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JESÚS PASÓ POR ESO, por la Lic. Liliana D. González

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¿Has recibido malas noticias? Cristo también. El evangelio de Mateo narra que después de que Herodes mandó a decapitar a Juan el Bautista, sus discípulos recogieron el cuerpo y le dieron sepultura. Cuando Jesús recibió la noticia, se fue de allí Él solo, en una barca, a un lugar apartado (Mateo 14:13).

Jesús fue a buscar consuelo en Dios. Esa es la actitud correcta frente a las penas de la vida. Pudo haber ido a desahogarse con sus discípulos, sin embargo, para Él era apremiante estar a solas con su Padre. Todo dolor, enfermedad y sufrimiento lo podemos superar con la ayuda de Dios.

La tarde del jueves 5 de agosto del 2010, el mundo recibió una escalofriante noticia: treinta y tres mineros quedaron atrapados a 720 metros de profundidad debido a un derrumbe en la mina San José, ubicada al noroeste de la ciudad chilena de Copiapó.

Nada se supo hasta 17 días después, cuando José Ojeda, viudo, de 47 años, envió a la superficie un trozo de papel arrugado con la inscripción: “estamos bien en el refugio los 33”. Se desató entonces una carrera contrarreloj para perforar una vía de rescate por la que emergieron sanos y salvos 69 días después.

¿Qué pudo mantenerlos con vida bajos toneladas de piedra, con poca agua y comida?  ¿Quién los sustentó en las profundidades del abismo? Nada más y nada menos que la Palabra de Dios. Desde la superficie les fueron enviadas treinta y tres biblias con el firme propósito de darles esperanza. El Salmo 23 afirma: “Jehová es mi pastor; nada me faltará […]. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Si algo aprendieron esos treinta y tres hombres a orillas de la muerte fue a depender apasionadamente de Dios.

No hay tormento, desilusión, ni sufrimiento que Jesús no haya padecido. Soportó el engaño y la traición (Lucas 22:48). Vivió el horror de la crucifixión (Lucas 23:21). Cargó sobre Él los pecados de la humanidad (1 Juan 2:2). Llevó todas las enfermedades sobre su cuerpo, se retorció de dolor en la cruz. Lo despreciaron y desecharon (Isaías 53:4). Su hermoso rostro fue desfigurado, nada de humano tenía su aspecto (Isaías 52:14). Perforaron sus manos y sus pies y sobre su ropa echaron suertes (Salmos 22:18). Experimentó todas las tentaciones, aunque no cedió a ninguna (Hebreos 4:15). En su pobreza no tuvo dónde recostar su cabeza (Mateo 8:20). Y llegó a sentir tanta sed que rogó por un poco de agua (Juan 19:28). En cualquier circunstancia que enfrentes, ora incansablemente; Jesús te entiende, porque pasó por eso.


ORA LA PALABRA

 

“¡Sálvanos, Mesías nuestro! ¡Bendito tú, que vienes en el nombre de Dios! Por favor, ¡sálvanos, Dios altísimo!” (Mateo 21:9 TLA).

Padre, yo sé que entiendes mi sufrimiento, porque Jesucristo soportó mayores padecimientos que los que yo puedo soportar. Y todo lo sobrellevó por amor a mí. Te doy gracias, Señor, por tu amor y misericordia eterna. Te ruego, en el nombre que es sobre todo nombre, que en el día de la angustia me escondas en tu tabernáculo; ocúltame en lo secreto de tu tienda; y sobre una roca ponme en alto (Salmos 27:5). Yo te bendeciré en todo tiempo; mi alabanza estará de continuo en mi boca. Cuando sienta deseos de quejarme y protestar por las aflicciones de la vida, recordaré que tu Hijo Jesucristo pasó por eso.

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Lic. Liliana Daymar González

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