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“Mi esposo acumula cosas y me cansa mucho”

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Pregunta

Tía Julia:

  Tía, le escribo cuando a través de la ventana llegan a mis oídos virginales el cantar de los pajarillos y en los árboles se perfilan las primeras hojitas anunciándonos que viene la primavera, aunque ya anunciaron lluvia y algo de nieve para el fin de semana. En fin, como decía el Dr. Frankenstein, nada es perfecto en este planeta con imperfecciones y más frágil que un tembleque.

  Nunca me imaginé que debería distraer su atención con mis cosas privadas, pero ya ve, el destino tiene más encrucijadas que gas en el intestino delgado de la serpiente, como decía Indiana Jones en su obra maestra, “Una caída más y no me paro.”

  La cosa es tía que me casé con mi presente esposo hace quince años y al comienzo éramos nada más que él, yo y nuestros gemelitos. Como Galo es hijo único (y adoptado), al tiempo decidió ayudarles a sus padres a instalarse más cerca de nosotros, en un pueblito al sur de Tampa. Así, los visitábamos y ellos venían a Connecticut a acompañarnos para las navidades y estábamos todos más contentos que ciudadanos vacunados.  

  Poco a poco mis suegros se fueron arrugando como una camisa planchada sobre un canasto, sus espinas dorsales antes erectas se doblaron debido a la fuerza de gravedad; y sus piezas óseas, vulgarmente llamadas huesos, iniciaron un proceso irreversible de deterioro por las cosas esas que se llaman reumatismo, ciática, u osteoporosis con las que usted estará ya familiarizada.

  Después de conversarlo con Galo, los trajimos a una casita en East Haven que les compramos con la idea de que siguieran independientes y nosotros también. Todo estuvo bien, hasta que mi suegro tuvo un problema con los riñones y de un día a otro se enfermó de una manera infinita hasta que después de un infarto comenzó a mirar para adentro forever.

  Mi suegra no quiso quedarse sola en la casa ya que les teme a los muertos, aunque yo le decía que a los que hay que tenerles miedo son a los vivos y a los políticos pillos. De este modo, nos forzó en cierta manera, a mal vender la casita, y se trasladó a un apartamentito donde viven nada más que viejitos más arrugados que una pasa. 

  Galo y un compadre tuvieron que hacer la mudanza de las cosas de mis suegros al sótano de mi hogar que dejo entonces de ser un centro de diversión con un bar y una mesa de billar y se transformó en bodega. Cuando mi suegra se mudó, fue nuevamente Galo a instalarla, pero como la mamá no quería los muebles de antes, entramos en una deuda comprándoles otros y conservando los antiguos. Ya Galo que sobrepasaba las cuarenta pepas, comenzó a tener problemas en la espalda con tanta chavada mudanza.

  Para hacer la historia más breve, hace dos años se murió mi suegra después de sobrevivir a mi suegro por casi diez años y entonces Galo tuvo que hacer otra mudanza de las cosas de la mamá a nuestro sótano que ya estaba lleno de cachivaches.

  Aunque Galo hizo todo el trabajo, hubo que alquilar el camión de mudanzas, y pagarle a un caballero al que le llaman Vitro para hacer los traslados.       

  Ahora nuestro sótano y lugar de recreación y solaz se ha convertido en otra bodega con ropas de mis suegros, muebles, y cosas que mi esposo dicen tienen para él un valor intrínseco, palabra que no entiendo mucho, pero que yo creo que es un antónimo de cosas materialmente desechables, pero con un valor emocional.

  Como mis gemelos ya están grandes, el espacio del sótano es muy importante para que no usen como pretexto que no tienen espacio en el hogar para salir y coger malas costumbres. Le dije a Galo que regaláramos todas las cosas o hiciéramos un tag sale ahora en primavera, y fue como si se hubiese comido un ají marca “Cordobeses,” de esos que pican dos veces, y me dijo que yo no era sensible al cariño que le tiene a sus padres y que cuando era chiquitos le cuidaban, le decían querubín y todas esas sandeces de nenes alcahueteados.

  Hemos tenido varias discusiones fuertes con respecto al tema y yo le he tratado de explicar que de los muertos una guarda algunas cositas, pero no la ropa, zapatos ni los muebles; pero como mi esposo es más terco que un burro obsesivo, me ha dicho nones y que jamás se separará de los bienes de sus ancestros.

  Galo se va algunas noches al sótano y esta allí horas mirando la bodega y suspirando.

  Ya estoy cansada, ¿qué puedo hacer?

 Teresa.

Respuesta

Teresita:

   Veo que tiendes a burlarte de los adultos mayores y eso no debiera ser así ya que todos vamos para allá y la tez lozana de la que hablaba el poeta Quitrín Macollo en su libro “Poemas para Mi Jeva,” no pasa a ser sino un recuerdo de rosa primaveral. 

  Lo que sucede es que hay personas más sensibles que otras y para darte un ejemplo están aquellas que guardan todas las tarjetas de saludos de cumpleaños, Acción de Gracias, entradas al cine, tiquetes del tren, y tarjetas de Navidades en cajas de cartón y plástico que llenan espacio. Hay otras que han guardado sus textos escolares desde el primer grado, y aquellas que archivan las cartas que compartían con el novio.

  Otras como tú o yo, hacemos “limpiezas intensas” cada seis meses y nos deshacemos ipso facto de todo aquello que no hayamos usado, incluido aquello sin sentimientos de culpa.

  Ahora bien, en el caso de ropas, o álbumes de los padres o en tu caso suegros, hay que tener más cuidado que comer pescado con espinas ya que los seres más sensibles que María Magdalena, tienden a guardar recuerdos en cosas tangibles.

  Yo te sugiero que inicies una campaña más cuidadosa para convencer a tu cónyuge de que se deshaga de las cosas que ocupan espacio vital para ustedes en el sótano.

  La necesidad de recreación para ustedes y vuestros gemelos es un argumento importante y quizás podrías usarlo para que el hombre se convenza y regale las cosas al Ejército de Salvación, institución a la cual tu llamas y pa’luego te mandan un truck a recoger ropas y muebles que pueden servir a personas afectadas por incendios o por la pobreza inmisericorde.

  Como te digo, éste es un tema más delicado que la situación de los niños inmigrantes que piensan traer a Connecticut para habitar en lo que fue un centro de detención para jóvenes, y debes tener sumo cuidado en no dar pasos impulsivos que pueden crear en tu matrimonio una crisis irreversible porque tu esposo es sentimental, y te culpará para siempre de quitarle los recuerdos imperecederos de sus progenitores.

  Ten paciencia, y quizás puedes también usar el argumento de la pobreza que hay en nuestra ciudad y como al igual que cuando una persona dona al momento de su muerte sus órganos vitales, sus padres estarían felices de ver sus ropas y mobiliario, servir a otros seres vivos que lo necesitan.

  Te deseo mucha suerte, y lo más importante, cuídate de las rabietas o discusiones airadas acerca de este tema tan crucial y espinudo y busca como aliados a tus gemelos para que hablen con papá.

Tu Tía, Julia  

Comentarios a los Consejos de la Tía Julia. Estamos contentos porque ya nos vacunaron dos veces y nos sentimos más seguros, aunque hay mucha gente que se han sacado las máscaras, se lo pasan bailando los fines de semana y otros dementes han quemado las máscaras en Florida. Es que yo no entiendo. Christian de Enfield.

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LA CARICATURA DE REINALDO

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