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¡Da lo que tienes, no lo que sobra!, por Waldemar Gracia

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Los problemas económicos, la crisis financiera mundial, la pérdida de empleos y otras desgracias sociales han tenido un impacto negativo sobre las obras de caridad, sobre las donaciones y actos de filantropía y bienestar sobre las personas en gran necesidad y dependientes del bienestar social.

Muchas organizaciones que ayudan al Prójimo han reportado pérdidas significativas en las donaciones que acostumbraban recibir en fechas como éstas. Hay la preocupación de que durante el verano que se aproxima las cosas se pondrán peor para muchos.

Una encuesta reveló que muchas personas que acostumbraban hacer donaciones de dinero a obras de beneficencias han desistido de hacerlo a fin de economizar ahora para tener después. Aunque muchos parecen estar de acuerdos con este concepto, a la verdad es que debería de ser todo lo contrario.

Recuerdo desde muy niño oí decir a muchas personas refranes con mucho sentido y lógica. Por ejemplo; “El que da, siempre tiene”. “Dando es como se recibe”. Estos principios han probado ser ciertos. Cuando decidimos compartir de lo que tenemos, como por obra de un milagro, siempre vamos a tener algo para compartir. Recuerdo que mi abuela siempre hablaba de que la fórmula para estirar el peso era dar limosnas a los menos afortunados. Ella citaba lo que la Biblia dice: El que da al pobre, le presta a Dios (Proverbios 19:17). Cuando se vive confiado en que Dios es el dueño del oro y de la plata entonces sabemos que nada nos faltará por que El no nos va a desamparar por que el va hacer provisión para nuestra familia.

Cuando no compartimos, tal parece que lo que tratamos de ahorrar se deshace, se hace sal y agua. El dinero es como el agua, sino se usa se estanca, y lo que se estanca no produce. Si el dinero fluye, como fluye el agua de un arroyo, estonces producirá y en todo uno prosperará. La Biblia dice: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” 1 Timoteo 6: 6 – 10)

Queremos terminar este artículo con una anécdota positiva que alguien me envió por correo electrónico. Esta anécdota es anónima, y creo que nos ayudará a reflexionar y a convencernos de que es mejor dar que recibir. Veamos:

“Cuentan que un profesional desempleado despertó una mañana y revisó su bolsillo. Todo lo que le quedaba eran unos $10.00. Decidió utilizarlos para comprar comida y esperar así la hora de morir, ya que era demasiado orgulloso como para pedir limosna.

Estaba  frustrado por no encontrar empleo y no tenía a nadie que pudiera ayudarle. Compró su comida y en cuanto se sentó a comer, un anciano y dos pequeños niños se le acercaron y le pidieron que les diera comida, ya que no habían comido en casi una semana.

El profesional los miró. Estaban tan flacos que se les notaban los huesos. Sus ojos se les habían hundido. Con el último pedazo de compasión que le quedaba, les dio su comida.

El anciano y los niños oraron para que Dios le diera bendiciones y prosperidad, y le dieron una moneda muy antigua. El joven profesional les dijo: “ustedes necesitan esa oración más que yo”.

Sin dinero, sin empleo y sin comida, el joven fue debajo de un puente a descansar y esperar la hora de su muerte. Estaba a punto de quedarse dormido, cuando vio un Viejo periódico en el suelo. Lo levantó, y de repente leyó un anuncio para los que tuvieran monedas antiguas, las llevaran a cierta dirección.

Decidió ir a ese lugar con la moneda antigua que el anciano le había dado. Al llegar al lugar, le dio la moneda al propietario del lugar. El propietario gritó, sacó un gran libro y le mostró al joven graduado una foto.

Era la misma moneda, cuyo valor era de 3 millones de dólares. El joven graduado estaba muy emocionado mientras el propietario le dio un cheque certificado por los 3 millones. El joven cobró el dinero y se fue en búsqueda del anciano y los niños. Para cuando llegó a donde los dejó comiendo, ya no estaban. Le preguntó al dueño de una cantina cercana si los conocía. El dueño le dijo que no los conocía, pero que le habían dejado una nota. Rápidamente abrió la nota pensando que averiguaría donde encontrarlos.

 Esto era lo que la nota decía: “Nos diste todo lo que tenías, y te hemos recompensado con la misma moneda. Firman: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. 1 Reyes 17:10-16; Mateo 11:28-30.”

“Aquel que seca tus lagrimas no es el que te ama…el que te ama es aquel que evita que las derrames”

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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