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Mi esposo esta traumado por los apagones en nuestra Islita

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Pregunta

Respetada Tía:

  Le escribo con la esperanza de que me aconseje y me de una solución al problemita que tengo con mi esposo quien siempre ha sido muy temeroso, aunque aparentemente no le tiene miedo a nada., pero si cambia mucho en la época de Halloween.

  Jonás se crío en el hermoso pueblo de Patillas y tiene la tendencia a hablar en un tono muy bajo, a pesar de que mide 6.3 pies, tiene los hombros anchos, es peludo en los brazos, el pecho, y en los hombros, al punto que pareciera tener los sobacos al revés.

  Sin embargo, cualquier trueno o un relámpago le torna más nervioso que una tortuga en un cumpleaños de monos y hasta tirita de un modo que cualquiera pensaría que es un cobarde o que está en un orgasmo constante. Les teme a las arañas, a los arrieritos, a las abejas, y a los gatos.  Sin embargo, Jonás es trabajador y desde hace años trabaja en la funeraria “Membrana,” donde usted se muere hoy y le enterramos mañana.

  Cuando le conocí, no le gustaba apagar la luz y al comienzo pensé que era para darle más emoción a la luna de miel, pero con el tiempo me di cuenta de que le teme a los fantasmas y al cuco, que según él. es un muñeco que huele a azufre como lo volcanes de las Islas Canarias, y más feo que los días lunes como a las nueve y cuarto de la morning.

  Ahora bien. En la pasada tormenta y temblor, no se dio cuenta de nada ya que se durmió como un bendito con la luz prendida, sin embargo, al despertar a oscuras, se puso más frío que abrazo de zombi y cuando le conté lo que había pasado y podría pasar, se puso más nervioso que cirujano después de una juma y como que le dio un ataque de pánico ya que comenzó a respirar aceleradamente y me dijo que le faltaba el aire en los sopladores.

  Hice que respirara en el interior de una bolsa de papel y allí se le anduvo pasando el ahogo. Yo tenia guardada unas clonaxepan que me habían dado después de mi último parto y así se tranquilizó, aunque tiritaba como una hoja azotada por el viento.

  Como la funeraria estuvo cerrada ya que estaba todo sin luz, comenzó a hablar del acabo de mundo, la corrupción babilónica de los políticos, y de los evangélicos que se oponen a las vacunas y transmiten por la radio que el planeta se iría a ajuste en el 2024 si es que no eligen al Trump.

  Finalmente le convencí de que escribiera algo para desahogarse y le envío lo que le salió de sus entrañas para que usted capte por donde viene la locomotora.

A la oscuridad eterna

Sentado en las tinieblas

Y más helado que un pingüino,

Miro por la ventana

La oscuridad del camino.

Se me ha enfriado la esparda

Y ya no siento el dedo chico,

Mi ombligo está lleno de escorias,

Y me molesta con ahínco.

¡Ya viene el fin del mundo!

Como decía mi Pastor

Y miraré para adentro

Para sentirme mejor.

Tres días que no me baño

Y a mi nada me importa,

Prefiero morir cochino,

Pero con mi vena aorta.

  Ahora lo tengo entretenido escribiendo poesías y le prometí que se las iba a publicar, siempre que, apague la luz para dormir.

  ¿Cree usted que mi esposo requiere algún tratamiento más intenso?

  Espero sus amables sugerencias.

  Susana

Respuesta

Susanita:

  ¿Quién no se haya tomado un asopao de cabeza durante los fatídicos días sin luz? Los que permanecen tranquilos deben ser personales excepcional ya que lo que sucede actualmente en la Isla del encanto y como informa el señor Limeres, da para pensar mucho. En este sentido entiendo lo que sufre Jonás.

  Sin embargo, al parecer tiene un problema con el que al parecer no se lidió cuando era pequeñín ya que esto de dormir con la luz prendida puede ser un síntoma de Desorden Estresante Post Traumático, (¿lo habrán tocado?).

  Este síndrome llamado en inglés “PTSD” que ahora está de moda en USA donde lo que sobran son pistolas e idiotas que las disparan y no se vacunan; significa que hay seres humanos que se quedan muy tiritonas después de algo tenebroso que haya azotado sus vidas y al no ser tratados por consejeros con experiencia, pudo derivar en los síntomas que muestra Jonás incluso ahora, que tiene pelos en el pecho y es un manganzón fornido, pero tiene un corazón de nene y es más asustadizo que un gato en la serranía Peruana donde los sirven con papas a la guaicaina.

  Algo pudo haber pasado en su infancia que le ha dejado estos temores nocturnos que los niños superan como a los doce años, pero creo que viniendo él de Patilla, quizás solamente le enviaron a confesarse con el cura y rezar diez aves Marías de penitencia y no se hizo nada más.

  El escribir puede aliviar los síntomas de ansiedad que le llevan a estar nervioso por las noches cuando le teme al cuco, pero pienso que debieras conseguir una cita con un siquiatra licenciado y con terapias te lo dejaran como nuevo. 

  Por otra parte, y usando la estrategia de “mal de muchos, consuelo de varios,” mucha gente con eso de los apagones, los temblores en Rincón y la corrupción en la Isla donde se están robando hasta las puertas; han desarrollado temores racionales e irracionales, hasta cierto punto justificados, tales como que se irá de nuevo la luz eléctrica por un mes, no funcionará el aire acondicionado, y habrá que dormir vestido por lo de los remezones. Esto es ya un tema que están tratando los estudiosos de la mente humana porque tiene plena validez en las actuales circunstancias.

  ¡Es que esta gente de aquí en Connecticut nunca lo ha pasado tan mal, comparado con ustedes en Puerto Rico con las tormentas tropicales con vientos de 120 millas por hora, y en otros países donde los temblores y terremotos son el pan de cada día! También pueden mudarse para estos lados y Jonás trabajar en la Funeraria Arlequín, situada frente a frente a un cementerio y así el muerto o muerta se puede ir caminando. ¿Cómo la ves?

  Para su propio bienestar, Jonás debe desarrollar defensas ante la adversidad ya que de eso que pasen cosas, siempre pasan, y ojalá nos pille confesados, como decía mi abuelita Raquel.

  Tú cuídate mucho, compra velas, baterías, linternas, ya que en Puerto Rico nadie quiere ahora asumir responsabilidades.

  Saludos,

Tía Julia.

Comentario a los sabios consejos de la Tía Julia. Me llamo Miguel, tengo 67 y estoy ya jubilado. Estando en mi hogar y a veces mirando el techo, siento que el tiempo pasa demasiado rápido. El sacamuelas me dijo el otro día que mis dientes y molares están en decadencia y me dieron ganas de mentarle la abuelita. Nunca nadie nos habló de que los jubilados de los sistemas escolares no tendríamos seguro dental y ahora han comenzado las sorpresas con estos de los implantes. Los comerciantes abusan de los viejolos para sacarnos los chavitos.

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