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¿Será que alguna vez podré sanar mis heridas?

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“No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” “El tiempo lo cura todo”, suelen decir. Sin embargo, lo cierto es que el tiempo no cura las heridas, somos nosotros quienes debemos sanar a lo largo del tiempo. De hecho, un estudio realizado en la Universidad Estatal de Arizona descubrió que, a pesar de que tenemos la capacidad para recuperarnos de los eventos traumáticos, muchos de los sucesos que alteran considerablemente nuestra vida nos siguen afectando varios años después, de manera que muchas personas tardan mucho más de lo previsto en recuperarse.

Pensar que el tiempo es una solución garantizada para nuestros problemas, conflictos y sufrimiento genera una actitud pasiva que suele terminar alimentando un estado abúlico en el que crecen la frustración, la insatisfacción y el dolor. Por tanto, dejar nuestra sanación emocional en manos del tiempo no es precisamente la apuesta más segura o inteligente que podamos hacer. Y existen diferentes razones que lo sustentan.

¿Por Qué El Tiempo No Cura Todas Las Heridas?

1. El dolor suele empeorar antes de mejorar

Pensar que el tiempo lo cura todo equivale a creer que la sanación emocional sigue un proceso lineal en el que el dolor se va atenuando paulatinamente conforme pasan los días. Sin embargo, quienes han sufrido una pérdida dolorosa saben que no ocurre así.

2. No todos mejoran con el paso del tiempo

Como regla general, 18 meses después de una pérdida significativa, la mayoría de los síntomas más intensos característicos del duelo suelen atenuarse, desde la tristeza generalizada hasta el insomnio, la ira, la anhedonia o las pesadillas. Sin embargo, esa regla no se aplica a todas las personas.

Por tanto, si bien todos tenemos un poder de sanación interior natural, cada caso es diferente y no siempre es posible salir adelante sin la ayuda de un profesional que pueda canalizar las emociones e ideas desadaptativas. Podemos llegar a ser muy resilientes, pero también es importante ser conscientes de nuestros límites y comprender que el paso del tiempo no es garantía de sanación.

3. Es como si el tiempo se detuviese

El tiempo puede ser una medida objetiva para los físicos, pero para quien sufre se vuelve extremadamente subjetivo. Cuando estamos enfermos, por ejemplo, el tiempo pasa con gran lentitud. Los minutos que tenemos que esperar hasta que los medicamentos hagan efecto pueden parecernos una eternidad.

Por eso, decir que el tiempo lo cura todo es un eufemismo. Cuando estamos sufriendo, los minutos nos parecen horas y las horas se transforman en días que pasan lentamente. Esa es la razón por la cual, cuando la adversidad llama a nuestra puerta, nos parece que hemos sufrido lo indecible y pensamos que el dolor nunca acabará. Nuestra percepción del tiempo se altera.

4. El tiempo conduce a la resignación, no a la sanación

Las heridas del alma no sanan como las heridas del cuerpo – al menos no siempre. Sentarnos a esperar, sin hacer nada para procesar ese duelo o trauma, no conduce directamente a la sanación sino más bien a una callada resignación.

Cuando el tiempo pasa y el dolor no se atenúa porque no procesamos lo ocurrido, sienta casa un estoicismo que poco tiene que ver con el crecimiento que se produce tras el trauma, sino que se parece más a la indefensión aprendida y el conformismo de quien se ha rendido.

El tiempo nos puede ayudar a tolerar mejor el dolor porque nos acostumbramos a sus punzadas, pero no nos ayuda necesariamente a superarlo y salir fortalecidos o con una visión nueva. De hecho, en muchos casos puede sumirnos en la anhedonia y la depresión, haciendo que renunciemos a la propia sanación.

5. El trauma es atemporal

Hasta que no procesemos esas experiencias y las integremos en nuestra memoria autobiográfica, no lograremos restarle su impacto emocional, de manera que seguirán doliendo casi como el primer día.

En cualquier caso, es difícil saber cuándo nos vamos a recuperar de un evento doloroso. Aunque sabemos que el sufrimiento duele, no duele igual para todos. Por eso, la sanación emocional es un camino personal, a menudo sembrado de altibajos.

Referencias:

Inforrma, F. J. et. Al. (2016) Resilience to Major Life Stressors Is Not as Common as Thought. Perspect Psychol Sci; 11(2): 175-194.

Solomon, C. G. & Shear, M. K. (2015) Complicated grief. The New England Journal of Medicine; 372(2): 153-160.

Royden, L. (2019) Does Time Really Heal All Wounds? En: Psychology Today.

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Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.

Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com

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