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La perfección es enemigo del barcelonismo

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Por: Renato Wilson Chavarría

Cuando los inmigrantes dejamos nuestras tierras en busca del famoso “Sueño Americano”, generalmente lo hacemos con la ilusión de que algún día vamos a regresar a nuestro pueblo y que todo va a ser como antes. Pensamos en nuestra niñez y en todas las experiencias lindas que vivimos. Soñamos que vamos a regresar con nuestros hijos, y que ellos también van a sentir las mismas cosas lindas que nosotros sentimos. Que van a jugar como nosotros jugábamos, y que van a gozar de las libertades de las que gozamos nosotros en aquellos tiempos; por supuesto, al ser nuestros hijos, lo van a hacer con una mejor posición económica y con un poco más de lujos. 

Pasan los años y cuando volvemos de vacaciones, notamos que ya la calle en la que crecimos es diferente, nuestros amigos se han ido del pueblo, y que los niños ya no juegan a las escondidas sino al Fortnite. El lugar que dejamos hace años ya no existe sino en nuestras memorias, y en nuestros pensamientos. Aquella vecina que algún día te robaba los suspiros ahora está casada y tiene varios niños.

Este mismo fenómeno le sucede al “Barcelonismo”, que añora esa generación dorada; esa máquina perfectamente calibrada, que una vez formaron Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Lionel Messi. Esa máquina que, guiada por Pep Guardiola, dieron al Camp Nou los mejores años de su historia, y quizá, la mejor historia que el futbol jamás haya escrito.

Hoy, ya por años, después de haber ganado la última Champions League, comenzamos a ver el resultado del aferrarse a un pasado que, como nuestra infancia, nunca más regresará. El banquillo del Barcelona FC se ha convertido en una pasarela donde Villanova, El Tata Martino, Luis Enrique, Ernesto Valverde y Quique Setien, han desfilado sus mejores trajes sin conseguir ganarse el cariño ni el respeto de la afición.

Ese equipo que antes acusaba al Real Madrid de “Comprar títulos”, ha derrochado cientos de millones en jugadores para volver a los éxitos del ayer. Enormes contrataciones como las de Neymar, Luis Suarez, Coutinho, Griezmann, De Jong, Arthur, Vidal, Lenglet, Malcom y Dembelé no han logrado revivir esa época de dorada de Pepe Guardiola.

El Barcelonismo, debe de entender que lo que vivieron en esos años desde el 2008 hasta el 2012, es algo que no es normal que se repita. Las estrellas se alinearon en aquel entonces, y produjeron algo nunca visto, y muy difícil de repetir.

El mantener ese estándar tan Elevado, es el mismo ingrediente que arruina la receta de lo que es hoy el Barcelona. Hoy sobra talento, existen las ganas, pero no existe un sistema de juego claro ni una identidad. Parece que cuando las cosas se complican, todos miran a Messi, y Messi…. mira para el piso.

Ahora se marcha Setién y se habla de reconstruir, pero la pregunta es, ¿“Cómo reconstruir un club que lo tiene todo?”. Un Club que tiene al que muchos consideran “el mejor del mundo”, un portero con habilidades enormes, y grandes figuras en todos los sectores de la cancha. Tal vez, la solución no es echar todo a la basura, y empezar de cero, sino más bien, tener paciencia y confianza. Reconocer que no es tan fácil ganarle la liga al Real Madrid, ni la Champions a los equipos más grandes de Europa. Lionel Messi, es capaz de ganarte sin ayudas un partido de liga contra el Sevilla, o ante el Levante. Pero para ganarle a los mejores equipos de Europa, se necesita una idea de juego clara, se necesitan líderes en la cancha, y la confianza de los compañeros, de la afición, y sobre todo de los dirigentes. 

Hoy en Barcelona, reina la incertidumbre. Nadie sabe que va a pasar mañana. Se cuestiona si Messi continúa, los jugadores no saben que camisa vestir en la próxima temporada, se estudia el mercado de fichajes y crece la ansiedad. El fantasma del Tiki Taka se pasea por los pasillos del Camp Nou y el barcelonismo grita y llora sin una respuesta ni un rumbo definido. Solo con la memoria de lo que un día fue y tal vez nunca más será.

Llega Ronald Koeman para apagar ese incendio. ¿Será que le devolverá su identidad futbolística o se iniciará otro proceso al estilo “Holanda/España” como el de la escuela de Johan Cruyff?

EL tiempo lo dirá, ya que su contrato es por dos años.

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