En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

El ejército del Todopoderoso, por Lic. Liliana D. González 

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

En cierta ocasión, el rey de Siria, quien estaba en guerra con Israel, envió sus tropas para capturar al profeta Eliseo, porque tenía la costumbre de contarle a su enemigo (por revelación del Espíritu Santo) todos sus movimientos e intenciones militares. El destacamento llegó de noche y cercó la ciudad. Por la mañana, cuando el criado de Eliseo se levantó, vio un ejército con caballos y carros de combate rodeándolos.

“ —¡Oh señor! ¿Qué vamos a hacer ahora? —gritó el joven a Eliseo.

—¡No tengas miedo! —le dijo Eliseo—. ¡Hay más de nuestro lado que del lado de ellos!

Entonces Eliseo oró: «Oh Señor, ¡abre los ojos de este joven para que vea!». Así que el Señor abrió los ojos del joven, y cuando levantó la vista vio que la montaña alrededor de Eliseo estaba llena de caballos y carros de fuego” (2 Reyes 6:15-17 NTV).

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento registran las apariciones de ángeles. Ellos son espíritus ministradores creados por Dios y enviados por Él para servir a los herederos de la salvación (Hebreos 1:14). A los ángeles no se les rinde culto, no se les ora, ni se les encienden velas como algunos acostumbran. El único digno de adoración es el Señor (Hebreos 1:6; Colosenses 2:18). El apóstol Juan, después de tener una visión del cielo y de los acontecimientos que antecederán el fin del mundo, se postró a los pies de un ángel para adorarlo y este se lo impidió: “No, no me adores a mí. Yo soy un siervo de Dios tal como tú y tus hermanos los profetas, al igual que todos los que obedecen lo que está escrito en este libro. ¡Adora únicamente a Dios!” (Apocalipsis 22:9 NTV). 

Aunque no poseen un cuerpo físico como el nuestro, los ángeles tienen la facultad de adquirir forma humana. La Biblia dice que “algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13:2). Así que está atento porque puedes toparte con uno, hablarle e incluso compartir tu almuerzo. Algo así me sucedió a mí.

Había tenido un día agotador. Deseaba llegar a casa para lanzarme sobre la cama. Miré el reloj de muñeca por enésima vez, eran las 9:30 de la noche, faltaba media hora para salir del aula y el profesor parecía no tener prisa. Los nombres de los pintores renacentistas daban vueltas en mi cabeza. “¿Cuándo acabará la clase?”, susurré entre dientes.

Al salir del aula, caminé de prisa hacia el auto. Era un Malibu del año 80 en buen estado. Mi madre me lo prestaba para ir a clases, y mi tío, experto mecánico, lo chequeaba constantemente. Fue una sorpresa que no encendiera aquella noche: “¡Dios mío!, ¿qué hago?”, continué con mi monólogo interno. Quedaban pocos autos parqueados, pronto cerrarían las puertas de la universidad y yo no tenía un plan B. Me pareció peligroso buscar un taxi a esa hora, Caracas es una ciudad insegura y de noche el riesgo se agudiza.

De pronto, un chico se acercó con disposición a ayudarme. Levantó el capó del auto y con una linterna echó una ojeada al motor. “¡Aquí parece estar el problema!”, dijo sonriendo. Enseguida se arremangó la camisa, metió las manos dentro y sacó la correa del alternador partida. “¿Tienes otra correa?”, inquirió. Ahí vi todo color de hormiga, yo sé de correas y alternadores lo mismo que sé de astronomía. Creo que comprendió mi ignorancia y volvió a sonreír. Era alto, con bonitas manos, no pude disimular la vergüenza de verlo embadurnarse de grasa, sin embargo, él parecía disfrutarlo. Milagrosamente hallamos una correa nueva en el maletero. Entonces el buscó sus herramientas e inició una corta plática mientras solucionaba la falla. Yo estaba tan nerviosa que cuando terminó de reparar el auto, encendí el motor y suspiré aliviada; después de agradecerle me fui sin preguntarle su nombre.

¿Me creerías si te digo que durante los cinco años de mi carrera siempre lo busqué y nunca lo vi? No lo encontré ni en los pasillos, ni en los jardines, tampoco en la biblioteca ni en el comedor de la universidad. Para mí fue un ángel enviado por Dios para guardar mi vida. Solo el Señor sabe a lo que me exponía aquella noche.

Todo el que tiene a Dios como su fortín vive seguro y confiado, porque un ejército de ángeles celestiales acampa a su alrededor. 

ORA LA PALABRA

“Él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna” (Salmos 91:11-12 NVI). 

Señor, hoy me uno al coro de ángeles que alrededor de tu trono te alaba y glorifica por lo que eres: “Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6:2-3 NVI). Gracias, Padre amado, porque me guardas a mí y a los míos en ciudad asediada. Tú nos libras del furor de nuestros enemigos, nos exaltas por encima de nuestros adversarios, nos salvas de los hombres violentos. Aunque un ejército acampe contra mí no temerá mi corazón; aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, estaré confiado (Salmos 27:3), porque el ángel del Señor acampa alrededor de mí y de los míos y nos defiende (Salmos 34:7). En el nombre de Jesús, te pido que abras nuestros ojos espirituales para que podamos ver tu poderoso ejército de ángeles celestiales protegiéndonos en medio del peligro. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado (Salmos 4:8).

________________

Copyright 2017.

Si quieres leer más artículos como este sígueme en mis redes:

Home

https://www.facebook.com/reflexionesvivelapalabra/

https://twitter.com/lili15daymar

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

Siguenos

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top