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Receta contra el Conformismo, por Waldemar Gracia

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Todos buscamos la comodidad. Vivir con el comodismo y el facilismo ha sido nuestro anhelo en la vida por mucho tiempo.

Pero, una de las cosas más difíciles para nosotros los humanos es aceptar los cambios. Todos tenemos una zona de “confort” que no estamos dispuestos a salir de ella. No importa lo moderno que digas que eres, y lo dispuesto que estés a aceptar nuevos retos, siempre hay algo que nos ata a un estilo o forma de vida que no estamos dispuestos a cambiar. Lamentablemente, ahí puede estar la explicación de por que nuestra situación como persona o tal vez como pueblo no progresa. La falta de progreso no es un problema externo, es un problema interno. Ha habido personas que en momentos de crisis o de miseria han podido salir adelante y sabiendo aprovechar las circunstancias y hacer fortuna. Recuerda que para los Chinos la palabra crisis significa: “oportunidad”.

Todos buscamos de una forma u otra de encontrar la prosperidad. Todos soñamos con vivir un día sin deudas o con tener la oportunidad de comprar todo aquello que se nos antoje sin tener que preocuparnos por cuanto cuesta.

Pero la verdadera clave de la prosperidad no radica ni en la suerte ni en la comodidad. La clave radica en tomar los retos y problemas de la vida y convertirlos en oportunidades. Hay que aprender a desprenderse de todo aquello que nos impide ver las posibilidades y oportunidades que nos trae la vida.

 Considera la siguiente historia y llega a tus propias conclusiones: “Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vió a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?”

El señor calmadamente respondió: “Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.”      

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: “busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco.”  El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia.   Más como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedo grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.     

Un bello día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con auto en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.  El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacía unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?”
  El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.”
     Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia la cual es una convivencia con la rutina, nos hace dependientes, y el mundo se reduce a lo que la vaquita sagrada nos brinda.     

Ddescubre cuál es tu vaquita sagrada y anímate a arrojarla por el precipicio. nada fácil, ¿no?

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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