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No pierdas el gozo

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El gozo es lo más fácil de perder. Un creyente pierde el gozo cuando pone sus ojos en las cosas del mundo, y no en las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Col. 3:1.2). Mantener la mente enraizada en Cristo produce gozo.

El gozo del cristiano no depende de las circunstancias que se le presentan en la vida. Aun cuando soporta enfermedades, dificultades y privaciones se regocija en el Dios de su salvación. Esta clase de gozo no la proporciona nada ni nadie en este mundo, porque proviene del Espíritu Santo (Gál. 5:22).

El gozo del cristiano tampoco depende de las cosas temporales que vemos y disfrutamos, sino de una relación íntima con Dios. Como dice hermosamente William Baclay en su comentario bíblico: “El gozo del cristiano es como dos amantes que están siempre felices cuando están juntos, no importa dónde. El cristiano no puede nunca perder el gozo porque no puede nunca perder a Cristo”.

Sea cual sea la situación, los creyentes nos gozamos en el gran amor de Dios y en la alegría de su salvación (Sal. 13:5). Nos gozamos en el perdón de nuestros pecados y en la vida eterna que Cristo compró con su sangre en la cruz (Jn.10:28). Nos gozamos en nuestra amistad con Cristo (Jn.15:15). Y nos gozamos añorando el glorioso día cuando Jesús vuelva para destruir el dolor y la muerte para siempre (Ap. 22:20).

Los creyentes que permanecemos en amor y obediencia a Dios y a su Palabra experimentamos el mismo regocijo que tuvo Cristo en sus padecimientos. “…quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz” (He. 12:2 LBLA). Jesús bajó del cielo y sabía lo maravilloso que era. Por eso cuando padecía tenía su mirada en las cosas de arriba: en la gloria del Padre (Jn. 17:24), en la recompensa (Lc. 6.35), en la herencia (He. 1:2). Si nos concentramos en el amor de Dios y sus promesas viviremos con gozo.

Hábitos de gozo

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos dejó tres hábitos para cultivar el gozo: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho” (Filipenses 4:6).

No se preocupen por nada:  La gente que no conoce a Dios vive preocupada por el mañana, pero aquellos que tienen sus ojos fijos en Cristo viven el presente con alegría. Ellos no se preocupan preguntándose: «¿Qué comeremos?» o «¿qué beberemos?» o «¿con qué nos vestiremos?», porque saben que Dios provee todas esas cosas. Su mente se concentra en Jesús y en lo que Él ha dicho: “Bástele a cada día sus propios problemas” (Mt. 6:34).

Oren por todo. Es triste afirmarlo, pero numerosos creyentes no tienen una vida de oración. Por eso no tienen gozo en su corazón. La oración no es una opción, es una necesidad. El secreto de Pablo para vivir gozoso fue que aprendió a llevar todos sus asuntos a Dios en oración. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He 4:16).

Denle gracias a Dios. La gratitud lleva al gozo. Hay tantas cosas por las cuales agradecer a Dios. Primeramente, por Cristo, en quien tenemos redención y vida eterna. Demos gracias a Dios por su Palabra, por sus misericordias que son nuevas cada mañana, por la familia y los amigos salvos, por su provisión y por su gracia que nos sustenta hasta el día en que partamos con Él.

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