En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

HÁBITOS SANTOS, por la Lic. Liliana D. González

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

¿Es posible que lleguemos a ser santos a pesar de los pecados que cometemos a diario? Dios demanda santidad: “Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «sean santos porque yo soy santo»” (1 P. 1:15-16). Si Dios nos pide santidad es porque sabe que podemos lograrlo. ¿Cómo? Limpiándonos de toda contaminación del cuerpo y del alma a través de un arrepentimiento genuino y continuo.

Santos significa apartados para Dios. Somos propiedad privada del Señor, estamos sujetos a Él y vivimos para agradarle. El mundo y su corriente ya no tienen influencia sobre nosotros. El apóstol Pedro afirmó: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9). Sabemos que es imposible ser santos por nuestros propios esfuerzos, necesitamos el poder del Espíritu de Dios para vencer las pruebas y las tentaciones que nos incitan a pecar. Te propongo ejercitar siete hábitos que te guiarán a la suprema meta de ser perfeccionados en la santidad.

1.- Santifica tu mente. Pareciera que estamos programados para pensar de forma negativa. “Piensa mal y acertarás”, reza el dicho. Sin embargo, cada vez que tenemos pensamientos intolerantes, pesimistas, cargados de ira, depresión, celos o frustración, nos metemos en serios problemas. Pablo enseña que nos ha sido dada la mente de Cristo (1 Co. 2:16), pero para pensar como Dios piensa necesitamos renovar nuestra mente. Eso solo es posible oyendo, leyendo y meditando día y noche en las Sagradas Escrituras. De modo que cuando vengan los malos pensamientos seamos perfectamente capaces de llevarlos cautivos a la obediencia a Cristo. Es decir, podremos sustituirlos por la Palabra de Dios.

2.- Santifica tu boca. Una de las cosas más difíciles de lograr es disciplinar la boca. Necesitamos orar para que Dios nos ayude a domar la lengua, porque la mayor parte del tiempo estamos hablando y “en las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente” (Pr. 10:19). David oraba: “Señor, ponme en la boca un centinela; un guardia a la puerta de mis labios” (Sal. 141:3). La única manera de ponerle un freno a la lengua es haciendo votos con Dios, apartando la boca para honrar y glorificar el santo nombre del Señor. Desde ahora, proponte como meta hablar palabras que sanen, alienten y edifiquen a los oyentes. No uses un lenguaje obsceno en tus conversaciones, no calumnies, no te prestes al chisme, ni admitas reproche contra nadie; el que actúa así vivirá en completa paz y santidad.

3.- Santifica tus ojos. La mayoría de las cosas que nos incitan a pecar entran por los ojos. Eva no había contemplado el fruto prohibido hasta que la serpiente la incitó a mirarlo. (Gn. 3:6). Santificamos nuestros ojos cuando determinamos no contemplar las cosas que nos separan de Dios. Jesucristo enseñó que con solo mirar a una persona con pasión sexual se comete adulterio en el corazón (Mt. 5: 28). Haz cambios en tu vida diaria. No contamines tu mente mirando novelas, películas, revistas o videos por Internet con contenido violento, lujurioso y/o pornográfico. “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no provienen del Padre, sino del mundo” (1 Jn. 2:16).

4.- Santifica tus oídos. Debemos estar atentos a lo que oímos para rechazar los mensajes que contaminan nuestra mente. Apártate de la gente chismosa, negativa y conflictiva para que sus quejas no te contagien de pesimismo. Solo los que oyen la Palabra de Dios tienen paz y gozo en sus almas; especialmente porque la fe nace por oír el mensaje de salvación (Ro. 10:17). Examina las conversaciones que mantienes con tus amigos, tal vez sin que te des cuenta pueden influenciarte para que te apartes de tus principios y valores cristianos. Escoge la música que vas a escuchar considerando que algunas canciones contienen letras inmorales que degradan y desvalorizan tu llamado a la santidad. Aunque debemos preferir la música que glorifica a Dios; no hay ningún problema en oír melodías, estilos y géneros seculares mientras no hagan alusión al mal. 

5.- Santifica tus genitales. Dios creó el sexo, y es bueno y lícito entre un hombre y una mujer siempre y cuando sea bajo el pacto matrimonial. “La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios” (1 Tes. 4:3-5 NVI).


ORA LA PALABRA

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño” (Salmos 24:3-4).

Señor, tú que habitas con el quebrantado y humilde de espíritu y haces vivificar el corazón de los abatidos, límpiame de toda contaminación del alma y del cuerpo y perfeccióname en tu santidad. Amén.


Si quieres leer más artículos como este sígueme en mis redes:
Instagram: @lilivivelapalabra
Twitter: @lilivivepalabra
Facebook: Reflexiones Cristianas Vive la Palabra

VEA MAS CLASIFICADOS

LA CARICATURA DE REINALDO

LA VOZ HISPANA RADIO - WNHH 103.5 FM

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top