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Problemas de salud mental, una secuela de la crisis pandémica, pero que es superable

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Por Juan Daniel Brito

  Reflexiono acerca de este hecho que tiene que ver con nuevos hallazgos acerca de los efectos de la crisis del Covis-19 en la salud mental de los estadounidenses que ahora consumen más alcohol y han aumentado de peso. Es que en laspalabras de Arthur C. Evans, presidente de la Asociación Americana de Psicología, pensando en los doce meses pasados bajo la pandemia, “todos hemos sido afectados por un trauma colectivo.” 

  Aunque los estudios especializados a través de encuestas tienen mucha validez, para nosotros los lectores de periódicos, nos llaman la atención el incremento de los hechos de violencia, baleos en las calles, padres que le disparan a sus hijos o progenitores o progenitoras que agreden a sus hijos, y viceversa.

  Experimentando días cálidos después de un invierno frio viviendo enmascarados, separados de nuestras familias extendidas, de amistades, de compañeros de trabajo, de escuela, de colegios y universidades; sentimos que con máscara y todo, estamos logrando un respiro con la buena noticia de la aprobación de 1.97 trillones de dólares de ayuda a la economía y a las familias que sufrió una tardanza debido a la oposición al plan de Biden por parte de los republicanos en el Congreso.

  Con la primavera llegará a nuestros hogares un esperado y necesitado cheque federal de $1,400 dólares y un aumento de la inmunización contra el Covis-19.

  Después de la tormenta Covis-19 hay ahora un espacio para observar con más objetividad los daños traumáticos que menciona el Dr. Evans que, dando a conocer los resultados de una encuesta hecha a más de 3,000 adultos de distintas razas, informo que un 41% de los entrevistados confesó haber ganado un promedio de 20 libras extras y que un 10% superó las 50 libras, típica en casos de obesidad mórbida.

  Debido al invierno, el obligado distanciamiento social y el temor a infectarnos; nos vimos obligados a concentramos en los hogares, pero muchas familias en áreas urbanas lo hicieron en estrechos departamentos donde aumentó la promiscuidad y el hacinamiento. El ejercicio físico se limitó y es importante saber que el consumo de alcohol afectó mucho más a madres de niños en edad escolar que tuvieron que experimentar el aprendizaje a la distancia.

  “En mi caso no era solamente mi hijo de escuela intermedia, sino que los menores de once y siete años. Cuando informaron del regreso a las aulas he sentido un gran alivio porque no tenia vida independiente, mi esposo se enfogonaba y comencé a beber más al punto de una adicción a la cerveza,” nos comentó Elena. Un 47% de las mujeres entrevistadas afirmaron que están bebiendo más y que necesitarán ayuda para recobrar el equilibrio emocional.

  Han sido doce meses de incertidumbre y trauma en los momentos en que no sabíamos exactamente los alcances de la enfermedad ni el nivel de contagio de la pandemia. Comenzamos a enterarnos de muertes como si el país hubiese estado en una situación de guerra. Templos y lugares de rituales religiosos debieron cerrar sus puertas y las agencias de salud mental se vieron obligadas a utilizar el teléfono o el sistema zum para comunicarse con los pacientes. Estas son otras carencias que dejan sus huellas en el espíritu y el animo de

  ¿Hay una conciencia de los estadounidenses de que la salud mental, el equilibrio emocional, la ausencia de grupos de apoyo cara a cara no ha podido ser reemplazado por la comunicación a través del celular o la computadora?

  El estrés nos ha afectado sin consideración de raza, clase social o preferencia sexual y para las autoridades los doce meses pasados constituyeron una prueba a su capacidad de solucionar, recomendar, en muchos casos imponer, y organizar para paliar los efectos de una plaga que superó los efectos del SIDA en la década de los 80.’

  Hasta el mes de febrero del 2020 habíamos sido una gigantesca isla protegida de la Ébola, la peste bubónica, y otras calamidades que azotaron al planeta hasta un tiempo tan reciente como 1886. La plaga nos alcanzó y ahora llega el tiempo de recuperarnos.

  Paradojalmente, somos capaces de escuchar el viento de Marte a través del vehículo Perseverancia que recorre un planeta donde hace millones de años hubo agua, oxígeno, lagos y ríos. Las imágenes trasmitidas por los poderosos equipos del vehículo espacial dirigido desde la Tierra nos recuerdan lo que es ahora el desierto del Sahara o paisajes en el norte de Chile semejantes a planetas extintos. Se habla de viajes tripulados a la luna y dentro de poco de posible legislación para determinar la “propiedad” de nuestro satélite y de otros planetas.

  Paradojalmente a millones no les interesa ni tampoco preocupa el aumento de la temperatura de la tierra fenómeno que está llegando a los límites de lo irreparable. Las sociedades siguen recurriendo a la violencia institucionalizada para acallar las protestas de los más desposeídos, los políticos han transformado el servicio público en un vehículo para enriquecerse, y los ríos, lagos y mares sufren diariamente la contaminación de billones de toneladas de basura, baterías, químicos y venenos.

  Por ahora, tenemos la oportunidad de salir a las plazas y parques, gozar del cambio de la naturaleza, mirar el vuelo de los pájaros, admirar las salidas y puestas de sol, observar la cadencia de las olas del mar, abrazar a amistades (usando mascarillas), gozando de cierta tranquilidad en los hogares cuando niños y jóvenes regresan a las escuelas donde sus maestros y maestras han sido vacunados.

  Somos una sociedad que sobrevivió un trauma y necesitamos recuperarnos abandonando adicciones, recobrando la tranquilidad familiar, pensando más en el prójimo y ayudar a otros.

  En el intertanto y tal como recomiendan los expertos que también han sobrevivido el trauma de un año de pandemia, salgamos, conversemos acerca de los problemas de salud mental que son secuelas del Covis-19 y pensemos que la cercanía de la primavera nos traerá un sentido de normalidad y bienestar.

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