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José E. Rodríguez Sellas y Shekinah Rodz-Gatto
San Luis, Misuri y Burdeos, Francia

En un momento en que el mundo atraviesa por la «malgestionada» crisis de una pandemia que muchos gobiernos pasan por alto para privilegiar la economía a costa de cientos de miles de vidas; miles de hogares participan en un confinamiento impuesto o autoimpuesto, mientras las relaciones humanas se ven afectadas por el distanciamiento, la falta de besos y los abrazos.

Mientras trabajaba desde mi hogar, y navegaba en el mar virtual de la red mundial, fui encontrando tesoros guardados hace un tiempo o recientemente. Son tesoros que abren ventanas de esperanza y nos muestran la belleza de la humanidad que se aferra al optimismo, al amor al prójimo, a la defensa de la biodiversidad y de la madre tierra. ¡Que no se nos pierdan de vista las cosas sencillas de la vida!

Nos hemos podido comunicar con amistades y familiares que, en su cotidianidad, siembran semillas que miran con convicción la construcción de un futuro transformado por la lucha y la justicia. Mientras, por un lado, hay personas que creen en la supremacía de una raza (léase color) sobre otra y, dentro de la pandemia del coronavirus, desatan una epidemia de muertes y linchamientos extrajudiciales. Coincide esta etapa de la pandemia con un alza en la violencia en los hogares y el feminicidio. Por otro lado, vemos que los llamados a la justicia y la equidad resuenan en el mundo entero y, dentro de la pandemia, se producen movimientos que nos sirven de antivirus y vacunas contra la pandemia del racismo y el homicidio en todas sus manifestaciones.

A raíz de haberme encontrado con una de esas gratas sorpresas que nos da la vida, inicio una conversación con Shekinah sobre Katie James y su música. Katie James es una cantante y compositora colombiana anglo-irlandesa, que le canta, entre otras cosas, al amor a la tierra colombiana y, por ende, a la tierra latinoamericana, así como a la herencia cultural de la humanidad que se transmite de generación en generación. Su música recoge la multiplicidad de elementos que nos hace seres humanos procedentes de cada rincón del planeta con una rica variedad de instrumentos musicales.

P. Shekinah, ¿qué te parece Katie James como intérprete? ¿Cómo defines su voz?

R. La primera vez que escuché a Katie James fue interpretando una de sus composiciones «Me voy al monte» en la que ella escribió la letra e hizo el arreglo musical, al igual que la sección rítmica se define con ella en su guitarra.

Al cantar su primera estrofa con su voz de un timbre peculiar con tesitura de mezzo-soprano, pude escuchar un tipo de aire cálido acompañado de su sonido, (como cuando susurramos un secreto), lo cual hace que su sonido suene menos metálico, más redondo y agradable al oído.

Rápido me hizo pensar en la época de la leyenda de jazz, el trompetista Miles Davis, cuando se enamoró de la voz de la aclamada cantante Helen Merrill. Katie James me llevó a viajar y recordar a Helen Merrill cantando el tema «Falling in Love with Love» con el que conquistó a todos los exponentes y aficionados del jazz no por la técnica de arpegios y melodías llenas de melismas (Grupo de notas sucesivas que forman un adorno sobre una misma vocal), sino, por el gran sonido tierno, cálido y sobre todo homogéneo.

Al escuchar el coro de «Me voy al monte», Katie demuestra su destreza cantando grandes intervalos pasando de la voz de pecho a la voz de cabeza sin ningún esfuerzo y demuestra la equidad de su sonido cuando conecta estos dos resonadores.

Hablemos también de algo que insisto con mis estudiantes de música: el volumen y la intensidad no tienen que ver el uno con el otro. A veces, como músicos, creemos que tocar más fuerte o que los cantantes griten más nos ayuda a alcanzar la intensidad o proyección que necesitamos en la música. Otras veces, observamos cantantes que enfatizan sólo en gritar, y la música no tiene nada de intensidad. Al contrario, con la voz de Katie James tenemos un excelente ejemplo de que no necesitamos esforzar la voz, tratando de llegar a las notas más agudas, y sobreadornando una melodía para tener intensidad y proyección en el sonido de la voz.

Su voz es «sencilla» (no es nada fácil cantar así), con una grandeza que llega al alma.

Al poder ver ese tema en forma de clip de vídeo en la plataforma de YouTube, se me apretó el corazón de nostalgia. Katie James comienza a caminar en una finca de Colombia llena de matorrales y hermosos relieves de verdor, que me acordó las preciosas fincas y los montes que hay en Puerto Rico, y que hace años que no veo. Burdeos (donde vivo actualmente) es una tierra de castillos, viñedos y dunas, pero jamás como los paisajes de la tierra que nos vio crecer. «Me envuelve el verde de la selva con su abrazo», como bien lo expresa la cantautora, es uno de mis propios deseos, poder decirle adiós a esta pandemia, y poder correr y extenderle mis brazos a mi madre patria.

Finalmente, creo que quedé tan encantada con su voz como Miles Davis quedó con la de Helen Merrill.

Shekinah, yo encontré su voz apacible, con una belleza conmovedora que toca las fibras más hondas de la energía vital. En este momento de distanciamiento físico y convulsión, su música es un remanso de paz. El vídeo «Me voy al monte» me pareció muy profesional e impresionante también me trajo muchos recuerdos de Puerto Rico y el Caribe.

Shekinah Rodz-Gatto

Mientras el mundo arde, tiembla, se derriten los polos y nos inundan sus aguas, la música nos hermana y conmueve, nos estremece en lo más profundo de nuestro ser, nos enternece y comunica el amor que se siente por todo lo que nos rodea. Comunica la historia de los pueblos de una generación a otra. La música nos calma, es terapia en la pandemia, eleva el espíritu de los pueblos, y nos relaja en unos momentos históricos donde la tensión ha alcanzado escalas sin precedentes.

A pesar de las restricciones y el distanciamiento físico, la música se abre paso en todos los rincones del mundo. Crea nuevas maneras de comunicar lo que sentimos y la necesidad de transmitir la cultura de los pueblos en los medios modernos de comunicación de masas. Los pueblos cantan en las calles canciones que abogan por la justicia mientras marchan. La música nos acompaña desde la cuna hasta el cementerio.

Gracias Katie James por cantarle a la cotidianidad, al amor al prójimo y a los ancestros (nuestras abuelas), así como a la tierra que nos da el sustento nuestro de cada día.

Visiten la página de Katie James (http://katiejamesmusic.com/)


José E. Rodríguez Sellas, es traductor y escritor técnico, es graduado de historia de la Universidad de New Haven y tiene una Maestría en Trabajo Social de la Universidad de Connecticut, Estados Unidos.
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Shekinah Rodz-Gatto, es músico profesional y profesora de música, graduada del Conservatorio de Música de Puerto Rico y cuenta con una Maestría en Jazz Studies (Estudios de Jazz) de Georgia State University (GSU) (Universidad Estatal de Georgia), Estados Unidos.

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