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Primero yo, segundo yo, tercero yo y que los “otros” esperen, a mí no me importa

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La así llamada panacea inmunológica que contrarrestaría la contaminación de la plaga Covis-19 y es la vacuna que requiere dos inoculaciones, ha dado ánimos a una población mundial que ahora toma más conciencia de la ferocidad de este flagelo que llega a Connecticut en marzo del año pasado obligando al cierre forzoso de centros de trabajo, escuelas, universidades, librerías, bibliotecas, restaurantes, bares, teatros, y cines, entre otros recursos.
Después de un pequeño recreo que proporcionó de un modo gratuito la llegada de la primavera, el verano y parte del otoño del 2020, el temor a la tradicional influenza y a los brotes de la enfermedad debido a la oposición política de algunos en contra del uso de las máscaras y del distanciamiento social; obligaron durante plena época de elecciones presidenciales a regresar a los tétricos meses de marzo, abril y mayo. Sin embargo, universidades y laboratorios habían comenzado a probar los efectos de posibles vacunas que protegerían a la población.
Entre estas posibilidades de solución surgió durante el gobierno de Trump la droga hydroxychloroquine cuyo uso había sido promovido por un médico francés y cuya eficacia se comprobó nula y sin base científica, aunque el presidente republicano aseguraba que sería el remedio ideal. Trump afirmaba esto después de recomendar dosis de cloro para limpiar los pulmones.
Frente a estos dilemas de salud pública estados como el de Oklahoma están tratando de conseguir que se les devuelva la suma de 2 millones de dólares que usaron para adquirir el medicamento milagroso que producía severos y peligrosos efectos secundarios cardiovasculares. El gobernador de ese estado, Kevin Stitt había ordenado la compra del remedio siguiendo las afirmaciones de Trump de que esta droga era milagrosa pero que al final del día, como los tragos de cloro, no servían para nada y eran un peligro para la población.
Ya en noviembre, el equipo de salud del presidente electo Joe Biden que debería esperar hasta el fatídico miércoles seis de enero para se reconocido como el presidente número 46 de los Estados Unidos, comienza a estudia la forma de acelerar la producción de vacunas reconocidas como efectivas y un rápido proceso de inoculación.
Inocular a la población de Connecticut con una cantidad aproximada a tres millones, quinientos setenta y ocho mil habitantes, no es una tarea fácil y de este modo las autoridades estimaron que la prioridad sería los trabajadores de la salud, equipos de emergencia de la policía, bomberos, guardia nacional, y maestros entre otras ocupaciones esenciales. Al mismo tiempo se mencionó a los adultos de 75 años y más, además de aquellas personas que sufrían de condiciones médicas previas de riesgo tales como la diabetes, cáncer, condiciones cardiovasculares, y las broncopulmonares, entre otras enfermedades.
El plan es lógico y se prometió que la población de personas menores de 75 debiese esperar su turno y todos, o CASI todos esperamos y continuaremos esperando.
Otros y otras no. Y aquí estamos cayendo en el amiguismo, los contactos políticos, amistades médicas, embustes y esos medios que se usan en nuestros países de origen tales como Puerto Rico, Uruguay, Argentina, Perú, Bolivia o Chile, donde los que nacimos en cuna de barro y no de oro tenemos menos posibilidades de sobrevivir.
Como muestra dos botones. Una pareja de personas de menos de 65 años sin condiciones médicas previas, optimistas, saludables, y con buena pensión nos informaron que ya estaban vacunados pero que tuvieron que ir a otra ciudad, sin especificar como fue el milagro. Otra amiga también usó la puerta chica para vacunarse y dice que ahora, pensándolo bien, se siente culpable porque teme haberles quitado la oportunidad a otros u otras. En cuestión de arrepentimientos más vale tarde que nunca.
Ahora que ya comenzaría a ofrecerse la vacuna a personas de 65, George Jones cuya agencia está a cargo de una clínica autorizada para inocular, dijo haber observado un fenómeno curioso. “Repentinamente nuestra modesta cínica se vio invadida por una inusual población de la raza blanca cuando nuestro objetivo es servir a la población afroamericana,” dijo con asombro.
En muchas ciudades de los Estados Unidos y Connecticut esta población blanca de sectores acaudalados ha inundado de llamadas telefónicas o comunicación vía Internet para pedir citas, cogiendo así las aun escasas dosis de las vacunas.
“Las personas provenientes de familias pobres con servicios de salud limitados por la ausencia de recursos y los recortes hechos en el presupuesto federal por el pasado gobierno; se encuentran limitados por obstáculos tales como líneas telefónicas abrumadas por llamadas y largas horas de espera o complejas formas de navegar a través de los misterios vericuetos del Internet.
“No tenemos tiempo para esperar debido a nuestros trabajos o ausencia de transportación, cuestión que no es un problema para muchos individuos de la población anglosajona, con trabajos de horario flexible y conocimiento y práctica de lidiar con la comunicación virtual,” dijo una de las afectadas que aun no cuenta con la vacuna.
“En la primeras semanas del proceso de inoculación se había vacunado en Filadelfia a solamente un 12% de la población afroamericana cuyo total en la ciudad es de un 44%. En Nueva York, la población blanca ha recibido cerca de la mitad de las dosis mientras que los ciudadanos afroamericanos y latinos no están representados en esta repartición,” dijo un ejecutivo de salud de la ciudad que ha sido fuertemente afectada por la pandemia.
Afortunadamente en Connecticut se está hablando de habilitar las farmacias CVS para inocular y también el uso de clínicas móviles para llegar a los sectores más alejados del centro de las típicas metrópolis, sin embargo, la avaricia de algunos y algunas de utilizar contactos para “cortar fila” en las presentes circunstancias es una vergüenza y personalmente no creo que esas personas serán nuevamente mis amigas o amigos.
De enfermos de gula, glotonería, y voracidad está lleno el infierno literario del gran Dante en su poema la Divina Comedia.

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LA CARICATURA DE REINALDO

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