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¿Por qué racionalizamos?

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“No acepté el trabajo por que no era muy interesante”. Cuando en realidad, no te dieron el trabajo por que no estabas cualificado. Eso es Racionalización. La Racionalización es un mecanismo de defensa del que nadie escapa. Cuando la vida se tuerce y nos pone contra las cuerdas puede llegar a desbordar nuestros recursos psicológicos, por lo que no somos capaces de afrontar de manera adaptativa esas demandas. Cuando vivimos situaciones que nos resultan particularmente amenazantes para nuestro “yo”, tendemos a protegernos para mantener cierto equilibrio psicológico que nos permita seguir adelante con el menor daño posible a nuestro ego. La racionalización es, probablemente, el mecanismo de defensa más extendido.

¿Qué es la racionalización en Psicología?

Básicamente, la racionalización es una forma de negación que nos permite evitar el conflicto y la frustración que este genera. ¿Cómo lo hacemos? Buscamos razones – aparentemente lógicas – para justificar o encubrir los errores, debilidades o contradicciones que no queremos aceptar o con las cuales no sabemos cómo lidiar.

El mecanismo de la racionalización, atrapados por lo que no queremos reconocer
En sentido general, recurrimos a la racionalización para intentar explicar y justificar de manera aparentemente racional o lógica nuestros comportamientos o lo que nos ha sucedido, para que esos hechos se vuelvan tolerables o incluso admirables.

La racionalización se produce en dos fases. En un primer momento tomamos una decisión o ponemos en práctica un comportamiento motivado por determinada razón. En un segundo momento construimos otra razón, revestida de una aparente lógica y coherencia, para justificar nuestra decisión o comportamiento, ya sea para con nosotros mismos o ante los demás.

La racionalización hace leva en un mecanismo de disociación. Sin darnos cuenta, establecemos una distancia entre lo “bueno” y lo “malo”, adjudicándonos lo “bueno” y rechazando lo “malo”, para eliminar la fuente de inseguridad, peligro o tensión emocional que no queremos reconocer. Así logramos “adaptarnos” al medio, aunque no resolvamos verdaderamente nuestros conflictos. Salvamos nuestro ego a corto plazo, pero no lo protegemos a largo plazo.

En la vida real nos comportamos como la zorra de la historia sin darnos cuenta. De hecho, la racionalización cumple diferentes funciones psicológicas:

• Evitar la decepción. Podemos recurrir a la racionalización para evitar sentirnos decepcionados por nuestro desempeño y proteger la imagen positiva que tenemos de nosotros mismos. Por ejemplo, si una entrevista de trabajo fue mal, podemos mentirnos diciéndonos que en realidad no queríamos ese empleo.
• No reconocer limitaciones. La racionalización nos evita tener que reconocer algunas de nuestras limitaciones, en especial aquellas que nos resultan incómodas. Si acudimos a una fiesta, podemos decir que no bailamos porque no queremos sudar, cuando lo cierto es que nos avergüenza bailar.
• Escapar de la culpa. Solemos poner en práctica el mecanismo de racionalización para esconder nuestros errores y bloquear el sentimiento de culpa. Podemos decirnos que el problema que nos preocupa iba a suceder de todas maneras o pensar que el proyecto estaba condenado al fracaso desde el inicio.
• Evitar la introspección. La racionalización también es una estrategia para no excavar dentro de nosotros, generalmente por miedo a lo que podríamos encontrar. Por ejemplo, podemos explicar nuestro mal humor o comportamiento grosero por el estrés que sufrimos en un atasco cuando en realidad podría esconder un conflicto latente con esa persona.
• No reconocer la realidad. Cuando la realidad sobrepasa nuestros recursos de afrontamiento, recurrimos a la racionalización como un mecanismo de defensa para protegernos. Una persona en una relación abusiva, por ejemplo, puede pensar que la culpa es suya para no reconocer que su pareja es una persona violenta o que no la ama.

La racionalización puede ser adaptativa ya que nos protege de emociones y motivaciones que no seríamos capaces de gestionar en ese momento. Todos podemos poner en práctica algún que otro mecanismo de defensa sin que por ello nuestro comportamiento sea considerado patológico. Lo que realmente hace que la racionalización conduzca a problemas es la rigidez con que ésta se manifiesta y su extensión prolongada en el tiempo.

Cuando nos mentimos a nosotros mismos, no solo ignoramos nuestros sentimientos y motivos, sino que también nos ocultamos información valiosa. Sin esa información, es difícil tomar buenas decisiones. Es como si anduviéramos por la vida a ciegas. En cambio, si somos capaces de apreciar la imagen completa de manera clara, razonable y desapegada, por dura que sea, podremos valorar cuál es la mejor estrategia a seguir, aquella que nos haga menos daño y que, a la larga, nos aporte más beneficios.

Por eso es importante aprender a reconocer nuestras emociones, impulsos y motivaciones. Existe una pregunta que puede llevarnos muy lejos: “¿por qué?”. Cuando algo nos moleste o incomode, simplemente debemos preguntarnos el por qué.

Es importante no quedarnos con la primera explicación que acude a nuestra mente porque es probable que sea una racionalización, sobre todo se se trata de una situación que nos turba particularmente. Debemos seguir indagando en nuestros motivos preguntándonos su por qué hasta llegar a esa explicación que genera una resonancia emocional intensa. Ese proceso de introspección dará sus frutos y nos ayudará a conocernos mejor y aceptarnos como somos, de manera que necesitemos recurrir cada vez menos a la racionalización.


Fuentes:

Veit, W. et. Al. (2019) The Rationale of Rationalization. Behavioral and Brain Sciences; 43.

Laurin, K. (2018) Inaugurating Rationalization: Three Field Studies Find Increased Rationalization When Anticipated Realities Become Current. Psychol Sci; 29(4): 483-495.

Knoll, M. et. Al. (2016) Rationalization (Defense Mechanism) En: Zeigler-Hill V., Shackelford T. (eds) Encyclopedia of Personality and Individual Differences. Springer, Cham.

Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com

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