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EL AMOR DE DIOS, por la Lic. Liliana González de Benítez

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¿Comprendes el amor que Dios siente por ti? Es realmente difícil para una mente finita como la nuestra entender la inmensidad del amor de Dios. El apóstol Pablo les dijo a los efesios: «Me arrodillo delante del Padre, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra (…). Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios» (Ef. 3:14-19).

Las dimensiones del amor de Dios superan nuestra comprensión. Él es «el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin» (Ap. 22:13). El amor de Dios es tan vasto, profundo y eterno como Dios mismo.

A los que creen en Jesús, Dios los adoptó como hijos suyos. «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1:12). Si crees en Jesús y le obedeces eres hijo de Dios. Los hijos e hijas del Altísimo tenemos el privilegio de entrar en su presencia e interrumpirlo si es preciso, así como hacen nuestros hijos cuando estamos ocupados.

Él nos ha dado su Espíritu para que siempre nos acompañe. Antes de su partida, Jesús expresó con supremo amor: «No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán. En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes. ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él» (Juan 14: 18-21).

Dios es amor en estado puro. Él nos amó de tal manera que entregó a su único Hijo a morir por nuestros pecados. No es posible confundir el amor de Dios con ninguna otra clase o concepción de amor. El amor de nuestro Señor Jesucristo: «Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13:7). Es el amor ágape, el amor perfecto e incondicional de Dios. La más elevada clase de amor divino que le da significado a todas las demás expresiones de amor humano. Siembra la semilla de ese amor en tu corazón creyendo en Jesucristo; cultívala, riégala y abónala con oración y obediencia para que coseches grandes bendiciones espirituales.

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