Publicidad

Columnistas

“Definitivamente, mi esposo y yo somos muy diferentes”

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Consulta

Admirada y nunca suficientemente bien ponderada Tía,

  Estoy casada hace once años con mi esposo Cheito, nombre que le endilgó su abuela que era fanática de una telenovela llamada Topacio que, según ella, tuvo tanta éxito que la fueron extendiendo a presión, al punto que mucha gente se enfermaba de los nervios por lo que le podía pasar a Cheito, el hijo de la cieguita, nombre de la protagonista. A Cheo lo cría la abuelita y de allí viene mi problema porque doña Porfiria lo tongoneó demasiado.

  En la actualidad tenemos un hijo lo que es más que suficiente debido a que mi media naranja tiene defectos que podrían parecer nimios, pero para mí que convivo con él, ya me tienen no un lado, sino que los dos lados más hinchados que un embarazo de yegua.

  Cheo es un hombre caribeño con mucha vitalidad y entusiasmo, bueno para celebrar, pero trabajador. Yo soy una primera generación de puertorriqueña de ascendencia alemana. Mi padre viajó a la isla donde se dedicó al negocio de las farmacias. Me envío a la universidad y de mis progenitores aprendí un sentido de cumplimiento del deber, respeto de los horarios y de las normas sociales y austeridad suma.

  Cheo es todo lo contrario y me di cuenta del boyo cuando estudiamos en la Universidad de Puerto Rico. Se lo pasaba tocando guitarra y cantando, se inclinaba hacia la bohemia, no estudiaba ni leía, pero tenía una memoria de esas que llaman auditivas y aunque no iba a clases, tenía varias personas, entre ellas, yo que le leíamos y recitábamos las lecciones y el tipo sacaba mejor puntaje que nosotros.

  Se graduó de la premédica, pero termino como técnico de rayos X y de exámenes de resonancia donde meten a los pobres infelices en un sarcófago por una hora y les mantienen allí encerrados, semi sedados y con una sonajera de los mil diablos que parece un concierto de patadas.

  Para simplificar mi consulta y no quitarle más tiempo, he aquí el problema que ya me afecta las neuronas y me trae todos los días a mi conciencia la pregunta; porque Señor, ¿por qué? A lo que respondo a mí misma, no sé.

  Actualmente me niego a viajar con mi esposo cuando va conduciendo porque me pone nerviosa y temo por la integridad física mía y de mi nene que tiene siete añitos y se llama Karl, aunque mi esposo le llama Karlitos. Una vez que este hombre hace funcionar el automóvil Mercedes Benz, pone en el toca DC una música patriótica donde toca el cuatro un señor llamado Silverio Pérez y temas del conjunto Haciendo Punto. Cheo no piensa en mí, y hace escante con nuestros oídos, especialmente con las llamadas plenas.

  A poco andar, el tipo se detiene en un DD de la Washington y se compra un café late grande, y dos English Muffin con queso y huevo. Desde ese momento me pongo más nerviosa que monjita con atraso y más helada que nalga de pingüino. Mi esposo guía con una mano, y con la otra va tomándose el café y casi simultáneamente se come el muffin. De alguna manera cambia también el CD y mientras tararea la música de Ramito, me va señalando lugares que para el son de interés tales como el Wadsworth Atheneum de Hartford donde ahora hay un problema. Ah, simultáneamente el tipo también llama y responde el celular. ¿Se imagina usted?

  “Ten cuidado por donde vas condenado!” le dije el otro día cuando cerca de los tribunales de la Washington, casi se lleva a una señora que cruzaba la calle en una silla de ruedas. Allí, como es su costumbre, Cheo lanzó al aire varias diatribas entre ellas, mujer condena refiriéndose a la pobre anciana.

  Ahora estamos en problemas porque he decidido comprarme un carro fuerte para los viajes con mi hijito Karl y de esta manera llagaríamos a la hora a los compromisos, citas con el médico, reuniones en la escuela, encuentros familiares y las misas. Cheo anda con trompa y me ha salido con la cosa esta de que ya no confío en él, pero como temo por su vida, le he dicho que necesita un seguro de vida porque me imagino lo que pasaría para Karl y yo en caso de un accidente fatal. 

  Tía, ¿Debiera continuar casada con un tipo tan difícil y porfiado?

Saludos

Helga Sunkel

Respuesta

Querida Helga,

  Tu caso es sumamente interesante porque has tocado un tema que tiene que ver con la cultura y costumbres de distintas etnias, y además con lo de la seguridad en el uso de automóviles y vehículos de motor que debería enfrentarse con una campaña pública que nos ayude a evitar accidentes fatales o heridas invalidantes.  Necesitamos una cruzada de prevención, y déjame confiarte algo.

  Las distracciones que afectan a tu esposo mientras guía un automóvil podrían ser causadas por un problema de Déficit de Atención e Hiperactividad. Como decía un hombre sabido en estas cosas. Su prurito mental de mirar p’al lado cuando guía a 60 millas por hora en la 84 Este, admirar las flores de la primavera, desenfocarse de su importante tarea de guiar siempre mirando hacia el frente puede ser una condición seria que no ha sido tratada a través de terapia.

  Es como el caso del niñito que no puede concentrarse en una tarea escolar porque todo le distrae y está pendiente en el salón de los ruidos, las personas que pasan, las sirenas de ambulancia, movimientos y acciones de otros estudiantes, pero no le hace caso a la maestra que se desgañita hablando con la mascarita.  Para entender esto es bueno usar esta imagen. Cuando vamos creciendo, en nuestra mente hay lo que los entendidos llaman la “ventana grande” donde aprendemos, pero en la medida que crecemos, la ventana debiera irse achicando y permitirnos enfocarnos olvidándonos de los pajaritos y del paisaje primaveral.

  En este momento yo no si Cheo es uno de estos casos de desenfocados o se sacó la licencia de conducir en una rifa. ¿Utilizó tu esposo el sistema de la pillería que acaeció en Hartford hace algunos años cuando un grupo de pillastres que eran funcionarios en el Departamento de Vehículos y Motores de Connecticut otorgaban la licencia a personas que no habían tomado el examen teórico ni practico? ¿Te imaginas? Antes de que la policía les echara mano, fueron cientos los que pagando unos dólares más recibieron la licencia.

  Cheo se está arriesgando a situaciones peligrosísimas y también poniendolos en peligro a ti y a Karl. Un choque en la ciudad, aunque sea a treinta millas por hora tiene consecuencias nefastas que afectan por las heridas la calidad de vida de los que chocaron a otros, o bien fueron impactados.  

  Ya he conocido tres casos de accidentes y déjame decirte que fracturas, traumas en el cráneo y otros daños obligan a intervenciones quirúrgicas de trauma muy delicadas y una vez neutralizado el peligro inmediato de pulmones colapsados, hemorragias cerebrales, costillas rotas, o hematomas internas, viene lo que algunos denominan, “el infierno de la Divina Comedia” a la que yo llamaría la terrenal tragedia: la Unidad de Cuido Intensivo.  

  Muchacha es que eso duele. Te ponen allí altamente sedado o sedada sin moverte de un lecho más estrecho que el canal de Suez y conectado a un sinnúmero de cables con suero y otras madres. Debido a los medicamentos que alivian los dolores, desarrollas alucinaciones y no puedes llevar a cabo tus necesidades básicas como ir al cuarto de baño. Es algo humillante que nadie se merece.

  Con la aparición de nueva tecnología tales como el teléfono celular, el texteo y la mala costumbre de algunos de desayunar o almorzar cuando guían, el problema se hace más complicado que conseguir un billete de 21 dólares.  

  Las estadísticas nos muestran que a nivel nacional y debido al texteo cuando las personas guían automóviles, producen 330,000 accidentes al año.  Y déjame contarte que 2,841 personas murieron debido a choques de vehículos provocados por personas distraídas como tu esposo Cheo.

  Tendrás que confrontar a tu esposo y explicarle los riesgos a los que les expone, además de tu propósito de no compartir el vehículo familiar ya que debes protegerte y también al niño Karl.

   Lo del seguro de vida no está demás, pero en los litigios donde la culpa fue del conductor, las compañías aseguradoras te meterán en un proceso legal más largo que los lunes y si tu esposo fue el que provocó el accidente mientras guiaba, su seguro tendrá que pagar los daños.

  En cuanto a esto de que las personas del Caribe no son puntuales, debemos tener cuidado para no caer en estas ideas que manejan los discípulos del infame Donald Trump que usa cualquier argumento para tirarnos para abajo. Llegar atrasado a una fiesta salvo que sea matrimonio funeral o cumpleaños no es bien mirada ni en Frankfurt, Bolivia ni Puerto Rico.

  Te deseo Helga un Feliz Día de la Madre y protégete tú y a tu hijito que a veces son las víctimas fatales de padres distraídos.

Tía Julia

Comentarios a los Consejos de la Tía Julia. Esta muchacha cubana que se quejaba porque el mánager de un DD le pedía que usara Jeans más apretados que mano de baby tiene toda la razón. Ahora los tipos están sobrepasados y salen con eso de que “los ojos son para mirar.” Algunos comercios donde venden el té y los carbohidratos trasnochados permiten a las muchachas que usen camisetas largas, aunque hay otras empleadas que se dejan las uñas largas, no se ponen guantes de seguridad, no se ponen mallas en el pelo y se les olvida usar las mascaritas. Joanne de Meriden. Gracias.

VEA MAS CLASIFICADOS

LA CARICATURA DE REINALDO

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top