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Centros religiosos, frecuentes blancos de ataques en el 2019

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Por DAVID CRARY

(AP).- El 1ro de diciembre un grupo de individuos abrió fuego contra los fieles en una pequeña iglesia protestante de Burkina Faso, nación africana donde la minoría cristiana está siendo blanco de ataques. Las víctimas incluyeron el pastor y varios adolescentes. Las autoridades atribuyeron el ataque a “individuos armados no identificados” que, según testigos, escaparon en motocicletas.

La matanza generó informaciones breves en la prensa internacional y pronto pasó al olvido. Algo que no sorprende en un año en el que hubo frecuentes ataques a centros religiosos. Cientos de creyentes y muchos clérigos fueron asesinados en iglesias, mezquitas, sinagogas y templos.


Dos semanas de enero dejaron en claro la magnitud del fenómeno. En Tailandia un grupo de insurgentes separatistas atacó un templo budista, matando al abad y a un monje. En las Filipinas, dos atacantes suicidas hicieron detonar bombas durante una misa en una catedral católica de la isla de Jolo, mayormente musulmana, matando a 23 personas e hiriendo a un centenar. Tres días después una persona lanzo una granada contra una mezquita en una ciudad cercana, matando a dos maestros de religión musulmanes.

Pero lo peor estaba por llegar.

El 15 de marzo, un hombre atacó dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, matando a 51 personas. El individuo arrestado por las matanzas había publicado un manifiesto promoviendo la filosofía de los supremacistas blancos y dando detalles de sus planes de atacar mezquitas.

En un homenaje a las víctimas dos semanas después, la primera ministra Jacinda Ardern dijo que los neozelandeses se habían enterado de las historias de las personas afectadas por los ataques, muchas de ellas inmigrantes llegados hacía poco.

“Son historias de personas nacidas aquí, que se criaron aquí o que se radicaron en Nueva Zelanda. Que buscaban refugio o una vida mejor para ellos y para sus familias”, expresó. “Permanecerán con nosotros para siempre. Son nosotros”.


El domingo de Pascua –el 21 de abril– dos iglesias católicas y una protestante fueron estremecidas por el estallido de bombas en Sri Lanka.

Otros blancos de ataques coordinados de organizaciones locales incluyeron tres hoteles de lujo. Pero la mayor parte de las casi 260 personas muertes fueron creyentes que habían ido a la iglesia, incluidas decenas de niños.

Entre las víctimas del santuario de San Antonio en Colombo figuraron Avon Gómez, de 11 meses, dos hermanos mayores y sus padres.

El saldo mayor de muertos –más de 100– se produjo en la iglesia católica de San Sebastián, en el balneario de Negombo. Se lo conoce como la “Pequeña Roma” por la cantidad de iglesias y por ser un punto de referencia de la diminuta comunidad católica de Sri Lanka.

Los ataques sorprendieron a muchos en esta nación predominantemente budista, donde la comunidad cristiana representa el 7% de la población y que hasta ahora no había tenido serios enfrentamientos étnicos o religiosos.


Seis días después de Pascua, a más de 15.000 kilómetros (9.400 millas) de Sri Lanka, un hombre abrió fuego adentro de una sinagoga de Poway, California, cuando los fieles celebraban el último día de la Pascua Judía. Una mujer de 60 años murió y una niña de ocho años y dos hombres, entre ellos un rabino, sufrieron heridas.

Algunos miembros de la congregación dijeron que la mujer muerta, Lori Kaye, se interpuso entre el atacante y el rabino Yisroel Goldstein, que solo sufrió heridas en dos dedos.

El individuo detenido por el ataque, John T. Earnest, podría ser condenado a muerte de ser hallado culpable, aunque los fiscales no han dicho si buscarán la pena capital.

En una vista de septiembre, los fiscales hicieron escuchar una grabación de 12 minutos en la que Earnest le explica en voz calmada a un policía que había disparado en una sinagoga para salvar a los blancos de los judíos.

El ataque se produjo seis meses después de que 11 personas fueran asesinadas en una sinagoga de Pittsburgh en el ataque contra judíos más letal en la historia de Estados Unidos.

En octubre se evitó por poco otro baño de sangre antisemita cuando un individuo trató de ingresar a una sinagoga de Halle, Alemania, durante servicios del Yom Kipur, el día más sagrado del judaísmo.

Al no poder ingresar por una puerta cerrada con llave, el hombre empezó a disparar en las calles de los alrededores, matando a dos personas e hiriendo a otras dos.

Las autoridades dijeron que el hombre, un alemán de 27 años, había confesado ser el autor del ataque y había publicado una extensa diatriba antisemita y transmitido el ataque en un popular portal de juegos de videos.


A diferencia de lo ocurrido en los ataques de Poway y Halle, en los que las autoridades identificaron a los presuntos autores y saben qué los impulsó a hacer lo que hicieron, no ha habido arrestos y nadie se atribuyó la responsabilidad de algunas de las acciones más letales.

En octubre, por ejemplo, más de 60 personas fueron asesinadas al estallar bombas durante las oraciones de un viernes en una mezquita de Jodari, al este de Afganistán.

Nadie se atribuyó la responsabilidad y las autoridades ofrecieron explicaciones contradictorias acerca de la operación.

Un elemento común a todos estos ataques es el temor que los creyentes sienten cuando van a sus centros religiosos.

“Nadie debería tener miedo de ir a su lugar de culto”, dijo el gobernador de California Gavin Newsom después del ataque de Poway. “Nadie debería ser considerado un blanco por llevar a la práctica los principios de su fe”.

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La cobertura de la Associated Press de temas religiosos recibe apoyo del Lilly Endowment a través de la Fundación de Noticias Religiosas. La AP es la única responsable del contenido.

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