En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

Crecer con Jesús, por la Lic. Liliana D. González

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

A pesar de que Jesús es el Hijo de Dios, vino a vivir entre nosotros como un hombre común y corriente. Él se despojó de su divinidad y sapiencia, de toda su gloria y poder para nacer de una mujer. Como no tenía conocimiento alguno, necesitó aprender todas las cosas como cualquier niño. Además de alimentarlo, sustentarlo y educarlo, sus padres le enseñaron a amar las Sagradas Escrituras, lo instruyeron en los principios divinos y lo guiaron hacia el camino correcto, el que lo llevaría a cumplir los propósitos del Señor.

El evangelio de Lucas dice que cuando Jesús era un jovencito “crecía en sabiduría y estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). No solo aumentaba de talla sino que prosperaba en favor y sabiduría divina. María lo arrullaba con himnos y salmos mientras lo amamantaba. Y José, su padre adoptivo, fue quien le enseñó el arte de la carpintería, oficio con el que Jesús sostuvo a su madre y a sus hermanos después de que su padre falleciera. Imagino a José labrando la madera mientras le narraba a su pequeño las proezas del Señor. Fue él quien lo llevó de la mano al templo, quien le hizo memorizar proverbios y recitar pasajes bíblicos. Así, poco a poco, Jesús aprendió a amar y a obedecer a sus padres terrenales y a su Padre celestial.

Del mismo modo en que José y María sembraron en el corazón de Jesús la Palabra de Dios, los padres tenemos la obligación de plantar esa semilla espiritual en la mente de nuestros hijos. La Biblia advierte: “Educa a tu hijo desde niño, y aun cuando llegue a viejo seguirá tus enseñanzas” (Proverbios 22:6 TLA). Hay un tiempo de educar en los frutos espirituales: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22). Ese tiempo es durante la infancia. En esa etapa, los niños reciben con docilidad el conocimiento que los llevará a la salvación mediante la fe en Jesucristo.

Nuestra sociedad necesita hombres y mujeres con temor de Dios; sabios y entendidos en los principios del reino, con disposición al servicio y amor al prójimo. Contrariamente, hemos criado hijos ególatras, egoístas, perezosos, iracundos, ambiciosos, perversos. Estamos viviendo los días que predijo el apóstol Pablo: “La gente solo tendrá amor por sí misma y por su dinero. Serán fanfarrones y orgullosos, se burlarán de Dios, serán desobedientes a sus padres y malagradecidos. No considerarán nada sagrado. No amarán ni perdonarán; calumniarán a otros y no tendrán control propio. Serán crueles y odiarán lo que es bueno” (2 Timoteo 3:2-3 NTV).

Nuestro sistema educativo ha sacado el evangelio de los programas escolares y nosotros lo hemos apartado de nuestros hogares. Nuestros niños no saben orar, no conocen a Dios ni su Palabra. No podemos anhelar una sociedad justa si hemos plantado la desobediencia a los principios de Dios. El cambio y la renovación vendrán cuando hayamos obedecido la exhortación de Jesús: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Lucas 18:16).

Oración por los hijos

“El Señor mismo instruirá a todos tus hijos, y grande será su bienestar” (Isaías 54:13 NVI).

 Señor, gracias por instruirme en tu Palabra. Yo decido caminar en integridad. Nunca más pondré delante de mis ojos cosa injusta. Inscribiré tus estatutos en mi corazón y los enseñaré a mis hijos, hablando de ellos cuando me siente en mi casa, cuando ande por el camino, cuando me acueste y cuando me levante. Derrama tu Espíritu Santo sobre mis hijos para que reciban por fe a Jesucristo, el perdón de pecados y la herencia entre los que han sido santificados. Protégelos de malas amistades, guárdalos del error y de ser engañados. Dales amigos conforme a tu corazón para que no se aparten de tu camino. No permitas que estén envueltos en drogas, alcohol, anorexia, bulimia, violencia, robo, pleitos ni inmundicia sexual. Te ruego que los transformes día a día a tu imagen. Haz que se vean a sí mismos como tú los ves, se amen como tú los amas y cumplan el propósito para el cual tú los has llamado. Gracias, Señor; todo esto te lo pido en el santo nombre de tu Hijo Jesucristo.

 

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

Siguenos

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top