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¡Aleluya! ¡El Señor resucitó!

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“Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?” (Jn. 11:25-26 NVI).

La Pascua es un tiempo donde los creyentes recordamos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor y Salvador. Hace cerca de 2000 años, Jesucristo se levantó de entre los muertos y la tumba quedó vacía. Hoy, los cristianos del mundo celebramos Su victoria. ¡Aleluya!

¿Por qué celebramos los creyentes?

Celebramos porque los seres humanos nacemos en un estado de condenación debido a nuestra naturaleza pecaminosa. El apóstol Pablo lo expresa de la siguiente manera: “Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Ro. 3:23).

Esto quiere decir que por nuestra propia cuenta no tenemos posibilidad de acercarnos a Dios. Únicamente por la fe en Jesucristo, Dios nos declara justos ante Sus ojos. El apóstol Pablo dice: “Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley” (Ro 3:28).

En la cruz del Calvario, Dios imputó nuestro pecado a Cristo y Su justicia a nosotros los creyentes. Este inmerecido regalo lo recibimos solo por medio de la fe en Cristo Jesús.

¿Cuáles son los beneficios de este regalo?

Son muchísimos los beneficios que recibimos los creyentes a través de la muerte y resurrección de Cristo. Por cuestiones de espacio nombraré solo tres.

Paz con Dios

No se trata de una sensación subjetiva e interior de calma y serenidad, sino una realidad externa y objetiva. El primer resultado de la justificación es que la guerra del pecador con Dios termina para siempre. En otras palabras, la persona que antes era enemiga de Dios se reconcilia con Él por medio de la muerte de Su Hijo Jesucristo y obtiene la salvación de su alma y la vida eterna (Ro. 5:1).

Firmeza en la gracia

Se refiere a la posición permanente y segura que tenemos los creyentes en la gracia de Dios. Ahora tenemos acceso al trono de Dios. Algo que era imposible antes de la muerte y resurrección de Cristo, hoy es disponible a todos los que creemos (Ro. 5: 2).

Esperanza de la gloria venidera

El destino final del creyente es participar de la gloria de Dios y es una esperanza segura porque Cristo mismo lo prometió. Él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Jn. 11:25).

¡Feliz domingo de resurrección!

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