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Supersticiones que pueden costar la vida a albinos en África

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BLANTYRE, Malaui (AP) — Un día soleado de febrero Catherine Amidu lucía abatida. Hacía dos semanas que no funcionaba la alarma que le habían dado en octubre.

Esta muchacha albina de 17 años sobrevivió a un atentado contra su vida en el 2017, en el que desconocidos la sacaron de su casa durante la noche en Malaui y fue rescatada por lugareños.

La alarma con aspecto de llavero era su mejor forma de pedir auxilio en caso de ser atacada nuevamente. “Sin ella, no tengo ninguna protección”, se lamentó. “¿Qué hago si esa gente vuelve a atacarme?”.

Las personas albinas viven asustadas en varios países de África, temerosas de ser secuestradas o asesinadas por la creencia de que tienen poderes especiales. A raíz de ello, las partes de sus cuerpos pueden ser vendidas por miles de dólares.

El distrito de Machinga, donde vive Amidu, tiene más albinos que ninguna otra región de Malaui, unos 3.000. Esta nación del sur de África cuenta en total con más de 134.000 albinos, un 0,8% de la población, de acuerdo con datos del 2018 de la oficina nacional de estadísticas.

Catherine Amidu muestra la alarma que le dio la policía para que active si es blanco de algún ataque por su condición de albina. Foto del 9 de febrero tomada en Machinga, localidad de Malaui donde vive Amidu y que tiene una gran cantidad de albinos. (AP Photo/Thoko Chikondi)

La vulnerabilidad de los albinos es agravada por la pobreza y las supersticiones. Desde el 2014, al menos 26 albinos fueron asesinados en Malaui y hay 11 desaparecidos, según la Asociación Nacional de Personas Albinas.

El 24 de febrero, la oficina de las Naciones Unidas en Malaui condenó un nuevo ataque a una anciana albina de 92 años a la que desconocidos le cortaron los dedos del pie. La ONU dijo que hubo un aumento en ese tipo de ataques y en los asesinatos de albinos el año pasado, en que reinó la tensión asociada con elecciones.

A pedido de la Asociación de Albinos, el presidente Peter Mutharika designó el año pasado una comisión encargada de investigar secuestros y asesinatos de albinos. Todavía no se dio a conocer su informe.

La policía de Malaui empezó a suministrar alarmas a los albinos en septiembre del año pasado. El sonido que producen cuando se aprieta un botón alerta a las personas de que hay que asistir a un albino que corre peligro.

Se distribuyeron al menos 5.000 alarmas, dijo el ministro de finanzas Joseph Mwanamvekha al Parlamento el 21 de febrero.

La madre de Catherine, Chrissy Stephano, dijo que las alarmas ayudan pero no resuelven el problema.

Indicó que su hija tuvo suerte de que una oficina de la Asociación de Albinos le dio una alarma dos semanas después de que la que tenía dejó de funcionar.

“Una vez la alarma se quedó sin batería y la llevé a la policía para que la cargase. El problema es que no tiene accesorios como un cargador eléctrico”, dijo Stephano.

Mercy Mleme, secretaria de la oficina local de la Asociación de Albinos, señaló que “en las zonas rurales no hay electricidad. E incluso si la tuviésemos, la mayoría de los albinos viven en zonas tan remotas que es imposible recargar los aparatos”.

“Les recomendamos que se cuiden porque las alarmas no son garantía de nada”, agregó. “Y que caminen en compañía de alguien o con grupos en los que confían”

La Asociación recomienda a los albinos que, si no tienen alarmas, apelen a una alternativa más barata y se compren silbatos para alertar en casos de emergencia.

Abdulrazak Baison, directora de la oficina de la Asociación en Machinga, dijo que no se los tomó en cuenta al disponer la entrega de alarmas.

“Ni sabemos cuántas alarmas distribuyeron. La policía no nos consultó”, manifestó.

Agregó que algunos albinos confían demasiado en las alarmas y los exhortó a no hacer a un lado las medidas que ya venían tomando.

“Quienes se hacían acompañar a sus casas de noche no deberían dejar de hacerlo porque tienen alarmas. Los vecinos de los albinos deben seguir atentos y vigilantes”, manifestó.

El inspector Chance Chifumbi, jefe de la policía de la región sur de Malaui, dijo que el acceso a las baterías de las alarmas era el principal problema.

“Además de hacer sonar la alarma, activan una linterna”, expresó. “En lugar de usar las alarmas en emergencias, las usan para alumbrar la casa dado que son muy pobres. Ya no compran velas y querosene. Esto acorta la vida de la batería y su durabilidad. La mayoría de los aparatos están descargados”.

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