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Canadá impone severas restricciones para entrar al país

El punto de cruce entre Estados Unidos y Canadá cerca de las Cataratas del Niágara en Ontario, el 9 de agosto del 2021. (Eduardo Lima/The Canadian Press via AP, File)
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KAMOURASKA, Quebec, Canadá (AP) — Cuando estalló la pandemia yo, un ávido ciclista oriundo de Virginia, me quedé sin poder disfrutar de los maravillosos paisajes de Kamouraska, una de las más pintorescas zonas de Quebec.

Finalmente se abrió la posibilidad. El 9 de agosto, Canadá reabrió bajo ciertas condiciones la frontera con Estados Unidos y yo preparé mi carro y mi bicicleta. Pero no pude ir. Resulta que yo había postergado mi prueba de COVID y ya era demasiado tarde.

A inicios de septiembre logré actualizar mis documentos, enfilé hacia el norte y en poco tiempo estaba bicicleteando por las bucólicas aldeas, campos y rosaledas a orillas del Río St. Lawrence.

Hoy en día, los estadounidenses pueden nuevamente disfrutar de los paisajes otoñales o invernales canadienses. Pero deberán tener en mente que para ello deben cumplir ciertos requisitos y deberán adaptarse a la severa vigilancia que las autoridades han lanzado contra el virus. Canadá se ha tomado la pandemia en serio, y no está sufriendo tanto como muchas localidades en Estados Unidos.

Para entrar, hay que estar totalmente vacunado, hay que haber dado negativo al virus un máximo de 72 horas previo y hay que tener los documentos en regla y listos para ser mostrados en el punto de cruce, o en el mostrador del aeropuerto.

Además, hay que registrarse con el gobierno canadiense y obtener un código. Y hay que tener listo un plan de cuarentena en caso necesario, por si al llegar Canadá se le practica otra prueba que dé positivo.

Nada de hacer como el hombre de Atlanta sobre el cual hablaban los guardias en la frontera en el momento en que yo crucé. El individuo había llegado sin vacunarse, sin hacerse la prueba y sin registro… y sin posibilidad alguna de cruzar a Canadá, estando a más de 16 horas manejando desde su vivienda.

Yo crucé por el Thousand Islands Bridge hacia Ontario, y no tuvo que esperar nada. Dos guardias inspeccionaron mis constancias de la prueba y de la vacuna y me remitieron al cruce fronterizo, donde nuevamente los documentos, junto con mi pasaporte estadounidense, fueron inspeccionados. El guardia me hizo algunas preguntas y me dejó pasar con una sonrisa.

En la cercana Brockville, la gente tenía la máscara puesta, tanto adentro como afuera, en la plaza, en las calles y en los estacionamientos.

Cuando entré a un café, entró poco después un grupo de unas 10 personas, todas con la máscara pero sin distanciamiento físico. Los empleados del local inmediatamente los sacaron y les ordenaron volver a entrar, distanciados.

Ello marcó un agudo contraste con lo que yo vi en Estados Unidos, en los negocios y en la carretera rumbo a Canadá, donde poca gente llevaba la máscara y si no la llevaban nadie les decía nada. Después de mi viaje a Canadá, el condado St. Lawrence del estado de Nueva York tenía una tasa de casos de COVID 12 veces mayor que al otro lado del río, en el lado canadiense de la frontera.

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LA CARICATURA DE REINALDO

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