En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

El precio por tener discreción, por Waldemar Gracia

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

¿Habrá alguien que sepa guardar confidencialidad? ¿Habrá alguien que sepa ser Discreto? ¿Sabes guardar silencio? Es una pregunta un tanto retórica pero llena de una realidad muy profunda. El saber “callar” es un arte que puede salvar vidas, aun cuando pensemos que el hablar sería lo correcto o justo según sea el caso. Uno de los lectores de nuestra columna me hizo unos comentarios muy inspiradores acerca de cómo se sentía al leer y poder compartir nuestras reflexiones. De momento me dio una página que contenía una breve historia escrita. Me pidió que si se la podía publicar. ¿Es ésta una historia suya? Le pregunté. Me dijo; “creo que es anónima”. Luego de leerla, quedé muy impresionado y le prometí que un día se la publicaría.

¡Bien! Ese día ha llegado. Y con algunas modificaciones quiero presentarles la breve historia contenida en aquel arrugado pedazo de papel. Espero que disfrutes y seas tan inspirado como yo al leer “El Poder del Silencio”.

Cuenta una antigua leyenda muy popular, acerca de un hombre llamado Rodrigo Alcántara, quien siempre miraba una imagen de Cristo crucificado. Esta cruz era muy antigua y a ella acudía la gente a orar con mucha devoción. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día Rodrigo Alcántara quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso, se arrodilló ante la cruz y dijo:

Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.

Y se quedó fijo con la mirada puesta en ella, como esperando la respuesta.

El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición

“Cual, ¿Señor?”, preguntó con acento suplicante Rodrigo Alcántara. “¿Es una condición difícil? Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor”, respondió el viejo.

“Escucha… suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar silencio siempre”.

Rodrigo Alcántara contestó: “¡Os lo prometo, Señor!” Y se efectuó el cambio.

Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció a Rodrigo Alcántara, colgado de los clavos en la cruz. El Señor ocupaba el puesto de Rodrigo Alcántara. Y éste, durante largo tiempo, cumplió el compromiso. A nadie dijo nada. Pero un día llegó un rico y, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Rodrigo Alcántara lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:

– “¡Dame la bolsa que me has robado!”  El joven sorprendido, replicó:

– “¡No he robado ninguna bolsa!”  – “¡No mientas, devuélvemela enseguida!”

– “¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa!”, afirmaba el muchacho. Y el rico arremetió, furioso contra el joven. Sonó entonces una voz fuerte:  – “¡Detente!”

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Rodrigo Alcántara que no pudo permanecer en silencio, gritó defendiendo al joven, e increpando al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado, y salió de la ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje.

Cuando la Cruz quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo: “Baja de la cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio. Pero Señor… -dijo Rodrigo Alcántara- ¿cómo iba a permitir esa injusticia? Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz.

El Señor, siguió hablando: – Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo…

En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado… Sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal.  Ahora, hace unos minutos, acaba de zozobrar el barco en el que ha perdido la vida.  Tu no sabías nada. Yo sí. Por eso callo”. Y el Señor nuevamente guardó silencio.

Muchas veces nos preguntamos: ¿por qué razón el Señor no nos contesta… por qué razón se queda callado el Señor? Muchos de nosotros quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír, pero, Jesús no es así. ¡El Señor nos responde aún con el silencio!
Debemos aprender a escucharlo. Su Divino Silencio, son palabras destinadas a convencernos de que Él sabe lo que hace.

Una de las cosas que más nos intrigan es el constatar que ante algunas circunstancias difíciles de la vida, da la impresión de que para Jesús pasa desapercibido nuestro dolor, angustia y necesidad. En otras palabras, parecería que efectivamente guarda silencio. Lo que sucede es que nosotros no podemos ver más allá de la inmediatez del momento y no nos damos cuenta de que detrás de lo que nos sucede y del aparente silencio de Jesús, se esconde un gran propósito. La próxima vez, no te preguntes el por qué de lo que te sucede, pregunta el para qué, y qué es lo que el Señor quiere de mí en esta situación.

************

Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
Nota: Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a:

wallygracia@yahoo.com

103.5 FM - La Voz Radio

Clasificados

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

Siguenos

La Educación No Espera

La Educación de nuestros hijos no puede esperar. Ellos necesitan seguir aprendiendo: en la escuela, desde casa o de ambas formas.

El Departamento de Educación de CT está trabajando con cada distrito, para asegurar la salud y seguridad de estudiantes, maestros y personal de cada escuela.

Un mensaje del Departamento de Educación de Connecticut.

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top