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La lección que nos deja Donald Trump: los peligros extremos de la demagogia y las mentiras en política

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Desde que el presidente de los Estados Unidos Donald John Trump anuncia temprano en sus primeros años de gobierno la intención de repostularse por cuatro años extras en la Casa Blanca como cabeza del poder ejecutivo de este país; ha dicho muchas cosas, entre ellas amenazas diarias en contra de quienes le critican sus malas obras, anunciando un gobierno autocrático con matices monárquicos, justificando sus cuestionables métodos para proteger su propio peculio y supuesta fortuna aprovechando los recursos del estado, halagando a los grupos neonazis, tele evangélicos y al KKK, y dando rienda suelta a sus deseos incontrolable e insaciables de mantenerse en el poder.

  Esta insistencia obsesiva/compulsiva de seguir en la presidencia cuestión legitima en el caso de presidentes honestos como Barack Obama; había llevado a estudiosos de la ciencias políticas a predecir que Donald Trump se aferraría con todos los medios posibles al poder para protegerse de la mala administración de sus propios negocios, sus sucesivas quiebras, los interminables juicios en su contra por fraude y acoso sexual, y continuar con su familia aprovechándose de los bienes del gobierno que les provee tanto a ellos como a sus asociados republicanos; recursos gratis para satisfacer sus costumbres de ricos descontrolados, avaros y ambiciosos.

  Por esto, es justo decir ahora que este candidato a la reelección es un absoluto y típico demagogo semejante a dictadores tales como Adolfo Hitler en Alemania, Benito Mussolini en Italia y sus discípulos en nuestros países latinoamericanos, entre ellos México, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil y Puerto Rico.

  La palabra demagogia es tan antigua como el inicio de las sociedades y de sus instituciones políticas. Surge en Grecia donde era una combinación del vocablo “demoságo” que significa “demos” o pueblo, y “ágo” que significaba guiar, pero en este contexto con una connotación absolutamente negativa. Ahora en el siglo XXI, demagogia se define como una acción de manipular los sentimientos del pueblo para conseguir votos, que es exactamente lo que hace Trump con sus seguidores supremacistas raciales.

  Pero la definición de demagogo no culmina allí, sino que su significado se amplía describiéndola como una herramienta política para aumentar los votos usando mentiras y halagos o ideas que exacerban el descontento de la gente. Trump halaga a la raza blanca a la cual considera superior y desde que anuncia su candidatura, denigra de inmediato y degrada a la raza afroamericana, los latinos, musulmanes y otras etnias.

  En su libro “Disloyal” Michael Cohen, un exabogado personal de Trump y testigo de sus modus operandi, afirma que ese primer infame y racista discurso sorprendió incluso a su círculo íntimo de asesores políticos e incluso a su propia familia. Como buen demagogo, Trump había creado a un “enemigo interno” que pondría en peligro a su base racial de origen ario.

  Según el presidente, los latinos y mexicanos somos violadores, traficantes de drogas y delincuentes y se requiere una valla de metal para separar a los Estados Unidos de la frontera con México. Adolfo Hitler en Alemania definió al enemigo interno como la población judía justificando así su atropello a las garantías individuales y los derechos humanos básicos de esos ciudadanos alemanes.

  Trecientos años antes del nacimiento de Cristo los filósofos griegos Platón y Aristóteles hablaron en contra de la demagogia porque los discursos de los demagogos no eran virtuosos, es decir verdaderos ni honestos.

  Los demagogos decían los filósofos, no buscaban la satisfacción de las necesidades del pueblo, sino los intereses personales del gobernante y la virtud era definida de acuerdo a estos filósofos como intelectuales, pero también morales. De esta manera la sabiduría y conocimiento, la compresión, la prudencia y la moderación, eran las características de los líderes que no son demagogos. Definitivamente y tal como ya se discutía y analizaba tres siglos antes de Cristo, quien no tenga virtudes y moralidad será un gobernante demagogo.

  Análisis más recientes del fenómeno de la demagogia en política indican que el demagogo o demagoga si satisfacen los caprichos del pueblo para conseguir también sus votos. Trump, el demagogo adula a la infame Asociación Nacional de Rifleros y aplaude la legitimidad de los grupos neonazis y racistas armados para conseguir sus votos. “Ellos son buenas personas,” dijo refiriéndose a quienes atacaron a civiles que denunciaban como una ofensa a la población afroamericana un monumento dedicado a un general líder del fomento de la esclavitud en los estados del sur.

  De la misma manera, el demagogo Donald Trump aplaude a los grupos evangelistas que le apoyan y les ofrece tácitamente transformarlos en la religión oficial de los Estados Unidos. Lo mismo hace con los católicos ultraconservadores tales como la nueva integrante de la Corte Suprema promovida y apoyada por los votos republicanos en el Senado, Amy Coney Barrett.

  Además, la posición política del demagogo/charlatán en relación a algunos de los agentes de la justicia que han descargado sus armas en contra de ciudadanos afroamericanos o latinos asesinándolos a sangre fría; no ha sido jamás de reprehensión hacia estas acciones, y constantemente alaba y ensalza a las fuerzas armadas, aunque se ríe de los veteranos de guerra a quienes llama estúpidos y fracasados.

  En el pasado, los demagogos han usado las plazas públicas de Grecia y Roma y después los altoparlantes para transmitir sus venenosos mensajes tal como lo hacia Hitler en Alemania. Además, utilizan como Donald Trump y los republicanos los medios modernos de comunicación tales como la radio, el sistema postal, la televisión y los sistemas de comunicación como Facebook, incluidos el Twitter.

  Por estos motivos, sectores de la opinión pública estadounidense, incluidos latinos en Texas y Florida han caído en las trampas del elocuente embaucador que alimenta sus discursos con información fatula e insultos. Con su estilo adulón hacia su base racista e insultante y descomedida hacia nosotros los latinos y ciudadanos de color, incluidos musulmanes y asiáticos; Donald Trump piensa ganar la reelección lo cual reviste un gran peligro porque este astuto halagador y embustero, persigue obtener el control TOTAL del gobierno de los Estados Unidos e iniciar un gobierno autócrata semejante al de su admirado Vladimir Putin, el déspota ruso.

  Por ahora y afortunadamente, nosotros podemos decidir el próximo martes tres de noviembre.

  O elegimos a un demagogo deshonesto con planes de convertirse en dictador o monarca absoluto, o elegimos a un presidente que tenga las virtudes recomendadas por lo filósofos griegos y de los líderes intelectuales modernos que son honorables e íntegros.         

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LA CARICATURA DE REINALDO

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