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Playas cubanas se llenan y autoridades alertan por COVID-19

La gente disfruta el día en la Playa del Salado en Caimito, provincia de Artemisa, Cuba, el miércoles 15 de julio de 2020. Por las menores restricciones gubernamentales y la ola de calor que azota a la isla, miles de cubanos están abarrotando las playas. Después de una cuarentena de más de tres meses, la tasa de infección por COVID-19 sigue siendo extremadamente baja. (AP Foto/Ramón Espinosa)
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LA HABANA (AP) — Cansados tras varios meses de encierro, en medio de un verano a pleno sol y luego de que las restricciones gubernamentales disminuyeran, miles de cubanos se lanzaron a las playas pese a las advertencias de las autoridades de que el peligro por el nuevo coronavirus no ha desaparecido.

Los habitantes de la isla aprovecharon una flexibilización paulatina de la cuarentena para pasar el día tirados sobre la arena en toallas, improvisadas sillas y hasta cartones, con la música a todo volumen y niños correteando.

Algunos usaron mascarillas pero otros incumplieron la norma obligatoria de llevarla puesta y la mayoría se la colocó por debajo de la barbilla para poder beber, comer o hablar con sus vecinos de sombrilla a pocos centímetros.

“Siempre se tiene la de ganar y la de perder, mientras nos protejamos todo está bien”, dijo a The Associated Press, Diana Milagros Medina, una enfermera de 20 años que estaba en Playas del Este, a 10 kilómetros de la capital, junto a varios primos, tíos y su novio.

Cuba reportó el miércoles seis nuevos contagios con lo cual sumó 2.438 desde que comenzó la pandemia el 11 de marzo. Hasta ahora 87 personas fallecieron y se han realizado más de 200.000 pruebas diagnósticas. Muchas provincias de la isla no han reportado casos durante un mes aunque en La Habana no cesan los contagios.

A diferencia de muchas naciones de América Latina, Cuba -con 11 millones de habitantes- logró contener el avance del COVID-19.

En contrapartida Chile, con 18 millones de habitantes, ha reportado hasta la fecha casi 320.000 casos y más de 7.000 muertos.

Las autoridades sanitarias cubanas aplicaron una serie de medidas a partir de fines de marzo como el cierre de las fronteras para los turistas, el aislamiento estricto de sus ciudadanos que regresaban a la isla, una cuarentena leve -muchos lugares cerraron pero la circulación estuvo siempre permitida- y la búsqueda casa por casa por parte de médicos y estudiantes para detectar personas con síntomas.

A su vez se vacunó a la población contra el meningococo para aumentar las defensas y con el mismo objetivo se entregaron sustancias homeopáticas. En la isla el servicio de salud es completamente gratuito.

El uso de barbijos se hizo obligatorio y el transporte público, las actividades culturales y las clases se suspendieron, entre otras actividades.

Dados los buenos resultados, el gobierno resolvió aplicar un plan de flexibilización de tres fases que comenzó en las provincias a mediados de junio pero al que La Habana recién se sumo el 3 de julio.

La vida pública comenzó a normalizarse aunque se mantienen suspendidos los vuelos comerciales, lo que ha dejado a la isla sin turismo extranjero, uno de los sectores más fuertes de la economía cubana.

Debido a que las clases recién comenzarán en septiembre, muchas familias optaron por disfrutar de las playas recién reabiertas.

“Nos sentimos seguros”, dijo a AP mientras se asoleaba Nelson González, un barbero de 26 años que llevó a su hijo a Playas del Este.

Pero las autoridades sanitarias insistieron en que no se debe bajar la guardia.

Orestes Llanes, coordinador de Fiscalización del gobierno habanero, informó que sólo el domingo se impusieron en la capital 1.561 multas -452 de ellas en Playas del Este- por no respetar las normas para evitar la propagación del nuevo coronavirus como, por ejemplo, no tener el tapabocas bien puesto.

“El problema está con lo que nos han referido que pasó este fin de semana en las playas de La Habana… y es que había una gran aglomeración”, manifestó durante una conferencia de prensa virtual el director de Epidemiología, Francisco Durán. “No creo que cerrar las playas sea la solución”.

Sin embargo, Durán reconoció que “la costumbre que tenemos (los cubanos) de compartir el mismo vaso, la misma botella para los tragos, la cosa cariñosa uno arriba del otro, eso sí tiene su riesgo”.

La alta concurrencia a las playas no sólo se vio en la capital.

En Varadero, adonde miles de personas llegaron sobre todo procedentes de La Habana luego de la autorización a movilizarse desde la capital hacia el interior, se produjeron algunas aglomeraciones en hoteles, constató la AP.

Llamó la atención no escuchar acentos extranjeros ni ver a los habituales turistas canadienses, alemanes y rusos bañarse en las aguas turquesas de Varadero. Sin embargo, los centros vacacionales abiertos -a un 50% de su capacidad- estaban a pleno.

El gobierno indicó que mantendrá a los turistas nacionales en hoteles separados de los internacionales y autorizó a partir del 1 de julio los vuelos chárter con visitantes extranjeros, pero hasta ahora ninguno ha llegado a la isla.

“Tenemos que seguir batallando en esto hasta que, entre las medidas coercitivas y la conciencia de la población, logremos un comportamiento acorde como el que se requiere de acuerdo con la situación de la pandemia”, advirtió Durán.

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