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Fallece el “Sorprendente Randi”, gran enemigo de farsantes

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Fue un popular mago que renegó de su oficio y cuestionó a quienes doblan cucharas, leen la mente y curan a partir de la fe. Lo hizo con tanta fuerza que pasó a ser conocido como el escéptico más renombrado de Estados Unidos.

James Randi, el “Sorprendente Randi”, falleció el martes a los 92 años de causas naturales “asociadas con su edad”, según la Fundación Educativa que lleva su nombre.

Artista, genio, desmitificador, ateo. Randi era todo eso y más. Se dio a conocer poco después de dejar la secundaria y unirse a un espectáculo ambulante. Escapó de un ataúd cerrado con llave bajo el agua y de un chaleco de fuerza mientras colgaba de sogas en las cataratas del Niágara.

Alcanzó fama como mago, hasta que un buen día puso fin a sus presentaciones por todo el mundo y dijo en un breve comunicado que no tenía poder sobrehumano alguno.

“Son todos trucos”, afirmó. “No hay nada sobrenatural”.

Pasó a ser el mayor escéptico del país. Su presentación más memorable en ese papel fue tal vez la primera que hizo.

En un episodio de “The Tonight Show” de 1972, ayudó al conductor Johnny Carson a engañar a Uri Geller, el israelí que decía que doblaba cucharas con la mente. Randi se aseguró de que Geller no tenía contacto alguno con cucharas ni con ningún otro elemento a ser usado en su acto.

El resultado de esto fueron 22 minutos inacabables en los que Geller no pudo completar un solo truco.

Randi tenía nutridas cejas y barba blancas, era pelado y usaba anteojos con marco dorado. Hasta sus últimos días fue muy vital. Trató de desenmascarar no solo a los lectores de mentes y manos, sino también a quiroprácticos, homeópatas y otros que según él engañaban a personas inocentes para llevarse su dinero.

La emprendió contra todo aquél que consideraba un farsante. Decía que estaba obsesionado con esa causa. Sus esfuerzos se parecieron un poco a los del gran Harry Houdini, quien dedicó parte de su tiempo a desmitificar a espiritistas.

“Veo que la gente es embaucada todos los días por curanderos, farsantes de todo tipo, médicos y sus líneas telefónicas, gente que dice que encontró niños desaparecidos o que ayuda a invertir dinero”, declaró Randi a la Associated Press en 1998. “Sé que están metiendo cuentos porque conozco sus métodos”.

Una vez se pasó días en su auto a la espera de poder revisar la basura de un curandero.

“Es una obsesión, siento que esto que hago es importante”, explicó en otra entrevista con la AP en el 2007.

En una ocasión demostró que los mensajes que el curandero televisivo Peter Popoff decía recibir de Dios le llegaban de su esposa a través de un audífono. Pero la mayor parte de las personas que desenmascaró como embaucadores eran gente poco conocida, a la que la Fundación Educativa James Randi convenció de que demostrasen sus poderes.

La organización ofrecía un millón de dólares a quien demostrase que tenían poderes naturales o la presencia de un ser sobrenatural.

Sus detractores decían que la fundación no tenía ese dinero, pero Randi ofreció documentación bancaria y, además, nadie estuvo ni siquiera cerca de ganárselo.

Randi, cuyo nombre verdadero era Randall James Hamilton Zwinge, nació en Toronto el 7 de agosto de 1928. De pequeño cuestionaba todo. Se aburría en la escuela y sus maestros decían que era un prodigio, muy adelantado a sus compañeros. Nunca terminó la secundaria ni cursó estudios universitarios, pero en 1986 recibió un fellowship MacArthur, conocido como un “reconocimiento para genios”.

Hablaba con autoridad. Decía que no dudaba de sus creencias, pero que siempre existiría la posibilidad de que estuviese equivocado.

“Probablemente esté en lo cierto. Solo probablemente”, afirmó. “Cuesta mucho encontrar absolutos”.

Por más que se tomase muy en serio el tema de los engaños, disfrutaba viendo actos de magia que sabía eran cuento o viendo películas que eran pura fantasía. Habló del dolor que sintió al ver morir a un amigo y de la magia del amor. En el 2010 anunció que era gay y se casó con su compañero de años, Deyvi Peña, en una ceremonia en Washington. En el 2014 se distribuyó un documental sobre él, “An Honest Liar”, o “Un mentiroso honesto”.

Randi dijo que le irritaba el que la gente que fingía escapes seguía atrayendo público y ganando dinero. Quería que los embaucadores fuesen castigados, aunque al mismo tiempo reconocía que la gente quiere creer en estas cosas fantásticas.

“Los que creen de verdad”, decía, “no prestan atención a la evidencia que indica que aquello en lo que ellos creen no es cierto”.

Sentía un auténtico rencor hacia quienes tildaba de farsantes. Cuando lo expresaba, lo hacía con una cierta gracia, como cuando se le preguntó qué le gustaría que hiciesen con sus cenizas una vez muerto.

“La pedí a mi mejor amigo que se las tire en los ojos a Uri Geller”, respondió. “Me encantaría que se le llenasen los ojos con mis cenizas. Sería lo más apropiado”.

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