucho, aunque todavía nos falta más para que este delito desaparezca.

Se resalta también que el fenómeno no se circunscribe a clérigos de la Iglesia, sino que es bastante generalizado, aunque son pocas las víctimas que se atreven a denunciarlo. Por ello, lo que la Iglesia está haciendo, debería estimular a otras instancias a profundizar en las raíces e implementar medidas más eficaces para su justo tratamiento.

El Papa Francisco, en su discurso conclusivo de este encuentro mundial, entre muchas otras cosas, dijo:

“Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades.

La primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres niñas, los entrenadores y los educadores. Además, según los datos de Unicef de 2017 referidos a 28 países del mundo, 9 de cada 10 muchachas, que han tenido relaciones sexuales forzadas, declaran haber sido víctimas de una persona conocida o cercana a la familia.

Estamos ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia.

La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética. El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños.

Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad. Hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva. Detrás y dentro de esto está el espíritu del mal que en su orgullo y en su soberbia se siente el señor del mundo y piensa que ha vencido. Detrás de esto está satanás.

Condenemos claramente estos delitos, pero no califiquemos como pedófilos a todos los clérigos. Hay casos muy deplorables, pero la inmensa mayoría es fiel a su vocación y respeta la dignidad de los niños y de la comunidad. Si vemos algún desorden, sigamos el consejo evangélico: hablar directamente con la persona, hacerlo con testigos y, si es necesario, denunciarlo ante la comunidad y las autoridades civiles y religiosas. Y oremos al Espíritu Santo, para purificar más y más a nuestra Iglesia.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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