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La indignación impulsa a los republicanos de ultraderecha

El líder de la minoría en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Kevin McCarthy, republicano de California, responde a la prensa en Washington el 3 de diciembre de 2021, durante preguntas sobre el comportamiento de la legisladora republicana de Colorado Lauren Boebert. McCarthy parece haber encontrado una estrategia para gestionar al puñado de legisladores republicanos que han provocado escándalos por sus comentarios violentos, racistas y en ocasiones islamófobos. Si no puedes, controlarlos, asciéndelos. (AP Foto/J. Scott Applewhite, Archivo)
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WASHINGTON (AP) — El líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, parece haber encontrado una estrategia para gestionar al puñado de legisladores republicanos que han provocado escándalos por sus comentarios violentos, racistas y en ocasiones islamófobos.

Si no puedes, controlarlos, asciéndelos.

La senda al poder para los congresistas republicanos está ahora vinculada a su capacidad para generar indignación. La alarmante retórica, y la creciente recaudación de fondos que provoca, es otro ejemplo de cómo el expresidente Donald Trump ha dejado su huella en la política y cambiado la forma en la que los republicanos ganan influencia y autoridad.

El éxito en el Congreso, que antes se medía por las leyes aprobadas y los votantes a los que se llegaba, ahora se valora en muchos aspectos por la capacidad de llamar la atención, aunque sea negativa, mientras el Partido Republicano intenta recuperar la mayoría en la cámara baja movilizando a los defensores más férreos de Trump.

Eso ha ayudado a impulsar a un grupo de parlamentarios de ultraderecha como los representantes Lauren Boebert, de Colorado; Marjorie Taylor Greene, de Georgia, y Paul Gosar, de Arizona, cuyos comentarios provocadores les habrían convertido en parias en otra época.

En lugar de ser castigados por ataques personales que incumplen las reglas tradicionales el Congreso, han sido recompensados por los conservadores, que han hecho grandes contribuciones a las campañas de Boebert y Greene.

“No somos el margen. Somos la base del partido”, dijo la semana pasada Greene, que en el pasado ha apoyado llamadas a asesinar a demócratas conocidos, en un podcast presentado por el exasesor de Trump Steve Bannon.

La estrategia de escasa intervención de la cúpula republicana les permite difundir discursos de odio, teorías conspirativas y desinformación que puede tener consecuencias en el mundo real, además de poner a prueba la resolución de los demócratas, que ya han destituido a Gosar y Greene de sus comités.

También es un rumbo distinto al que adoptó McCarthy en 2019, cuando despojó al entonces representante Steve King, de Iowa, de sus puestos en comités por lamentar que la supremacía blanca y el nacionalismo blanco se hubieran convertido en términos ofensivos.

Boebert ha protagonizado el ejemplo más reciente.

En dos videos difundidos hace poco, comparaba a la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota y que es una de los tres musulmanes en el Congreso, con un terrorista que escondiera una bomba en una mochila. Boebert también se ha referido varias veces a Omar como miembro de un “equipo yihad”, y la ha descrito como “de corazón negro” y “malvada”.

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