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La cadena Walmart sólo venderá munición para escopetas

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Lo que no es capaz de decir el Congreso de Estados Unidos, de donde no ha salido una sola ley de control de armas desde hace 25 años, lo ha dicho la cadena de supermercados Walmart: “El status quo es inaceptable”, afirma su consejero delegado, Doug McMillon, en una nota a sus 2,3 millones de empleados.

El número uno mundial de la gran distribución ocupa un lugar discreto en el comercio de armas en Estados Unidos (su cuota de mercado es del 2%) pero no así en la venta de munición. Una de cada cinco balas que se disparan en el país –más que en ningún otro del mundo en tiempos de paz– ha salido de sus estanterías, pero esto está a punto de cambiar. En cuanto liquide sus inventarios, Walmart dejará de vender munición para armas cortas y de estilo militar. También ciertos cartuchos, indicados para la caza y el tiro deportivo pero que también pueden utilizarse en armas militares, van a desaparecer de sus estantes. En el 2015 la cadena había dejado de comercializar fusiles de asalto semiautomáticos tipo AK o el popular AR-15 pero seguía vendiendo munición a sus propietarios. La empresa calcula que su cuota de mercado en este sector pasará en breve del 20 al 6 o el 9%.

Walmart también dejará de ofrecer revólveres en sus tiendas de Alaska, el único estado del país donde todavía lo hacía después de retirarlos de la venta a nivel nacional en los años noventa. Esto no quiere decir que la cadena, con sede en Arkansas y cientos de tiendas en zonas rurales, conservadoras, muy aficionadas a las armas, abandone del todo el negocio. “Tenemos una larga tradición como compañía de servicio de cazadores responsables y deportistas, y vamos a seguir haciéndolo”, explicó McMillon.

“No hay soluciones sencillas” pero ha llegado la hora de “dar pasos constructivos para reducir el riesgo de que hechos como esos puedan volver a ocurrir”, explicó el director ejecutivo de Walmart. En agosto, sus grandes almacenes se han convertido en el escenario de varios incidentes con armas, el más grave de ellos, un tiroteo masivo contra latinos que costó la vida a 21 personas en El Paso (Texas). “Es vergonzoso ver a Walmart ceder a la presión de las élites antiarmas”, critica la Asociación Nacional del Rifle, que vaticina que muchos clientes les abandonarán en favor de otras empresas “que defienden más las libertades fundamentales”.

Además, la cadena de supermercados pedirá a sus clientes que no lleven armas a la vista, aunque las leyes de los estados así lo permita. Desde los últimos incidentes, muchos clientes de Walmart habían dicho sentirse inseguros al cruzarse por los pasillos con personas armadas. La cadena de supermercados Kroger anunció una decisión similar el mismo día, más de cinco años después de que el grupo Moms Demand Action lanzara una campaña para pedir a la empresa que prohibiera portar armas en sus instalaciones. “La tendencia está cambiando”, se felicitó Shannon Watts, fundadora de este grupo pro control de armas. Estos anuncios “envían una fuerte señal cultural de que si los legisladores no protegen a los ciudadanos, las compañías van a proteger a sus clientes”, celebró.

El consejero delegado de Walmart, la empresa con más empleados del país, controlada por voces conservadoras, va a escribir a la Casa Blanca y al Congreso para exigirles medidas “de sentido común” para reducir las altas cotas de violencia por armas de fuego que sufre EE.UU. Es un caso único en el mundo, un país con más pistolas que habitantes, concentradas en cada vez menos manos, donde seis de cada diez ciudadanos (y nueve de cada diez demócratas) querrían ver leyes federales más estrictas que el Congreso es incapaz de aprobar. La presión sin embargo crece.

Aunque sus efectos prácticos vayan a ser probablemente limitados, el posicionamiento de Walmart es no sólo una victoria sino una valiosa munición para los grupos a favor de un mayor control de armas en su campaña para que el Congreso, a la vuelta del receso estival, apruebe alguna de las leyes que tiene sobre la mesa, impulsadas por la Cámara de Representantes (controlada por los demócratas) y bloqueadas en el Senado, que no va a someter ninguna propuesta a votación hasta que el presidente Donald Trump dé alguna señal. Aunque en el pasado ha abogado por reforzar el control de antecedentes en la venta de armas, una medida sobre la que hay un amplio consenso social, luego ha dado marcha atrás. La última vez, después del atentado terrorista (como tal se está investigando) de El Paso, que coincidió con otro en Dayton (Ohio) que elevó a 31 el número de muertos sólo en tiroteos masivos aquella noche de verano.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

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