En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

Música hispana se define en la iglesia

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

DANBURY. Más de dos horas le tomó a Pedro Ruvalcaba, director nacional del Departamento Música Litúrgica de la iglesia católica, con sede en los Ángeles, California; explicar cómo los fieles deben alabar a Dios a través del canto dentro de las homilías (misas) y celebraciones religiosas y cómo en este momento la organización de obispos del país han determinado los parámetros para que la música sea solemne en base al Concilio Vaticano II y sus lenguas vernáculas.

Para iniciar el encuentro, Pedro Ruvalcaba, cantó una de sus composiciones haciendo hincapié que seguramente Dios estará escuchando ese canto comunitario y tomó como ejemplo lo que dice el libro del Evangelio según San Mateo: Donde dos o más estén reunidos en mi nombre ahí estaré yo; y enseguida explicó que como editor del libro Flor y Canto, edición en donde se encuentran los cantos impresos de la iglesia tanto en español e inglés con sus partituras incluidas y que son el referente a seguir dentro de la liturgia nacional; es necesario que los maestros de capilla, los coros y los directores de las parroquias y diócesis entiendan correctamente cuáles son las normas a seguir.

“La iglesia es clara en afirmar que el canto tiene que ser solemne porque es una ofrenda a Dios”, dijo e indicó que el plan de los obispos a nivel nacional es mejorar la liturgia porque NO se trata de que los coros o los instrumentistas conviertan al ministerio de la música en un show artístico sino que sea un “canto comunitario en nivel de bellas artes” y eso da lugar a la solemnidad y por tanto de regalo a Dios por parte de sus fieles.

Ruvalcaba, que tiene 45 años como miembro del Departamento de Liturgia Musical, explicó a los presentes, que en su mayoría eran músicos y cantores de coros eclesiásticos, que en este momento los obispos han dado directrices –a nivel nacional- para que al menos las partes esenciales de la misa sean cantadas en forma solemne y tal como dicta la regla eclesial.

Por ejemplo, dijo, la primera parte que es el “arrepentimiento” donde como iglesia nos confesamos que somos pecadores, se debe cantar el Señor ten Piedad tal como pide el manual litúrgico.

Además, aseveró que la música dentro de la misa sirve para acompañar el ritual. Y enseguida se refirió a la segunda parte conocida como el ritual de “Ofertorio” en donde los fieles entregan las ofrendas al Señor (pan y vino). Y para ese momento, dijo Ruvalcaba: “los cantores deben interpretar un cántico de ofrenda solamente durante el tiempo que dura el ritual.

A esto, un feligrés le dijo a Ruvalcaba: “La mayor parte de veces los coros siguen cantando y el sacerdote debe sentarse a esperar que termine el canto”. Ruvalcaba, le respondió que tenía razón, pero por esa misma causa, los obispos querían normar y educar mejor a los fieles y músicos para que se cumpla el principio de “la música acompaña al ritual”.

Como parte del entrenamiento de Ruvalcaba con los presentes era enseñar la  “Liturgia musical”, una de las preguntas suyas fue cuestionar qué se entendía como “liturgia”. Las respuestas fueron varias pero la acertada, acorde con el Maestro fue: “La liturgia es la obra del pueblo que se ofrece a Dios”, y por ser una manera de expresión hacia lo divino ésta debe ser vista como un acto humilde listo para ser solemne dentro de un acto litúrgico.

Como una reflexión propia para los fieles, Ruvalcaba mencionó que a la hora de cantar o componer o de interpretar, los músicos y los fieles deben estar “convertidos” para comulgar con la divinidad en forma plena y esa plenitud da belleza y armonía y por ende se convierte en un “canto litúrgico solemne en nivel de bellas artes”.

Solo así se puede entender por qué el “negocio” de la música dentro de las liturgias de las misas NO tiene mayor cabida en las iglesias hispanas; porque NO se habla de un nivel de “conversión de los gestores musicales”, dijo Alejandro, un hombre nativo de México, miembro de la parroquia de Saint Peter de Danbury, que canta en los coros de su parroquia. 

Ruvalcaba, extendió el vocablo “convertido” al bautismo, sacramento al que todo ser humano tiene derecho para tener una vida participativa dentro de la iglesia: “Activa, consciente y plena”. Y en forma dicharachera dijo: “San Agustín manifiesta que la música es para los enamorados”, entonces hay que estar plenamente activo y consciente dentro de la iglesia para amar y expresar musicalmente dentro de la liturgia esta frase tan acertada del santo.

Ruvalcaba, narró que lleva más de 40 años dictando talleres para mejorar la música dentro de la liturgia, y dentro de su experiencia cada vez aprende nuevas formas y nuevos rumbos para que la dinámica musical esté acorde con los tiempos. En referencia a las diásporas del mundo que están en los Estados Unidos y que necesitan sentirse musicalmente acogidos dentro de la iglesia.

“Los vietnamitas me hicieron escuchar dentro de su ritual una música muy propia de ellos. Los puertorriqueños, también me llamaron para que pueda escuchar sus sonidos y comprendo que cada grupo étnico busca expresarse en forma propio con la Divinidad y por eso siempre estamos renovándonos como Iglesia”, repuso.

Ahí, Ruvalcaba tuvo la oportunidad de indicar que cada diez años el libro de cantos litúrgicos conocido como Flor y Canto, tiene una impresión nueva y que de los ochocientos cantos que recoge el texto musical, cien salen porque ya no se siguen cantando y cien nuevos ingresan para poder encontrar un balance con lo nuevo.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

Siguenos

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top